Al concluir la reunión anual de la Conferencia de Obispos Latinos en las Regiones Árabes (CELRA), el Vicario Apostólico para los Católicos de Rito Latino en el Líbano hizo hincapié en la necesidad del diálogo y advirtió sobre el riesgo de que el sur del país sea olvidado. «La violencia engendra violencia», instó a los líderes mundiales a tener en cuenta las palabras del Papa León XIV.

Stefano Leszczynski y Olivier Bonnell – Ciudad del Vaticano

La reunión anual de la CELRA, la Conferencia de Obispos Latinos de las Regiones Árabes, que congrega a los episcopados de rito latino de los países árabes de Oriente Medio y África Oriental, concluyó hoy en Roma. Esta reunión, incluso antes de abordar temas específicos, brindó a los obispos la oportunidad de compartir la vida de sus respectivas comunidades, sus esperanzas y, sobre todo, los desafíos de una región marcada por la guerra, la migración y la inestabilidad.

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La esperanza de días mejores para todos

En una entrevista con medios vaticanos, monseñor César Essayan , vicario apostólico en Beirut para los católicos de rito latino en el Líbano, describió así la reunión recientemente concluida: «Es una oportunidad para que los obispos de la región intercambien puntos de vista y compartan las alegrías que están experimentando, pero también los desafíos». El objetivo, enfatizó monseñor Essayan, es buscar un camino que permita «alcanzar una serenidad generalizada y pensar en un futuro mejor para todos».

Líbano, el camino obligatorio del diálogo

Durante la conversación, la atención se centra inevitablemente en el Líbano y las heridas que dejó la guerra. El arzobispo Essayan celebra la decisión tanto del presidente como del gobierno libanés de entablar un diálogo. «Han elegido el camino correcto, el del diálogo, porque de lo contrario el conflicto se prolongará indefinidamente y no se encontrará ninguna solución». Para el vicario apostólico, la crisis no puede analizarse desde una perspectiva de vencedores y vencidos. Se necesita, en cambio, una solución que «devuelva la dignidad a cada persona» y que tenga en cuenta a las víctimas.

El precio de la guerra

El precio que paga la población, recuerda el prelado, es altísimo: 65 aldeas del sur del Líbano han sido total o parcialmente destruidas, y al menos 17.000 personas han muerto o resultado heridas. «No podemos seguir viviendo en este círculo vicioso», afirma el arzobispo Essayan. Es necesario «dar cabida a un diálogo sincero, no al chantaje», centrándose en el bienestar de todos los pueblos afectados por la crisis regional.

Un conflicto alimentado desde fuera

Detrás de la guerra, observa el vicario apostólico, también pesan mucho los intereses externos y geopolíticos. Pero precisamente por eso, las potencias involucradas deben buscar acuerdos que respeten a los pueblos y territorios. La violencia, advierte, solo alimenta nuevas agresiones y frustraciones. «Nadie puede imponer la paz mediante la guerra», declara, citando la enseñanza de León XIV.

Las iglesias, “ministerios de supervivencia”

El sufrimiento no distingue entre religiones. «Las comunidades libanesas sufren juntas, cristianas y no cristianas», afirma Essayan. «Los libaneses somos un solo pueblo». Ante esta situación, las Iglesias católica, ortodoxa y protestante, junto con las autoridades religiosas musulmanas, han optado por solidarizarse con las víctimas y los más vulnerables. Este compromiso, que el vicario apostólico resume con contundencia, es ser «ministerios de supervivencia», capacitando a la población para resistir y mantener la capacidad de «pensar con confianza en el Líbano que queremos seguir construyendo».

El apoyo de la Santa Sede

En este sentido, Essayan también subraya el papel desempeñado por la Santa Sede, mediante la acción diplomática y el apoyo concreto a la población. Recuerda las visitas del Nuncio Apostólico, el Arzobispo Paolo Borgia, al frente, llevando ayuda a las aldeas del sur, y reitera el llamamiento a las potencias internacionales: «Lo que aún esperamos es que los líderes del mundo acojan el mensaje del Santo Padre y abran sus conciencias a la idea de la paz». Reitera que «no hay otro camino que el del diálogo» y el respeto mutuo.

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Los jóvenes, la esperanza del país

El arzobispo César Essayan recuerda el legado de la visita de León XIV al Líbano. Se creó una relación muy cálida entre el Pontífice y el pueblo, y el Papa «se ganó el corazón de cada libanés». Su mensaje a los jóvenes sigue siendo especialmente poderoso: «[…] ¡Tenéis tiempo! […] ¡Y tenéis el entusiasmo para cambiar el rumbo de la historia!». Palabras que, según el vicario apostólico, han animado a las nuevas generaciones a no ser prisioneras de las decisiones ajenas, sobre todo, cuando estas han provocado guerras y pisoteado la dignidad humana.

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El temor a que el Sur sea olvidado

La última preocupación de Monseñor Essayan se refiere al futuro del sur del Líbano y a la posibilidad de que finalice el mandato de la UNIFIL. Los miembros de la fuerza internacional, explica el prelado, han contribuido a tranquilizar a la población con su presencia y a mantener la atención del mundo centrada en esta tierra herida. La esperanza es que se establezca un nuevo mandato o, en su defecto, que se cree otra presencia multinacional. «Una vez que se vayan, temo que nadie vuelva a hablar del sur del Líbano ni de todo el país», afirma Essayan. El riesgo es que esta tierra caiga «en el basurero del olvido». Y sin una presencia internacional, añade, podría resultar aún más difícil contar lo que está sucediendo: las historias de los niños y jóvenes, «de sus sueños, pero también de sus heridas y sus muertes».