El presidente chileno, José Antonio Kast, ha cerrado la tarde de este jueves el V Foro Madrid celebrando que América Latina “está recuperando la libertad”. La cumbre de la ultraderecha internacional realizada en Santiago ha estado marcada por la satisfacción de los presentes por las victorias electorales en el país anfitrión, en Argentina, Colombia, Perú, Ecuador y por los deseos de que su ideología continúe expandiéndose. “Si lo seguimos haciendo bien, algún día será Managua. Algún día será La Habana. Porque ahí tenemos personas que siguen sometidas al poder mal entendido. Y cuando ganemos ahí, nadie nos va a preguntar qué dijimos. Nos van a preguntar qué hicimos. Y ahí reitero: Hechos y no palabras”, planteó el mandatario que puso fin a una jornada inaugurada por su homólogo argentino, Javier Milei.

La anfitriona del evento, Rebeca Crespo, periodista de La Gaceta, un medio de comunicación que pertenece a la Fundación Disenso, organizadora del foro y perteneciente al partido Vox, sostuvo en la presentación de Kast que “Chile no es solo hoy una sede, es una demostración de que la reconquista es posible”. Hizo alusión al cuarto aniversario del rechazo a la propuesta constitucional liderada por las izquierdas que fracaso en las urnas un 4 de septiembre. Luego, le dio paso al mandatario chileno, quien hizo un ambicioso llamamiento: “Podríamos ganar una próxima elección, pero sería circunstancial. Nosotros vinimos a cambiar la historia y nuestra generación tiene una tremenda oportunidad, histórica, si todos nos convencemos de que hay que hacer las cosas bien. Pero eso implica abrirse, no diluirse. Implica abrir las fronteras. Implica mirar más allá de la comodidad de encontrarnos entre nosotros. Y ampliarse no es renunciar.”

Esta es la tercera participación de Kast en el Foro Madrid, pero la primera vez como mandatario -y como anfitrión-. Su participación no solo fue criticada por la oposición, sino también por una parte de la derecha moderada que no se siente representada por el ala extrema de su sector. Si en ediciones anteriores Kast había dicho frases como “el progreso es posible, pero no con la izquierda porque odia el mérito y el esfuerzo”. O que el socialismo buscaba una “nueva forma de esclavitud”, una que hace que las personas “sean dependientes, tengan un amo, y ese amo es el Estado”. Este jueves decidió moderar significativamente el tono. Sobre sus casi seis meses en La Moneda, dijo que ha “valorado mucho la colaboración que he recibido de muchas personas que estuvieron trabajando para que no ganara”. “Yo los he sorprendido a ellos y ellos me han sorprendido a mí. Hemos logrado cosas increíbles en los momentos más duros de nuestra nación, en estas tragedias que vivimos en la zona norte, en la falta de empleo que vivimos en algunas partes”, añadió.

De todas formas, lanzó algunos dardos: “Nuestros pueblos no están condenados a ningún determinismo histórico que les gusta tanto a algunos sectores. Nosotros no estamos condenados a la pobreza, para nada. Y hemos demostrado que la nación más pobre de un continente fue líder de la región. Fuimos líderes y volveremos a liderar. No estamos condenados al narco y no les quepa la menor duda a nadie que vamos a volver a liderar con las ideas de la libertad”.

Una idea clave del discurso fue la importancia de realizar cambios concretos durante el mandato, que la gente pueda percibir -seguridad, empleo, salud-. “En estos tres años, si no hacemos las cosas como corresponde, nos van a pasar la cuenta. Y la izquierda podría volver, porque dirían ‘bueno, ya los conocimos, no lograron lo que habían prometido y fracasaron. Sobre las actitudes que podrían ayudar a la oposición, planteó tres puntos: primero, plantear que uno llega al poder por el poder, pues “el día que nos acomodemos, el día que nos instalemos, digamos: no hay nada más que hacer, ese día es el inicio del fin”; segundo, que politizarlo y cuotearlo todo también puede llevar a la derrota, ya que “repartirse el Estado como lo hicieron otros” haría que la gente dijera “son igual a los que sacamos”; y como tercer punto, advirtió que sería un error quedarse “pegados en la disputa con la izquierda”.