En 2009, la National Gallery de Londres reunía 26 obras del Museo Nacional de Escultura en ‘Lo sagrado hecho real’, en 2016, ocho maravillas de esta misma institución recalaban en la Gemäldegalerie de Berlín, en una exposición conjunta sobre la ‘era Velázquez’, y tres años … más tarde, una retrospectiva sobre Alonso Berruguete, la mayor organizada fuera de España, reunía más de una veintena de obras del artista procedentes de Valladolid. El próximo octubre, el centro estatal se lanza a la «conquista» del Louvre con la exposición ‘Esculpir el color’, que reunirá 23 esculturas del siglo XVII. Este pasado agosto ha servido a la entidad para ultimar el acondicionamiento de las piezas que nutrirán un proyecto expositivo que surgió «hace ya un par de años», explica a ABC su director, Alejandro Nuevo, para quien supone uno de los mayores «retos» desde que en 2022 accediera al cargo.
Fue un año después, a finales de 2023, cuando las conservadoras del museo francés se acercaron hasta la capital castellana para plantear un proyecto que tenían muy claro que debía coincidir en el tiempo con la muestra dedicada a Francisco de Zurbarán que en otoño de 2026 iba a recalar en la institución parisina procedente de la National Gallery de Londres. «Se nos planteó hacer una exposición sobre la escultura barroca del siglo XVII que complementase» a la dedicada al artista del Siglo de Oro con el fin de mostrar al visitante unas pinceladas de «lo que fue el arte de la Contrarreforma en los territorios de la Monarquía hispánica», detalla Nuevo, que comisaria el proyecto junto a Valérie Carpentier, conservadora de escultura del Louvre.
«Queríamos llevar una representación equilibrada de las escuelas castellana y andaluza, las principales del momento»
Alejandro Nuevo
Director del Museo de Escultura
La exposición que albergará la institución francesa a partir del 7 de octubre está concebida de una manera un tanto especial. Parte de las obras que viajarán desde Valladolid a París compartirá espacio, «ubicadas en unas determinadas ventanas», en el Hall Napoleón con la muestra dedicada al pintor español, que servirá de ‘prólogo’ a una sala de mayores dimensiones que albergará el grueso de ‘Esculpir el color’, que reunirá joyas que en contadas ocasiones – excepto para salir en procesión – han abandonado la sede de Cadenas de San Gregorio, como el ‘Cristo de la Luz’ de Gregorio Fernández o el conjunto ‘Camino del Calvario’, en el que el imaginero castellano por excelencia comparte autoría con Pedro de la Cuadra.
Sobre estas líneas, ‘San Antonio Abad’ de Benito Silveira, Alejandro Nuevo señalando el busto de la Virgen de la Soledad de José de Mora y la ‘Virgen Inmaculada’ de Pedro de Mena.
(I. TOMÉ)
La lista de obras se completa con autores como José de Arce, Pedro Roldán, José de Mora, Alonso Cano, Juan de Mesa, Pedro Roldán y la que fuera hija de este, Luisa Roldán… «Queríamos llevar una representación equilibrada de las escuelas castellana y la andaluza, las principales del momento, y luego diferentes tipologías de obras», justifica Alejandro Nuevo sobre los criterios que han determinado la selección de los artistas. Varias son también las intenciones del hilo conductor de la muestra. Por un lado, «que se viera esa cuestión tan propia de la España de la Contrarreforma de que la fe no solo se vivía en privado sino que se hacía pública, y en ese sentido los pasos procesionales son donde las demostraciones públicas del fervor se hacen más patentes». Pero también «se ha querido destacar el papel de los santos como intermediarios» y que en la exhibición estuvieran representadas varias tipologías de tallas, entre ellas las imágenes de vestir. Estos son los motivos por los que viajarán bustos como el ‘Ecce Homo’ de Pedro de Mena o figuras de cuerpo entero como el San Juan de Dios atribuido a Alonso Cano, o San Nicolás de Tolentino, de Juan de Mesa.
En el taller
Precisamente esta última talla es una de las que más trabajo dio en agosto a las restauradoras del museo. «Le tuvimos que quitar algún repinte, limpiar el paño y reintegrar los dedos porque aunque tenía, la reintegración era muy mala y la estamos cambiando», explica Carolina Garvía en el taller de restauración del museo. A su lado, una compañera trabaja en un ‘Cristo atado a la columna’ del siglo XVII que también viajará. De autoría anónima, es ahora objeto de investigación del conservador del Museo, Miguel Ángel Marcos. «No ha habido muchas piezas que retocar porque una de las cuestiones que primó en la selección es que ninguna de ellas tuviera un largo proceso de restauración», aclara Alejandro Nuevo.
En el momento de nuestra visita, en el taller esperan su embalaje, entre otros, la ‘Verónica’, el ‘Sayón de la cuerda’, el ‘Sayón de la trompeta’ y el ‘Cirineo’, cuatro de las tallas del conjunto del ‘Camino del Calvario’, que imponen aún más al verlas a pie de suelo que montadas para el paso procesional.
Sobre estas líneas, detalle del relieve de ‘San Jerónimo penitente’ de los hermanos García; trabajos en el taller sobre ‘San Nicolás de Tolentino’ de Juan de Mesa y ‘San Ignacio de Loyola’ de Pedro Roldán.
(I. TOMÉ)
Y es que las grandes dimensiones de algunas de estas obras y conjuntos ha añadido complejidad al diseño de la exposición y también lo hará en su traslado porque «lógicamente, toda obra que viaja requiere unas condiciones específicas de embalaje, manipulación, transporte…». De proceso que aún les queda evita el director dar fechas: «Cuestión de seguridad».
Durante más de dos años Alejandro Nuevo y Valérie Carpentier han trabajo mano a mano en la distancia para definir el proyecto: «Al principio nuestra selección eran 30 piezas y desde el Louvre fueron cerrando y matizando la lista en función de las dimensiones del espacio», detalla el director. Entre las obras más pequeñas que viajarán cita entre sus preferidas un ‘San Jerónimo penitente’ de los hermanos García, un relieve de barro y pigmento que aún se puede ver en sala.
La coincidencia con Zurbarán
Resalta el director que el hecho de que se hayan optado por que coincidan ambos proyectos es «una forma de conjugar la tridimensionalidad real de las esculturas con esa sensación de bidimensionalidad» que ofrece la pintura del autor del barroco español. Recuerda también que a Zurbarán «se le considera un maestro de lo divino porque sobre todo lo que hacía era atender encargos de las grandes órdenes religiosas del momento».
Así, de octubre a enero de 2027 el Louvre se convertirá en un gran escaparate de la pintura y escultura española del siglo XVII. «Que una exposición de este calado llegue al museo más visitado del mundo supondrá una plataforma de conocimiento y difusión muy potente para el Museo Nacional de Escultura», resalta el director, quien cree que esta iniciativa supondrá un nuevo «hito» en la historia de la institución nacional.
Aunque la exposición dedicada a Zurbarán viajará después al Art Institute de Chicago, no ocurre lo mismo con ‘Esculpir el color’, para la que «no se ha planteado ninguna itinerancia» y permanecerá hasta el 25 de enero en París. Se debe, entre otros motivos, a que algunas de las obras tendrán luego que procesionar. Que la colaboración sea recíproca y que alguna pieza del Louvre recale temporalmente en Valladolid «es algo que de momento no se ha planteado», aunque sí que estudiarán «algún préstamo que se pudiera realizar».