Cuando termina la carrera profesional de un deportista, los focos se alejan y empieza una nueva vida. Cada uno debe encontrar su espacio y hacer algo que le llene. Pau Ribas (Barcelona, 1987) dejó el baloncesto profesional en junio de 2025 tras una gran trayectoria en la que pasó por los mejores clubes del país, lo ganó (casi) todo a nivel de clubes y selección, y cerró el círculo como él lo deseaba.

Ahora, desde otra perspectiva, sigue en casa, en su Penya, donde esta temporada empieza una nueva etapa como entrenador del equipo U22. Recibe a SPORT en el icónico Olímpic de Badalona para repasar sus nuevos proyectos y analizar, desde un lugar privilegiado, el nuevo paradigma del básquet base.

Hace algo más de un año que se retiró y no ha parado de hacer cosas. ¿Ya lo tenía previsto o es algo que le propuso el club y hubo un cambio de planes?

Durante la última temporada de jugador, hablando con el club, sabíamos que sería mi última temporada, entonces esto te da un margen para pensar tú solo, con tu familia, con tus amigos, cuál puede ser el siguiente paso. Siempre es un paso algo diferente, a veces traumático, en mi caso no, porque empecé con 5 años a jugar y entiendo que dentro del baloncesto hay muchas cosas que hacer, y simplemente mi objetivo era buscar el camino a la siguiente cosa que disfrutase haciéndola.

De jugador, evidentemente, he disfrutado mucho, pero creo que con lo que me gusta a mí, puedo encontrar una razón dentro del baloncesto que también lo disfrute, e intentar hacer algo, no sé si igual, mejor o peor que yo como jugador, pero con ambición, aprendiendo y volviendo con nuevas ilusiones, porque al final es algo nuevo y siempre tienes unas nuevas motivaciones.

¿Usted tenía claro que sería en la Penya?

Sí. Primero, escuchando el club, ellos querían que me quedara en la estructura. Al principio, por circunstancias, hubo la oportunidad de ser director de la cantera, porque el anterior acababa de marcharse y no había nadie muy preparado para hacerlo. Creí que era un buen sitio para empezar, volver a ver cómo estábamos en la cantera, conocer a los jugadores jóvenes, yo que he sido jugador de aquí en todas las categorías, pues creo que les podía aportar ciertas cosas.

Pero a lo largo de la temporada, eché en falta estar más cerca de la pista, que es lo que he hecho realmente en los últimos 20 años como profesional, y vi que no lo disfrutaba tanto. El siguiente paso ha sido la apuesta de Jordi (director deportivo) por mí como entrenador. Yo lo he pensado, he visto que era una oportunidad que quizá podía hacerlo mejor y me gustaba más, y lo probaremos.

¿Cómo valora la experiencia de haber sido director de cantera?

El inicio es difícil porque tienes que conocer a 500 niños nuevos, entrenadores, que desconoces cómo trabajan. Es un proceso muy largo de ir viendo realmente cómo son, y a partir de ahí, intentar estructurar como yo pensaba que debía ser el futuro de la cantera, junto con Jordi Martí y con la gente que coordina las diferentes partes de la cantera. Creo que el baloncesto de formación ha cambiado mucho de cuando yo era jugador, ahora es muy globalizado.

Con el baloncesto universitario, muchos jugadores ya visualizan esto antes que visualizar llegar al primer equipo de la Penya, y es algo que dentro de mi filosofía no podía pasar, los jugadores que están en nuestra cantera deben visualizar poder algún día disfrutar de ser jugadores del primer equipo. Sí es verdad que hay un paso intermedio allí, porque económicamente y de posibilidades son muy importantes, pero que sean jugadores que tengan la idea, a pesar de irse en algún momento, de volver a ser jugadores de la Penya y poder disfrutar de ser jugadores del primer equipo habiéndose formado aquí.

Temporada tras temporada siguen debutando jugadores y algunos se consagran en el primer equipo. ¿Cuál es el estado de salud de la cantera?

Estamos pagando el impás de la explosión del baloncesto universitario. Ahora, poco a poco, empezará a haber jugadores formados en la Penya que tendrán que volver a jugar en ligas profesionales, creo que seremos una atracción para ellos, entonces volvemos a recuperar un poco al jugador formado aquí. Es una cuestión de adaptarse a los nuevos tiempos, porque saldrán obstáculos, pero siempre debes encontrar la fórmula para seguir siendo la Penya, porque si no seríamos un club más y evidentemente debemos defender quiénes somos de aquí hasta el final.

¿Qué ha cambiado en la forma de trabajar la base respecto a cuando usted era joven?

Yo considero que es un baloncesto mucho más globalizado. Yo recuerdo que mi equipo júnior no tenía ningún extranjero, ahora ya encuentras en los clubs a tres, cuatro, cinco jugadores extranjeros que viven en una residencia, que tienen una estructura mucho más importante. También la repercusión de todo, al final con las redes sociales, el móvil, el internet, antes lo que hacía el junior de la Penya jugando incluso contra el Barça, se sabía entre la gente muy cercana que había ido a ver el partido.

Ahora se saben los resultados del mini básquet, hay estadísticas, la Minicopa, vídeos. Es demasiado profesionalizado para mi gusto. Hemos perdido un poco la esencia, y al final es otro negocio, hay gente que se aprovecha, y a veces, ves jugadores que parecen tener que ser el nuevo Ricky Rubio o Luka Doncic, y realmente no es así.

A veces, ves jugadores que parecen tener que ser el nuevo Ricky Rubio o Luka Doncic, y realmente no es así

Hagamos un paréntesis. Este verano estuvo en la Summer League con los Toronto Raptors. ¿Cómo valora la experiencia y cómo le llegó la oportunidad?

En primavera, empecé a intentar encontrar opciones, y tuve la suerte de que Toronto, su head coach y asistente son europeos, conocen el baloncesto español, han entrenado y vivido en España, y cuando hubo la oportunidad de que tenían un espacio para alguien, al recibir mi nombre les interesó, y al final tuve la oportunidad. Ellos me invitaron a hacerlo, super amables, te abren las puertas, que es algo que impacta al principio, porque es otro mundo, y en 15 o 20 días aprendes una nueva filosofía, cosas que crees que son de una forma son totalmente diferentes, y seguramente aplique cosas que aprendes en sitios como éste.

¿Qué diferencias detectó en la forma de trabajar entre un staff de la ACB y uno de la NBA?

Es muy diferente porque ellos no entrenan allí. Aquí tendrás 150 días de entrenamiento una temporada, allí Toronto la temporada pasada tuvo 17 entrenamientos de 5 contra 5, contando la pretemporada. Entonces ellos buscan una forma distinta de mejorar. Tienen muchos entrenadores asistentes, y cada entrenador asistente tiene uno o dos jugadores, y mejoran a través del entrenamiento individual, de mucho vídeo y mucho mentoraje.

Esto es algo que me impactó mucho, porque si no entrenas, el trabajo del entrenador no es a lo que estás acostumbrado (gestionar un equipo hasta el entrenamiento y mejorarlo) es gestionar un grupo de personas y conseguir que en pista todo este trabajo individualizado funcione como equipo.

Volvamos a la Penya. Se suele decir que hay jugadores con alma de entrenador, que intervienen en los tiempos muertos, que hablan mucho con los compañeros y el entrenador. ¿Usted se veía un poco así?

Durante mucha parte de mi carrera no, porque creía que estaría cansado de volver a tener esta vida, pero después de estar un tiempo alejado, ves que hay cosas que echas de menos, cosas que ves en una pista y quizá harías de una u otra forma… Cuando no estás tan en la pista, empiezas en pensar más qué hacer, lo que te permite ir viendo cuál es el siguiente paso. Es una nueva motivación, tengo ganas de hacerlo bien, pero no sé exactamente si va a funcionar. No de resultados, si será algo que me gustará hacer.

De momento, estoy disfrutando mucho este inicio de la pretemporada, estando aquí aprendiendo con el primer equipo. Conozco a Dani (Miret) de hace mucho tiempo, pero es muy diferente cuando estás con los entrenadores día a día, qué piensan, qué no piensan, cómo planifican todas estas cosas.

Es una nueva motivación, tengo ganas de hacerlo bien, pero no sé exactamente si va a funcionar

¿Qué objetivos se marcan con el U22?

Nuestro objetivo principal es acercar los hábitos profesionales a jugadores jóvenes que vienen de junior o primeros años de sénior. Primero, para que sean útiles para nuestro primer equipo, que tengan los hábitos correctos, que el staff del primer equipo no tenga que contarles cosas que ya deben saber, porque a nivel de U22 ya lo estamos haciendo como un equipo semiprofesional.

Y después, evidentemente, tener un espacio para ser jugadores. Es muy difícil ahora mismo jugar en la competición europea o en ACB, porque la diferencia del nivel de entre cuando yo debuté y ahora es mucho mayor. Entonces, necesitamos un espacio donde tener minutos, donde cometer errores, donde crecer como jugadores, y creo que la Liga U22 en este aspecto a nosotros nos va bien por eso, porque los jugadores que entrenan con dinámica en el primer equipo puedan tener su espacio a la hora de competir.

Hemos conocido que han fichado a una perla rumana, Sebastian-Petru Lapuste. ¿Qué nos puede contar de él?

El club hace una apuesta fuerte por uno de los jugadores europeos diferenciales de sus generaciones, e intentamos traer este tipo de jugadores, porque tenemos muchos jugadores de aquí, pero siempre necesitas unas piezas para acabar de ordenar un poco los jugadores que pueden llegar al primer equipo. En una época habíamos tenido Rubén Prey, Michael Ruzic, Ian Platteeuw, jugadores interiores, pues ahora teníamos algo de espacio con algún base o un jugador exterior, porque tenemos a Diego (Niebla), Humberto (Ruiz), Adrián Torres, que son más jugadores aleros.

Hemos creído que era interesante, trabajamos durante el año pasado para esta posible incorporación, y esperamos que nos encaje con nosotros y sean de esos jugadores que crecen con nosotros y conseguimos que la gente de Badalona disfrute de los jugadores formados aquí.

El Joventut ha sido uno de los principales perjudicados por el auge de la NCAA. ¿Cómo ve esta situación?¿Les ha generado dudas acerca de su filosofía de club?

La explosión del baloncesto universitario al principio cuesta, debes ver hacia dónde vas. Cuando se estabilice un poco será más fácil, porque en un principio las primeras temporadas han sido difíciles. Pero yo me quedo con una frase que Jordi Martí decía, que nosotros debemos crear el mejor jugador posible con nuestro sello algo diferenciador y cuantos más jugadores de mayor nivel seamos capaces de sacar, será mejor para todos.

Si es para jugar en el primer equipo cuando tienen 15 años, como ocurrió con Ricky Rubio, fantástico; si tienen 17 o 18, también. Y si son muy buenos y viene una universidad americana o la NBA, y se van y tienes un rédito económico, ya lo pelearemos cuando llegue, pero no podemos plantearnos si lo hacemos o no, porque ahora no hay tantos jóvenes, pero hay más jugadores que acaban volviendo a la Penya porque han sido formados aquí. Son diferentes beneficios que debemos tener y adaptarnos.

Nosotros debemos crear el mejor jugador posible con nuestro sello algo diferenciador

Dos nombres para terminar. ¿A nivel interno qué supone la presencia de Ricky Rubio?

Es fundamental. Que Ricky vuelva a la Penya no es sólo lo que está en la pista, que evidentemente la temporada pasada ya lo vimos todos, sino todo lo que él aporta fuera. Para la gente joven y no tan joven. Gente de 40-50 años, que cuando salió Ricky eran jóvenes, son los que más contentos están de volver a revivir sensaciones de aquellas épocas en las que ganamos títulos.

Es un proceso que él también está muy mentalizado, ayudar al club a ir creciendo poco a poco, que se acerca el centenario, y era clave que él siguiera. Yo no tenía dudas, pero al final los pasos y los procesos son los que son, y al final los jugadores veteranos tenemos nuestras historias en la cabeza y tienes que valorarlo todo bien, pero el año pasado la gente disfrutó de Ricky, él disfrutó de volver a Badalona y esperamos que este año sea lo mismo.

¿El regreso de Isaac Nogués tras su periplo americano es el mejor ejemplo del mensaje que el club quiere transmitir a los jóvenes que deciden cruzar el charco?

Nosotros como estructura y como cantera intentamos que los jugadores que se vayan, sobre todo estén lo mejor tratados posible, que esto sea su casa y que lo sientan así. Hay que intentar que el jugador se vaya con ganas de, en algún momento de su carrera jugar aquí, a veces más jóvenes, a veces más veteranos, pero creo que lo estamos ajustando bien, incluso con jugadores no formados aquí, que vivieron aquí experiencias de su carrera muy buenas y hacen una apuesta por volver aquí.