José Manuel Casañ (Valencia, 1963) lleva más de cuatro décadas cabalgando sobre la contradicción de nacer del rugido del punk para acabar conquistando la memoria sentimental de todo un país a golpe de rumba y rock and roll. Alma y voz inconfundible de Seguridad Social, recala en El purgatorio de THE OBJECTIVE con la autenticidad de quien ha coronado las listas de éxitos, ha sobrevivido a la ruina y entiende la creación como un desahogo vital. Entre el recuerdo a la génesis de himnos como Chiquilla, el desencanto con la política y su refugio mediterráneo, Casañ demuestra que, bajo la templanza de los años, sigue latiendo intacto el espíritu libre del chico que jamás aceptó que le dijeran lo que tenía que hacer.

PREGUNTA.- Bienvenido a El purgatorio, José Manuel.

RESPUESTA.- Un placer. Oye, qué bien lo has dicho y qué bien ha sonado esa «ñ» final.

P.- Claro, hablábamos de que «Casani» no es.

R.- Sería «Casany» en el original, con «ny», y se pronunciaría «Casañ», como lo has dicho, perfectamente.

P.- Son 60 años los que tienes.

R.- Sesenta y…

P.- ¿Sesenta y…? Me han mentido en los datos.

R.- Lo dejamos en 60 y me quedo tranquilo.

P.- Una carrera tan larga, habiendo pasado por tantas movidas, nunca mejor dicho. ¿Crees que te has llegado a adaptar al sistema o el sistema te ha terminado comiendo?

R.- Lo has dicho antes perfectamente: yo nací punki para ir en contra del sistema, absolutamente. Pero considero que el que a los 16, 17 o 18 no es punki o antisistema está condenado a ser algo voluble y con poco sentido. Con 18 años tienes que reventar y tienes que intentar cambiar el mundo. Si tienes buena voluntad, intentarás hacerlo por las buenas, y si tienes mala voluntad, por las malas; pero es absolutamente necesario.

Ha habido tantos cambios a lo largo de tu vida y de todo que, verdaderamente… El otro día me decía un amigo que generalmente, cuando vas por la calle y a la gente le gusta lo que haces, te dice: «No cambies, tío, no cambies». Yo veo justamente lo contrario: no dejes de cambiar. Porque si no cambias, al final te van a hacer cambiar, a las buenas o a las malas.

P.- O sea, que la esencia de lo punki no se pierde nunca.

R.- Eso es complicado de perder. De vez en cuando salen ramalazos potentes, que es ir un poquito en contra de que te digan lo que tienes que hacer, básicamente.

P.- Sacáis álbum dentro de nada: es un álbum-libro.

R.- Sí, es un libro y es un disco. La industria musical ha cambiado tanto que llega un momento en el que casi hemos vuelto a los años cincuenta y solo sacamos sencillos. Te da la sensación de que necesitas aportar algo más.

Hace nueve o diez años hicimos un cómic-disco con Paco Roca, La encrucijada. Quería seguir un poquito por ahí, pero que estuviera todo unido sin estar separado. Se llama Voy a Marte. Por un lado, es un disco del que ya tenemos dos canciones. Sacaremos el tercer sencillo y el resto del disco en septiembre. Por otro lado, es un libro con muchas ilustraciones, porque queríamos que fuera transversal.

P.- Y con una botella de vino.

R.- Una botella de vino. Somos españoles, ¿cómo no nos va a gustar el vino y el jamón? A mí también me gusta mucho. Ya hicimos en su momento un cava rosado de edición limitada muy chulo que se llamaba Chiquilla. Para este hemos hecho un tinto más al uso, de Utiel-Requena, con la bodega Vegalfaro. Estamos muy contentos porque queremos hacer cosas que llenen y gusten. ¿Te gusta el vino? Vamos a hacer vino. ¿Te gustan las canciones? Vamos a hacer canciones. ¿Te gusta escribir poesía, cuentos o relatos? Vamos a hacer un libro.

P.- Me parece maravilloso, no tanto como estrategia de marketing, sino por el hecho de hacerlo.

R.- En efecto, es más egoísta de lo que parece: es por necesidad. Yo no hago canciones porque quiera ser millonario; me da igual. Ya me he arruinado varias veces e imagino que vendrán más.

Me interesa hacer cosas, vivir y decir por qué estoy vivo. Es una terapia tremenda a la hora de hacer canciones, relatos o acciones de todo tipo: te estás conociendo a ti mismo, estás expresando todo lo que quieres soltar y es una terapia que me ahorra una pasta tremenda en psicólogos.

P.- ¿Y no te ha dado por investigar otras artes más allá de la música, como la pintura?

R.- Para la pintura soy muy negado, por eso me he juntado con gente muy buena. En este libro, tanto pintura como ilustraciones o cómic, cada uno tiene sus características. Yo empecé escribiendo poesía y pasé al teatro. La música vino después. Pensé que esas tres cosas se podían unir. En escultura o pintura no me sentía creativo, pero veo que es una cosa que me falta mucho y por eso intento completarlo con amigos.

Lo de este libro es muy curioso: habla de poesía, prosa poética, haikus… Hay como 40 historias y cada una está ilustrada por un artista diferente. Lo hicimos a suertes, cada uno con una historia. Esas son las cosas que me mueven.

P.- El 1 de mayo de 2027 en el Roig Arena de Valencia: 45 años de carrera.

R.- Creo que va a ser la actuación más importante de mi vida.

P.- Se dice pronto. ¿Y sigues viviendo en Valencia?

R.- Sí. En los noventa grabé tres discos en Los Ángeles y estuve a caballo entre Valencia y Los Ángeles. En Madrid estoy también medio viviendo siempre, pero la mayoría de canciones las he compuesto en Valencia: necesito el Mediterráneo. Me tira la tierra.

Madrid es fundamental: nuestra compañía, mánager y todo está aquí. Pero me puedo permitir el lujo de vivir en Valencia. Adoro Madrid y España. Dudé entre irme a vivir a Los Ángeles, como hizo Bunbury hace unos años, o quedarme en Valencia, y opté por quedarme con todo lo que eso conlleva. Haciendo balance, diría que he ganado; puede que mercantilmente hubiera sido más interesante lo otro, pero me interesa ser feliz y buscarme la vida de la manera que puedo.

«El que no es punki o antisistema con 18 años está condenado a ser algo voluble y con poco sentido»

P.- Hay un éxodo de gente que está en Madrid y se está yendo fuera.

R.- Hay un grupo extraordinario, Santero y Los Muchachos —chavales jovencitos a los que quiero muchísimo—, que predica eso, justo. Hay una canción en este último disco que se puede leer en el libro: Tienes que pasar por Madrid. Es obligatorio.

P.- Hablabas antes de Chiquilla. ¿Cuánto tardaste en componerla?

R.- 15 minutos de papel, boli y guitarra. Luego hubo que hacerla más grande, claro. La primera vez que tuvimos la oportunidad de hacer una gira fuera de España, por Francia, fue en el 88 o en el 89. No éramos profesionales, evidentemente, pero estaba muy de moda España: el Mundial, Almodóvar… Europa y todo el mundo tenían el foco puesto en España. Héroes del Silencio pegó un pelotazo muy grande en Alemania y querían otro grupo.

Cuando sales fuera por primera vez, te da la sensación de ver las cosas con cierta perspectiva: tu trabajo, tu carrera y toda la historia. Nosotros tardamos unos diez años en tener un éxito grande; empezamos en el 82 y hasta los noventa no tuvimos un éxito rotundo. Te da tiempo a pensar muchas cosas. Cuando llegamos a la primera gira de Francia, me di cuenta de que éramos un grupo español que cantaba en castellano y alguna en valenciano, pero hacíamos una música que era anglo, anglo y anglo. Me di cuenta de que no lo veía.

En el local de ensayo, después de tocar, poníamos a Peret, porque me encanta la rumba. La rumba es la música popular española, el pop por excelencia; para mí no hay música pop más importante que la rumba. Hablo de música pop: Peret, Los Amaya, El Pescaílla… Me pregunté por qué no podía hacer una canción que fuera rock español de verdad, algo que fuera propio. Se me ocurrió la idea peregrina de juntar a The Clash con Peret. Llegué a la panadería de mi padre a currar esa misma noche, y cuando terminé, sobre las once o doce de la mañana, llegué a mi habitación, vi un rayo de sol que entraba por la ventana y en 15 minutos hice Chiquilla. Fue abrir el grifo, de verdad.

P.- ¿Qué sensación le crea a alguien que uno de sus temas se siga escuchando 45 años después?

R.- Eso lo tienes que ver a toro pasado. En ese momento creía que era la hostia, pero como todos los demás temas, como los 300 que tengo, porque le pongo las mismas ganas. Poco tiempo después me di cuenta de que era algo que no había hecho mucha gente. Había grupos como Veneno o Smash que se habían acercado al flamenco-rock, al blues o a la psicodelia, pero al rock punk con la rumba no había pasado nada en este país.

Me di cuenta de que estábamos haciendo algo gordo. La discográfica lo tuvo muy claro: iba a ser el primer sencillo y a ser todo. Fueron 15 minutos de gloria que no he vuelto a tener.

P.- En los ochenta muchas veces os pagaban en garitos con cervezas y dejabais deudas.

R.- Sí, los pagarés con eso eran muy grandes. Pero es por lo que te comentaba antes: yo lo que le digo a mis hijos, que tienen 20 y 18 años, es que hagan una cosa en su vida con la que no necesiten ser millonarios. No hacen música: les compré una guitarra a cada uno y uno quiere ser entrenador de fútbol y la otra es diseñadora. No han tocado una guitarra en su vida.

Les he dicho que hagan algo que les guste: currar van a currar, pero trabajar como tal no lo harán en la vida, porque estarán dormir haciendo algo que les apasiona.

«Si no conoces el infierno, no sabes lo que es el cielo; y en esta vida lo verdaderamente trágico no es el purgatorio, es el limbo»

P.- ¿Se ha convertido el rock en algo burocrático?

R.- Todo se acaba mercantilizando, eso lo tenemos claro. Si nos vamos a la historia del blues, fliparíamos: cuando los afroamericanos en los años veinte tienen acceso a los tocadiscos, las compañías discográficas les ponen músicos para que compren tocadiscos y discos. Hablo de los años veinte del siglo XX. ¿Cómo podemos venderles tocadiscos a los afroamericanos en Estados Unidos, que tienen reminiscencias de la esclavitud, pero tienen acceso a algo más que comer? Pues vamos a ponerles cantantes para que compren tocadiscos. A partir de ahí viene toda la evolución.

P.- Ya no se ven chavales que se metan en un garito si no les pagan o si no van a tocar a un festival de Radio 3.

R.- Están equivocados, porque les hemos enseñado que tienen que ser famosos primero y ser millonarios después. Creo que eso es la mayoría, pero no todos somos la mayoría. Pienso, por favor, que no estamos tan perdidos y que hay gente que aún piensa en hacer cosas que le gustan porque le gustan.

P.- ¿Por qué nos hemos vuelto tan cobardes?

R.- Creo que porque lo tenemos extraordinariamente fácil en líneas generales. Todo es muy cíclico, todo vuelve y todo se repite. Llega un momento en que las historias que me contaba mi abuelo cuando estaba en la guerra o mi padre en la posguerra no ocurren ahora. Las lecciones que tuvieron entonces son de otra manera a las que tenemos ahora.

Ahora te puedes quejar porque has visto una cucaracha pasar por tu habitación: «¡Ay, qué miedo me da!». Nuestros padres y abuelos se reirían muchísimo. Nos la cogemos con papel de fumar en ese sentido.

José Manuel Casañ. | Kevin Borja

P.- Si el José Manuel joven apareciese ahora mismo y viese el panorama cultural, ¿qué le dirías?

R.- Menuda pregunta me acabas de hacer. Con 17 o 18 años, más verde que el trigo verde, te diría que hay que hacer una revolución, que hay que cambiarlo todo, que todo está mercantilizado y que no aprendemos nunca. Pero el José Manuel de ahora piensa casi tres cuartos de lo mismo. Todos tenemos los mismos miedos y las mismas ambiciones. Es cierto que la tecnología nos ha hecho más blandengues y nos ha ayudado a tener la posibilidad de destruirnos mejor. Creo que tampoco ha cambiado mucho la historia.

P.- ¿Qué opinas de la politización de la música o de festivales como Eurovisión?

R.- Si volvemos a la anécdota de cómo se empezaron a vender tocadiscos, lo entendemos todo. A mí Eurovisión no me ha interesado jamás. Tuve la fortuna o el infortunio de participar en el Festival de Benidorm en el 85, cuando lo cambiaron para meter a grupos de la Movida, y quedamos los segundos. No está mal: para un grupo muy punki, quedar segundos en Benidorm era muy honroso.

Comprendo que la industria quiera vender, pero esto no son patatas ni son cebollas, no se puede vender igual. Es cuestión de gustos, y desgraciadamente los gustos son muy manipulables. La publicidad y el hipnotismo son exactamente lo mismo: vas dando caña y, al final, una canción que es una basura la acabas cantando en la ducha.

P.- ¿Te puede parecer que Bad Bunny tiene algo punki?

R.- A mí Bad Bunny me cae bien. No es la música que yo haría ni la que me gustaría escuchar de primeras. Además, tiene un aspecto que me encanta: por primera vez el español está sobrevolando al inglés en el rock and roll y en la música general. Eso lo veo muy positivo. Veo que todo el reguetón va a llegar un momento en que se va a fusionar de alguna manera y van a salir cosas muy interesantes. Me parece fantástico que haya gente haciéndolo en español, como Rosalía.

P.- Vienes de una casa de panaderos. Pensando en la situación actual, tus padres pudieron comprar una casa siendo panaderos. ¿Qué se ha roto en este país?

R.- Se ha roto todo. La historia es que no podemos juzgar el pasado con la cabeza del presente, para lo bueno y para lo malo; es horroroso porque no podemos tener una perspectiva real. Te voy a contar algo en detrimento de mis hijos, que tú serías casi mi hijo en ese sentido. Nosotros íbamos para adelante: entramos en Europa… En los ochenta, cuando llego a Alemania por primera vez a tocar, en el 89, justo al mes de que caiga el muro.

Tocamos en Berlín, veía los taxis y eran Mercedes; aquí los taxis eran Seat 1500. Nos estaban vendiendo la historia, que hasta cierto punto fue verdad, de que íbamos a ser europeos. Teníamos en nuestras cabezas un espíritu de que la cosa iba a ir a mejor siempre. No hay una gran crisis hasta los noventa. Mi abuelo y mi padre lucharon mucho después de la guerra, pero íbamos a más: mejores infraestructuras, mejores carreteras, mejores escenarios para tocar. Pero mis hijos no: mis hijos ya empiezan a ver las crisis. Esa creo que es la diferencia.

P.- ¿Quién tiene la culpa de todo esto?

R.- ¿Quién tiene la culpa? No sé si se puede someter esa culpa a una cosa momentánea y decir: «La culpa la tiene Pedro Sánchez». Su culpa tendrá, evidentemente; lo que está claro es que ya se tiene que ir, eso lo tenemos todos claro, pero por cuestiones de higiene democrática, no por otra cosa. La culpa la tenemos todos en general, la sociedad en general, pero sí que es cierto que necesitamos que las cosas cambien un poquito en este país.

P.- ¿Le regalarías la botellita de vino a Pedro Sánchez?

R.- Yo no soy mala persona, se la regalaría. Le diría que le sentara bien. No voy a ir a regalársela a la Moncloa, pero si me dijera: «José, ¿me das una botellita?», claro que se la regalaría. A nadie, ni a mi peor enemigo, le niego una botella de vino.

«La gente por la calle te dice: ‘No cambies’, pero yo veo lo contrario: no dejes de cambiar o te van a hacer cambiar a las malas»

P.- ¿Qué opinas de que una canción se haga viral en TikTok en 15 segundos?

R.- Es el momento que nos ha tocado vivir. Recuerdo en los sesenta y setenta, hasta que llegó el punk, que las canciones podían durar 11 minutos con la psicodelia; todo el mundo se venía arriba y de repente volvimos otra vez al rock and roll primigenio de hacer canciones de un minuto o dos, como los Ramones.

Eso es dueño de su tiempo: son modas que se imponen. Hemos visto el CD vivir y morir, y el casete. ¿Qué tendremos en el futuro? Cosas. Lo que sí tengo claro es que toda acción tiene una reacción. Si queremos ser listos y prever lo que va a venir, miremos hacia dónde va la historia, porque va a venir en sentido contrario. Va todo muy rápido: he visto nacer y morir el CD.

Por eso, cuando llegó un momento en que quería hacer cosas fuera de lo común, que no fueran canciones mercantilistas, me planteé hacer libros, meterme en el teatro o hacer una película, que es mi intención próxima.

P.- A raíz de la muerte de Robe Iniesta, se le ha puesto en un pedestal. ¿Te fastidiaría que pasase eso contigo?

R.- Yo estoy viviendo el momento; lo que venga luego me da igual absolutamente. No quiero ni que me pongan calles. Había una canción enorme del Gran Combo de Puerto Rico que decía: «Lo que me tengan que dar, que me lo den en vida». No pienso en eso en absoluto, soy muy del presente.

Sabemos que nos gusta el morbo y nos gusta la historia: no te acuerdas de uno hasta que no está. Somos humanos. En mi caso, me daría igual absolutamente.

«¿Que me pongan en un pedestal al morir? A mí me la sudaría totalmente: lo que me tengan que dar, que me lo den en vida»

P.- La historia de cómo os llamasteis Seguridad Social es muy curiosa.

R.- Fue una bronca que tuvimos en el barrio del Carmen de Valencia y fuimos a curarnos a un ambulatorio. Por entonces nos llamábamos Paranoicos. Tuvimos una bronca con otros punkis que había por ahí. Elegí Seguridad Social porque me gustaba lo que quería decir y eran dos palabras que nos entraban por un oído y nos salían por otro. En aquella época había grupos como The Police o UB40, todos con nombres de estamento. De hecho, me llegué a enterar de que Social Security era un primer grupo de The Clash. No lo hicimos adrede, pero eran cosas de ese tipo. Ahora pondría un latinajo o algo para que durara más tiempo.

P.- ¿Cómo era la Movida valenciana respecto a la madrileña?

R.- Era lo mismo en toda España. Tuve la fortuna de que en el 83 hice la mili aquí en Madrid, así que iba y venía continuamente y estuve totalmente integrado en las dos. Pero era lo mismo en todos lados: en Barcelona y en Vigo pasaba lo mismo, porque era una historia a nivel nacional por cuestiones sociales. La sociedad estaba cambiando en todos los aspectos. Es cierto que en Madrid había más medios y tenías que pasar por Madrid para darte a conocer.

José Manuel Casañ. | Kevin Borja

P.- ¿Había mucha droga en Valencia en ese momento?

R.- Muchísima droga. En mi barrio ha muerto mucha gente. Yo soy de un pueblo muy cerquita de Valencia que se llama Benetússer y murió mucha gente por la total desinformación: el caballo entró de una manera brutal. Afortunadamente, mi droga era la música y me dediqué a ensayar, ensayar y ensayar. Menos mal que pude tener un asidero, pero mucha gente que no tenía ese asidero acabó muriendo.

P.- ¿La Ruta del Bakalao o la Movida? ¿Qué época fue más agresiva?

R.- Te voy a contar cómo funciona la cosa porque lo viví totalmente. La Movida valenciana y la Ruta se solapan: de los ochenta a los noventa es la Movida valenciana, que es la más parecida a la movida en todos lados. Pero hay una idiosincrasia especial: entre Valencia e Ibiza hay un triángulo muy interesante de música tecno. Eso no está en otros lados de España y es lo que atrae a gente de fuera.

De los ochenta a los noventa, en las discotecas valencianas tenías desde los Espías hasta The Clash, con algo de tecno también. Nos íbamos al bar de enfrente a beber y volvíamos cuando ponían otra vez el rock and roll. Pero llegan los noventa y el tecno se apodera absolutamente: ahí se convierte en la Ruta como tal. Cosa que nos viene extraordinariamente bien, porque como no nos gustaba en absoluto, nosotros nos vamos al local de ensayo a hacer la música que queremos oír. Dejamos de ir a discotecas, nos íbamos al bar de blues a tomarnos una botella de whisky y nos íbamos al local de ensayo hasta las siete de la mañana ensayando y tocando. Gracias a la Ruta del Bakalao, que no nos interesaba en absoluto, aprendimos a tocar y a cantar.

Nosotros nos movíamos como Astérix en nuestra aldea particular, que era nuestro bar de Benetússer donde escuchábamos blues y rock and roll, y nuestro local de ensayo; éramos los ajenos a los demás.

P.- Mirando al futuro con Voy a Marte, ¿te asusta envejecer?

R.- No, en absoluto. Me gusta muchísimo porque estoy aprendiendo cosas enormes; antes era más burro. Estoy muy contento en la situación donde estoy ahora: estoy muy estabilizado y he aprendido muchísimo. Era muy inconsciente cuando empecé.

Y sí, me gusta la fiesta, pero llega un momento en que te lo tienes que tomar como una profesión muy en serio. Si estás continuamente saliendo, no estás componiendo ni estás trabajando. La historia es perfeccionarte cada día más. Me gustan muchas cosas: he jugado al golf muchos años, llegué a tener hándicap 13. Sigo manteniendo el espíritu punk de decir «por aquí no trago» y rebotarme, pero veo que hay que evolucionar y hay que ser feliz.

P.- Un punki que juega al golf.

R.- Hubo un cantante de rock and roll con un hándicap cero, Alice Cooper, que decía que el golf es lo que más le ha puesto en su sitio. Estás luchando contra ti mismo: te enseña a ver cómo eres, a controlar tus prontos y tus historias, a tener paciencia. Hay muchísimas cosas, pero una de ellas es el golf.

P.- ¿Crees en Dios?

R.- Claro que sí, muchísimo. Creo en Dios, en un todo maravilloso que es el que hace todo. Me gusta estudiar la cábala, los sufíes, el gnosticismo… Creo mucho en el gnosticismo cristiano, muchísimo.

«Compuse Chiquilla en 15 minutos en mi habitación tras salir de currar en la panadería de mi padre: fue como abrir el grifo»

P.- En 45 años de carrera, ¿cuál crees que ha sido tu mayor pecado?

R.- La soberbia, uno de ellos. Todos los pecados que podamos tener, en mayor o menor medida, los he podido tener. Intento meditar y averiguar cómo mejorar en ese sentido. Es una de las características de hacerme mayor: me voy dando cuenta de cosas que antes me pasaban desapercibidas completamente.

Al escribir este último libro, Voy a Marte, leyendo sobre psicología, vi las cinco fases del duelo: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. Todas las canciones que había hecho en estos últimos diez años y todos los escritos se podían situar en cada una de esas fases. Luego te das cuenta de que tú puedes cantar o hacer cosas hacia dos caminos: hacia una cosa muy sublime que te da una felicidad absoluta, o hacia una cosa que necesitas sacarte de encima. La mayoría de las canciones son de desamor por la necesidad de soltar algo.

En nueve o diez años han pasado muchas cosas en la vida de todas las personas: hemos tenido duelos de todos los colores. En mi caso, fallecieron mi padre, mi mánager… Si eres artista, todo eso se refleja en tu obra; tiene que salir por algún lado.

P.- ¿Piensas que la vida ha pecado contigo?

R.- No, estoy muy agradecido a la vida. Me siento muy bien. Cuando me hice punki era muy joven y me sentía fuera del tiesto, totalmente fuera, por pura ignorancia. Al conocerme un poquito a mí mismo, creo que he sido un poquito más feliz en ese sentido, independientemente de todos estos duelos.

P.- Si tuvieras que enviar a alguien al cielo por haber sido una persona maravillosa, ¿a quién sería?

R.- Es muy complicado ser juez. Evidentemente, a muchísima gente: muchos amigos y mucha gente que conozco, que creo que son buenas personas y que me han ayudado. Pero todos tenemos nuestros defectos y nuestras historias; creo que primero tendríamos que pasar por un purgatorio todos en general.

P.- ¿Y al infierno?

R.- El infierno hay que conocerlo. Hay que saber lo que es el infierno para saber lo que es el cielo. El infierno no es ni más ni menos que un paso más, tal como Dante lo explica perfectamente en la Divina comedia: tiene que ir al infierno a rescatar a su amada para luego pasar por todos los lados. Si no conoces el infierno, no sabes lo que es el cielo.

P.- ¿Y al purgatorio?

R.- El purgatorio el problema es que tenemos que pasar por ahí todos; es como un paso intermedio. En el purgatorio no se está del todo mal: lo peor es el limbo.

P.- ¿Cuál es la diferencia?

R.- En el limbo estás perdido. En el purgatorio hay que purgar y pasar. Me dijeron aquí que el purgatorio era el paso previo solo al cielo, que es lo que dice la Iglesia católica, pero si te vas al budismo, la vuelta hacia el infierno también pasa por el purgatorio por un eterno retorno. A mí todo lo que vaya en beneficio del autoconocimiento me parece maravilloso, desde el gnosticismo hasta Nietzsche. Nietzsche lo decía perfectamente: del animal al superhombre está el alambre, que es el hombre.

P.- El 1 de mayo de 2027 en el Roig Arena de Valencia. ¿Algún concierto más o invitados que puedas desvelar?

R.- Tenemos grandes invitados, van a ser con algunos amigos. Tengo algunos cerrados que no me permiten decirlo aún. Hay muchos valencianos que lo verán: Carlos Goñi evidentemente va a estar, porque es muy amigo mío y siempre va a estar ahí. Paco Roca, el ilustrador, va a estar de una manera muy curiosa: nosotros hacemos en teatros una cosa que se llama Canciones dibujadas, donde Paco se pone en medio a dibujar la canción que estamos tocando mientras una cámara proyecta en la pantalla el proceso creativo del dibujante. De momento te puedo decir eso.

P.- Para los que decían que todo estaba inventado.

R.- La verdad es que no voy a parar jamás de intentar crear, y seguro que lo han hecho muchísimos otros más.

P.- José Manuel, muchísimas gracias por venir a El purgatorio. Ha sido un placer.

R.- Un placer tremendo, ha sido un placer verdadero. Ya te traeré una botellita de vino.

P.- Aquí la esperaré y nos la tomaremos. Gracias.

R.- A ti.

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