Lorca tendrá cuatro estaciones cuando llegue el AVE. Por el momento, siguen con tres. El invierno no existe. La llaman la Ciudad del Sol porque … su denominación romana era Eliocroca, que se traduce como ‘Ciudad o Gobierno del Sol’. Pero podría ser también por su calor. Tan dominante en la Región como Matthew Brennan en los sprints de La Vuelta. Las tres victorias son la entrada a ser ya considerado el rey de la velocidad en esta edición. Su inscripción en la categoría de jóvenes que confirman lo que prometían. Pese a tener aún 21 años. Es el cuarto hombre más joven de la historia en lograr tres triunfos en una sola Gran Vuelta (tras Rene Vietto, Giuseppe Saronni y Tadej Pogačar). Y el primero desde Pogačar en debutar con un hat-trick. «Es algo enorme», manifestó.

En Lorca consiguió el doctorado y le demostró a su madre que merecía la pena saltarse un día de clase en plena época de exámenes cuando todavía estaba en Bachillerato. «’¡No vas a ir!’», le dijo tajante. A casa de la familia de los Brennan, en Darlington, había llegado una tentadora propuesta: unas pruebas físicas y entrenamientos con el Visma. «¡Que no!», insistía su madre. Hasta que intervino la voz del padre. Él fue el que se llevaba los sábados por la mañana al niño a dar paseos. Con el que aprendió a disfrutar de la bici. «’Venga, es el mejor equipo ciclista del mundo, déjale el día libre’».

La mujer cedió. Unos días más tarde de regresar de Holanda, el agente del corredor llamaba a casa. «El Visma quiere ficharle». Tardaron poco en cerrar el fichaje. Y lo mejor. «Me fue bien en los exámenes. Mi madre estaba contenta», recordaba el joven en 2025 en la TNT.

En Lorca, Brennan se emocionó más que en ninguna de sus dos anteriores victorias en esta Vuelta. Recordó los sacrificios. Las noches en vela regresando los domingos de Bélgica a las 3 de la mañana y despertándose a las ocho para ir al instituto. Ese fue su despegue con el Fensham Howes-MAS Design, el equipo junior inglés liderado por Giles Pidcock, el padre de Tom Pidcock. Su puerta de entrada al Visma.

«Estoy en un equipo lleno de grandes campeones, con compañeros que han estado en podios de Grandes Vueltas, que las han ganado o que han triunfado en grandes clásicas», alabó. «El hecho de que apuesten por mí cada vez es una oportunidad increíble y estoy realmente agradecido de que vayan a todo gas por mí», expuso tras un dominio apabullante.

En la clasificación aparecerán segundo Bryan Coquard y tercero Jordi Meeus, pero no tuvieron ninguna opción de ganar. Si un sprint fuera una partida de petanca, ellos fueron los que más cerca se quedaron del objetivo, del boliche. Pero en el ciclismo eso no tiene premio ni consuelo. Y menos en las jornadas llanas con las que La Vuelta llega a Lorca, consolidada estos años como capital de la petanca con su Open Internacional.

El sprint, como todos los días salvo el de la locura de Xeraco, lo lanzó el equipo Visma. El de Lorca tenía una clave muy marcada. Una curva cerrada, de casi 180 grados, a 400 metros de la meta. Había que entrar primero en ese giro tan pronunciado. Primaba la posición. Salir en cabeza. Ahorrarse el sobreesfuerzo que suponía salir mal colocado. El conjunto neerlandés lo bordó. Tras el arco del último kilómetro, Laporte aceleró la marcha. Se colocó al frente del pelotón y llevó a sus dos compañeros a rueda. Antes de la curva, se apartó.

Mientras su rivales se enzarzaban, Brennan salía en segunda posición. Agachado. Bien acoplado tras Van Aert. Suyo fue el lanzamiento tras desperdiciar la oportunidad que le dio el equipo el día anterior en Elche de la Sierra. Fue tan decisiva la colocación que hasta logró acabar quinto. Más puntos para asegurar el liderato de la clasificación por puntos, huérfana sin Pogacar y Pedersen, que no tomó la salida en Cartagena por enfermedad.

Alessandro Covi (Jayco) sonreía por la mañana más que otros días. El Paseo Alfonso XII de Cartagena le traía buenos recuerdos. Allí logró su primera victoria profesional. «Me hice un tatuaje de una ancla porque el final fue en el puerto», recordaba. Motivado, se fugó de salida con Domen Novak (UAE), y dos de los habituales: Ethan Hayter (Soudal) y Sinuhé Fernández (Burgos-Burpellet). En un terreno tan árido y plano, los cuatro estaban condenados. Fue una escapada fugaz.

El calor húmedo procedente el Mar Menor templó el inicio de la etapa. Rodó tranquila hasta que encontró la recta sin fin que va de Roldán a Balsapintada, expuesta al viento. Pello Bilbao entró al relevo más fuerte. Los Lidl-Trek le siguieron. Los EF Education se ordenaron. Enric Mas, un día, más bien atento. El amago de abanicos a 90 kilómetros de meta engulló a la fuga.

Hayter volvió a a intentarlo luego con Warbasse con el mismo fin, pero distinta forma, que el Pinarello aceleró el ritmo en la única subida de la jornada. A la salida de Totana, la puerta de la Sierra de Espuña, daba inicio el Alto de Aledo. Dunbar tensó a muchos corredores en las rampas finales, pero no a las Visma. Van Aert arrancó a por los puntos de montaña. Buitrago, que llegaba a recoger su botín de puntos con el maillot de lunares, se quedó a cuadros.

«Cuando tienes a Laporte, Van Aert y Brennan, no hay mucho que puedas hacer», asumió Coquard. Tras una década buscando un vagón al que subirse en los trenes de lanzamientos de los sprints, está satisfecho ya con su victoria en Xeraco. Sonríe también Enric Mas, que afronta en Calar Alto otra oportunidad para consolidar su liderato en La Vuelta. «Creo que los otros equipos intentarán una carrera dura, intentaremos defendernos de la mejor manera». ¿Al ataque? No lo descarta.