La vida le sonríe a Iván Armesto, finalista de la primera edición de «Gran Hermano» y prestigioso director de casting. A sus sesenta años acaba de ser padre de la que es su segunda hija, primera con su actual pareja sentimental, a la que lleva unido desde hace una década.

«Me siento inmensamente feliz, es una niña muy buscada y deseada. Y quiero aclarar que mi compañera de vida no tiene veintiún años, como publicaron algunos medios, sino cuarenta y seis, aunque parece mucho más joven. La realidad es que es mi hija Raquel la veinteañera… Hubo gente que me criticó en las redes sociales por ser padre a mi edad, y les contesto que hay que ignorar estos ataques de gente que ni te conoce, ni conoce tu entorno, ni sabe a qué te dedicas o cómo eres. Es gente que destila odio simplemente para hacerse notar».

¿Cómo vive la paternidad a los 60 años?

Con mucha felicidad. Cuando mi mujer me dijo que estaba embarazada sentí una emoción tremenda. Mi hija, a la que hemos puesto el nombre de Vega, llega en el momento perfecto a mi vida.

Ha dicho que se enfrenta a este momento tan dulce más preparado que en el nacimiento anterior…

Sí, con más sabiduría y paciencia para enseñarle todo lo que he aprendido con el paso de los años. Y con una seguridad económica que antes no tenía. Por eso te digo que mi hija aparece en el momento perfecto.

¿Y cómo es Vega?

Guapísima, como su madre, y muy buena. Nació el pasado veinte de agosto en el Hospital Infantil de Las Palmas de Gran Canaria, una tierra que adoro, y está muy sana, es una bendición. Su hermana Raquel se siente muy feliz con su hermanita. A todos se nos cae la baba con el bebé.