De cardenal a papa en aproximadamente un año y medio. Robert F. Prevost ejercía como obispo en una región periférica de Perú cuando en enero de 2023 el papa Francisco lo llama a Roma para ordenarlo prefecto del Dicasterio para los Obispos, uno de los puestos de mayor influencia en la curia romana. También lo eleva a arzobispo y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. En septiembre, se convierte en cardenal diácono y en febrero de 2025, cardenal obispo de Albano, una de las diócesis de Roma. El 8 de mayo de 2025, cuando de la Capilla Sixtina ascendió la fumata blanca, Prevost era, además, miembro de siete dicasterios.

Aunque Benedicto XV (1914-1922) y Pío XI (1922-1939) tardaron algo menos en pasar de cardenal a sumo pontífice, ninguno acumulaba tal nivel de responsabilidad vaticana como el primer agustino y el primer norteamericano en ocupar el trono de San Pedro. Jamás un papa había roto la tradición de pronunciarse exclusivamente en italiano y latín en su primera alocución hasta que León XIV habló en español.

Fieles durante una misa en Chiclayo Perú para celebrar la elección del papa León XIV.

Fieles durante una misa en Chiclayo, Perú, para celebrar la elección del papa León XIV.getty images

Robert Francis Prevost (Chicago, Estados Unidos, 1955), hijo de profesor y bibliotecaria, asistió a secundaria en el Seminario Menor de los agustinos y estudió Filosofía en la Vilanova University de Pensilvania, donde se graduó en Matemáticas. Profesó los votos en la Orden de San Agustín, se licenció en Teología en Chicago y en 1985, tras licenciarse en Roma en Derecho Canónico, comenzó su etapa de misionero. Dios había escogido el Perú para él.

El periodista Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) publica en España el 2 de septiembre El pastor y los lobos (Seix Barral). Afincado en Barcelona, viajó a su país para entrevistarse con personas que conocieron a Robert Francis Prevost desde su llegada a Chulucanas, región de Piura, durante su etapa en Trujillo y como obispo en Chiclayo. Se trata esta de una investigación que lo ha llevado a viajar a su propio pasado. El escritor se desnuda y cuenta cómo la militancia izquierdista de su padre obligó a la familia a exiliarse a México, noches de reuniones clandestinas planeando una revolución que jamás llegaría, el desencanto y las borracheras paternas, sus miedos nocturnos, una madre maltratada, un divorcio tormentoso y cómo su padre se dejó caer en la autodestrucción. De familia cristiana, estudió en los jesuitas y en los meandros de su biografía leemos cómo la misma fe que llegó a disolverse en un nihilismo de mil matices regresaría con tanto vigor como para desear ordenarse sacerdote. “Hay algo que me aterra a la vez que me maravilla mientras escribo este libro: la fe. Hay misioneros que dedican la vida a trabajar en emergencias sociales atroces, y a menudo cíclicas, como las inundaciones en el norte peruano. Intentan mitigar la pobreza de gente que siempre será pobre. A menudo —yo diría que siempre—, su trabajo solo sirve para aliviar un poco el desamparo, pero no consiguen ningún cambio estructural. Y sin embargo, a diferencia de papá, todos esos religiosos irradian una paz envidiable”.