Nick Kyrgios es libre para volver a empuñar la raqueta y competir sin traba alguna desde este viernes 4 de septiembre, fecha en la que … ha expirado el castigo que le impusieron las autoridades tras dar positivo por cocaína antes de comenzar su participación en el ATP 250 en Mallorca el pasado mes de junio. La Agencia Internacional de Integridad del Tenis (ITIA) le sancionó el 4 de agosto con tres meses de suspensión, pero redujo dicho plazo a un mes con la condición de que el tenista se sometiese a un programa de rehabilitación. De esta forma, el australiano cuenta ya con la autorización pertinente para regresar a las pistas, una decisión que no está exenta de polvareda.
El excéntrico deportista fue suspendido provisionalmente el 4 de agosto tras dar positivo al detectarse en su cuerpo, durante un análisis efectuado en el marco del ATP 250 de Mallorca, la presencia de benzoilecgonina, un metabolito de la cocaína. Kyrgios admitió el resultado del control en su cuenta de Instagram y pidió perdón a sus seguidores: «Cometí un error enorme y asumo toda la responsabilidad por ello», señaló el tenista, que acumula a sus espaldas una larga lista de polémicas.
La cocaína está clasificada como estimulante y sustancia de abuso de acuerdo con las normas de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), por lo que el Programa Antidopaje del Tenis prohíbe su empleo en competición. Sin embargo, si se consume fuera de la misma se aplican sanciones reducidas, lo que le ha servido a Kyrgios para reducir un castigo que, en otras circunstancias, podría haberse elevado hasta los cuatro años de suspensión y haber supuesto el fin de su carrera.
Así las cosas, Kyrgios, de 31 años, dispone del visto bueno de las autoridades para competir desde este mismo viernes, si bien su regreso a las pistas está condicionado por esos problemas físicos que tanto le han atormentado a lo largo de los últimos años y a los que aludió como uno de los motivos que le han llevado a atravesar por una delicada situación. «Los dos últimos años marcados por las lesiones han pasado una factura enorme», argumentó cuando se reveló su positivo por drogas.
Sin pelos en la lengua
El excéntrico deportista acumula una larga lista de polémicas con rivales de todo tipo
Unas declaraciones que para nada pueden servir de excusa a Kyrgios. Especialmente teniendo en cuenta los dardos que lanzó en el pasado contra algunos de sus compañeros de profesión y las autoridades que rigen el mundo del tenis por lo que consideraba como manga ancha respecto a determinados casos como el de Jannik Sinner o Iwa Swiatek, a quienes les impusieron sanciones por consumo de sustancias prohibidas que el australiano estimaba laxas.
«Que dos números uno del mundo sean sancionados por dopaje es repugnante para nuestro deporte. Es una imagen horrible», manifestó Kyrgios después de que el italiano fuese suspendido durante tres meses tras dar positivo en dos controles antidopaje en 2024 por trazas del esteroide anabólico androgénico clostebol y la polaca aceptase una sanción de un mes después de dar positivo por trimetazidina, un modulador hormonal y metabólico.
Un sinfín de altibajos
Unas manifestaciones que ahora se vuelven en contra de un deportista que se las ha tenido tiesas con rivales de todo tipo –llegó a sostener que Rafa Nadal «le tenía miedo», le dijo en pleno partido al suizo Stan Wawrinka que Thanasi Kokkinakis se había acostado con su novia y simuló masturbarse con una botella durante un duelo ante el croata Marin Cilic, por citar solo algunas de las controversias más sonadas en las que se ha visto envuelto– y que ha experimentado un sinfín de altibajos durante su carrera derivados del flamígero carácter del que siempre ha hecho gala.
Kyrgios no es ajeno a esos fantasmas que le acechan. El australiano tocó fondo en 2019, cuando se llegó a autolesionar en medio de una crisis de salud mental mientras abusaba de las drogas y del alcohol. «Sentí que estaba decepcionando a la gente todo el tiempo. Me sentí inútil y odié mi vida en un momento», confesó años después al canal australiano ‘Nine’ un tenista que sigue sin conseguir vencer a sus demonios internos.