El dolor agudo y crónico se encuentran entre los problemas de salud más comunes y costosos a los que se enfrenta la población mundial. Los tratamientos de uso común si bien proporcionan alivio, sus efectos secundarios frecuentes y el potencial adictivo suponen un riesgo sustancial de daño. Como resultado, cada vez más personas …


El dolor agudo y crónico se encuentran entre los problemas de salud más comunes y costosos a los que se enfrenta la población mundial. Los tratamientos de uso común si bien proporcionan alivio, sus efectos secundarios frecuentes y el potencial adictivo suponen un riesgo sustancial de daño. Como resultado, cada vez más personas buscan enfoques complementarios para el manejo del dolor.

Una de estas alternativas puede encontrarse, tal vez, en la musicoterapia dado que sus efectos pueden ser comparables a los de farmacoterapias más convencionales. Así lo consideran, al menos, expertos de la Universidad de Drexel en Pensilvania (EEUU) quienes han llevado a cabo un trabajo en forma de revisión exploratoria con el objetivo de mapear la investigación existente sobre intervenciones basadas en musicoterapia (IBM) e identificar las lagunas de conocimiento y resaltar las fortalezas y debilidades de este tipo de intervenciones.

«En la atención clínica, las intervenciones basadas en la música pueden abarcar desde escuchar música por iniciativa del paciente ,o recomendada por un profesional de la salud, como un médico o una enfermera, hasta experiencias musicales facilitadas por un musicoterapeuta capacitado «, explicó Joke Bradt, quien dirige la Red de Investigación Music4Pain , una red multidisciplinaria financiada por el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa que impulsa la investigación sobre la música y los mecanismos del dolor.

El estudio, publicado en ‘Pain Reports’ indentifica tres mecanismos prometedores que contribuyen a la efectividad de las intervenciones basadas en la música: tono o valencia emocional positiva asociada a la música; sensación de control o autonomía , como elegir la propia música; y sincronización del movimiento con la música, como golpear o tocar la batería al ritmo de la música.

La evidencia sugiere que es importante que las personas seleccionen la música que disfrutan, en lugar de la música proporcionada por el profesional de la salud, y que participen activamente marcando el ritmo, tocando o moviéndose al compás de la música cuando la utilicen para el control del dolor. «Los hallazgos de nuestro estudio ayudan a explicar por qué la música puede ser un enfoque eficaz y de bajo riesgo para el manejo del dolor y cómo podemos maximizar su potencial», señaló Bradt.

El equipo de investigación revisó más de 600 registros en busca de estudios que investigaran mediadores, moderadores o predictores de los efectos de la música sobre el dolor. Finalmente, se seleccionaron 57 para conformar el conjunto de datos de revisión.

Según explicó Bradt, al comprender mejor los mecanismos a través de los cuales la música afecta al dolor, los médicos e investigadores pueden desarrollar intervenciones musicales más específicas, personalizadas y eficaces para las personas que sufren dolor agudo o crónico. No en vano, estudios de neuroimagen han constatado que la música puede influir tanto en el procesamiento temprano del dolor en el cerebro como en las respuestas cognitivas y emocionales de nivel superior al dolor.

Si bien el estudio de revisión ayudó a explicar por qué las intervenciones basadas en la música pueden ser un enfoque eficaz para el manejo del dolor, también hizo hincapié en la necesidad de una investigación más rigurosa sobre los mecanismos que hacen que las intervenciones sean efectivas.

«Investigar cómo afecta la música al dolor puede parecer sencillo, pero en realidad es muy complejo debido a la complejidad de la música y la complejidad del dolor», concluyo Bradt quien consideró necesario realizar más investigaciones sobre los mecanismos subyacentes en personas que viven con dolor crónico, así como más estudios que examinen la práctica musical activa y la musicoterapia, y no solo la simple escucha de música.