La Agencia Espacial Europea (ESA) tiene el foco puesto en una de sus misiones más ambiciosas para descubrir cómo se formó Mercurio y qué secretos esconde el planeta más cercano al Sol.
La misión BepiColombo, impulsada junto a la Agencia Japonesa de Exploración Espacial, está equipada con numerosos instrumentos científicos que permitirán estudiar su superficie, composición y entorno con un nivel de detalle sin precedentes. Además, entre sus principales objetivos se encuentra resolver algunos de los grandes enigmas de Mercurio, como la presencia de hielo en los cráteres de sus regiones polares, el origen de su campo magnético y los misteriosos huecos que salpican su superficie.
Ahora, ocho años después de su lanzamiento, BepiColombo ha afrontado uno de los primeros grandes hitos de su aproximación al planeta. Sin embargo, todavía tendrá que superar una compleja fase de maniobras y operaciones durante varios meses antes de comenzar su misión científica, en un proceso que implicará algunas de las etapas más exigentes y de mayor riesgo.
Así ha sido la maniobra clave de BepiColombo para acercarse a Mercurio
BepiColombo es la primera misión en orbitar simultáneamente Mercurio con el ‘Orbitador Planetario de Mercurio’ (MPO) de la ESA y el ‘Orbitador Magnetosférico de Mercurio’ (Mio) de la JAXA.
Según informa la ESA en un comunicado oficial, la fase de llegada al planeta ha comenzado con la separación del ‘Módulo de Transferencia de Mercurio’ (MTM) del resto de la nave espacial este jueves 3 de septiembre, de esta manera, la nave espacial compuesta entrará en órbita alrededor de Mercurio el 21 de noviembre para que MPO y Mio se separen entre el 9 y el 10 de diciembre, así la fase científica de la misión empezará en abril de 2027.
Pero, ¿cómo ha sido la maniobra clave para que BepiColombo pudiera aproximarse a Mercurio? La ESA relata en el comunicado oficial que el equipo de control de la misión dio luz verde para proceder con la separación del MTM de BepiColombo y, tras separarse, la señal de radiofrecuencia Doppler indicó que MTM se ‘despegó’ correctamente.
Más tarde, la adquisición de señal a través de dos antenas de espacio profundo Estrack, ubicadas en Cebreros (España) y Malargüe (Argentina), confirmaron que los sistemas funcionaban correctamente y que los paneles solares del MPO empezaron a cargar las baterías de la nave.
Ante este hito, la ESA revela que «detrás del éxito se encuentran años de preparación por parte de los equipos de BepiColombo», ya que «llevar a cabo una separación crítica a más de 200 millones de kilómetros de la Tierra exige una planificación, navegación y control precisos, sin posibilidad de intervención en tiempo real». Ahora, tras miles de millones de kilómetros recorridos, los orbitadores MPO de la ESA y el Mio de la JAXA se dirigen hacia su inserción orbital alrededor de Mercurio.
¿Qué hará BepiColombo cuando llegue a Mercurio?
Una vez llegue a Mercurio —cuando se encuentre a unos 63 millones de kilómetros del planeta—, BepiColombo tratará de arrojar luz sobre cinco de los grandes misterios que todavía rodean al planeta, según explica la ESA.
Uno de ellos es cómo se formó Mercurio. Los instrumentos de la misión permitirán estudiar con mayor precisión la composición mineralógica y elemental de su superficie, además de obtener imágenes con una resolución superior a la disponible hasta ahora.
Otro de los grandes interrogantes es la presencia de agua en el planeta. Aunque BepiColombo no podrá ofrecer una respuesta definitiva, las mediciones detalladas de las regiones polares podrían aportar nuevas pistas sobre el origen y la evolución del hielo que permanece en los cráteres que nunca reciben luz solar.
La misión también investigará si Mercurio continúa siendo un planeta geológicamente activo, ya que los científicos esperan detectar posibles cambios en sus formaciones geológicas, lo que permitiría determinar si su superficie sigue evolucionando en la actualidad.
Asimismo, BepiColombo tratará de explicar por qué Mercurio es tan oscuro. Para ello, uno de sus espectrómetros infrarrojos térmicos elaborará un mapa detallado de la distribución de minerales sobre la superficie. Estos datos permitirán conocer con mayor precisión su composición y podrían ayudar a resolver el origen de su particular tonalidad.
Y por último, los dos orbitadores de la misión estudiarán por qué Mercurio tiene un campo magnético, uno de los grandes enigmas del planeta. Concretamente, las sondas analizarán este campo con un nivel de detalle mucho mayor y medirán cómo varía tanto en el tiempo como en el espacio. También investigarán cómo influyen la proximidad del Sol y la interacción con el viento solar en su comportamiento.