El asma es la segunda enfermedad respiratoria crónica más común, que afecta entre el 1 y el 29% de la población. Suele caracterizarse por inflamación crónica de las vías respiratorias y antecedentes de síntomas respiratorios, como sibilancias, dificultad para respirar, opresión en el pecho y tos, que varían con el …
El asma es la segunda enfermedad respiratoria crónica más común, que afecta entre el 1 y el 29% de la población. Suele caracterizarse por inflamación crónica de las vías respiratorias y antecedentes de síntomas respiratorios, como sibilancias, dificultad para respirar, opresión en el pecho y tos, que varían con el tiempo y en intensidad, junto con una limitación variable del flujo de aire.
Para controlar el asma moderada a grave, aumentar el número de caminatas diarias puede ser tan efectivo como las sesiones estructuradas de entrenamiento aeróbico. Así lo sugiere un estudio liderado por investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) (Brasil) y publicado en la revista ‘Pulmonology’ . El estudio demostró que ambos enfoques mejoran la calidad de vida, alivian los síntomas de ansiedad y depresión, y controlan el asma a mediano plazo. Hasta este estudio, las comparaciones entre el entrenamiento aeróbico (EA) o las intervenciones conductuales (IC) para aumentar la actividad física en la vida diaria (AFVD) eran poco conocidas.
Para participar en el estudio, los voluntarios con asma moderada a grave no controlada debían ser físicamente inactivos (con menos de 150 minutos de actividad física moderada a vigorosa por semana), haber recibido tratamiento médico durante al menos seis meses, estar clínicamente estables (sin exacerbaciones en los últimos 30 días) y no ser fumadores. A partir de ahí, fueron 480 los pacientes incluidos a participar en el nuevo estudio. La mayoría de los seleccionados fueron mujeres con sobrepeso u obesidad de grado 1 que presentaban síntomas de ansiedad y depresión, además de una baja calidad de vida.
Las intervenciones duraron dos meses y se realizó una evaluación de seguimiento cuatro meses después. La intervención breve para aumentar la actividad física en las actividades de la vida diaria se basó en el modelo transteórico, y se utilizaron consejos e incentivos para incrementar la actividad física durante las actividades cotidianas.
A lo largo del estudio se midieron parámetros relacionados con la actividad física, el control clínico del asma, la calidad de vida y los síntomas de depresión y ansiedad en tres momentos: antes del inicio del estudio (línea de base), inmediatamente después de la intervención de ocho semanas (postintervención) y cuatro meses después (seguimiento). Durante cada período de evaluación de siete días y siete noches, los voluntarios llevaron un acelerómetro en la cintura durante el día para medir los pasos y otro en la muñeca por la noche para evaluar la calidad del sueño. Los profesionales que realizaron las evaluaciones no participaron directamente en el estudio y desconocían a qué grupo pertenecía cada participante.
«Con la simple caminata, al aumentar el número de pasos diarios, los pacientes tienden a controlar mejor su afección y obtienen otros beneficios, como una mejor calidad de vida y una reducción de los síntomas de ansiedad y depresión», según David Halen Araújo Pinheiro, quien realizó la investigación doctoral en la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP) en Brasil, en colaboración con la Unidad de Enfermedades de las Vías Respiratorias de la División de Neumología del Instituto del Corazón del Hospital das Clínicas (HC).
Los autores llegan a la conclusión de que tanto las caminatas como el entrenamiento aeróbico pueden mejorar el control del asma y la calidad de vida, y que la elección de la intervención puede basarse en varios factores, incluidas las preferencias de los pacientes y la disponibilidad de profesionales de la salud. Los resultados también proporcionan evidencia de que los beneficios en el control del asma persisten durante, al menos, 16 semanas.
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