El crítico de cine de Libertad Digital analiza el estreno en Apple TV+ de Mayday, una película de acción y comedia de gran presupuesto protagonizada por Ryan Reynolds y Kenneth Branagh. La cinta juega constantemente con el imaginario de Top Gun, el clásico de Tony Scott que definió buena parte del cine de acción de los años ochenta. No estamos, sin embargo, ante una parodia al uso, sino ante una película que recupera con bastante cariño la estética, la música y la iconografía de aquel cine de entretenimiento.

Mayday recupera también uno de los escenarios habituales del cine de la Guerra Fría: dos personajes procedentes de bandos enfrentados que terminan obligados a colaborar. La película remite así a títulos como Espías como nosotros o Danko: Calor Rojo, además de recuperar elementos de aventuras y thrillers como La caza del Octubre Rojo y Acorralado. Branagh interpreta a un militar ruso que aprovecha una misión para desertar, mientras el personaje de Reynolds acaba intentando sobrevivir en territorio enemigo. Una premisa clásica que la película utiliza como punto de partida para mezclar acción, humor y nostalgia.

Tras las cámaras están John Francis Daley y Jonathan Goldstein, una pareja de realizadores que ya ha demostrado su facilidad para moverse entre la comedia, la aventura y el cine fantástico. Daley, conocido también por su trabajo como actor en Bones, y Goldstein forman desde hace años uno de los equipos más interesantes de Hollywood dentro de este terreno. Suya es Noche de juegos, convertida con el tiempo en una pequeña película de culto, y también la adaptación cinematográfica de Dragones y Mazmorras. En Mayday vuelven a demostrar que saben combinar acción y comedia sin que una termine anulando a la otra.

Uno de los mayores atractivos está en la pareja protagonista. Kenneth Branagh termina robándole la película a Ryan Reynolds, algo que tiene bastante de inesperado. Reynolds hace lo que suele hacer últimamente: humor rápido, comentarios autoconscientes y un personaje construido en buena medida sobre su propia imagen, en una línea cercana a la que explota en Deadpool. Branagh, en cambio, se entrega a la acción con una energía física sorprendente y asume buena parte de las escenas de combate y las secuencias más espectaculares. El contraste entre ambos funciona además como una de las principales fuentes de humor de la película.


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El problema está en que, detrás de una puesta en escena bastante más trabajada de lo que cabría esperar de una producción concebida para una plataforma, el guion resulta mucho más convencional. Mayday sigue prácticamente al pie de la letra el manual del género y buena parte de lo que sucede puede anticiparse con facilidad. También queda la sensación de que algunos actores secundarios están claramente desaprovechados. Es el caso de Maria Bakalova, que aparece en un papel con mucho menos recorrido del que cabría esperar.

Algo parecido ocurre con el villano, que carece de la personalidad necesaria para convertirse en una amenaza memorable. Al menos, su presencia permite a Daley y Goldstein recuperar uno de los gags visuales más reconocibles de Noche de juegos, en un guiño que funciona mejor como homenaje a sus propios seguidores que como elemento imprescindible de la trama.

Con todo, Mayday cumple sobradamente como entretenimiento. Poco más de cien minutos de acción, humor y persecuciones rodados con una factura técnica notable. Daley y Goldstein cuidan especialmente la puesta en escena, los movimientos de cámara y el ritmo de las secuencias, con referencias visuales que recuerdan incluso al cine de David Fincher.

Quizá ahí esté una de las paradojas de la película: Mayday ha nacido directamente para el streaming, pero está planteada y rodada con una ambición que pide una pantalla grande. No será una revolución dentro del género ni pretende reinventar el cine de acción, pero sí ofrece algo que cada vez resulta menos habitual: una película comercial que entiende perfectamente de dónde viene, que no reniega de sus referentes y que sabe divertirse con ellos.