En estos primeros días de competición del US Open, los dos hechos que me han llamado más la atención han sido las derrotas que sufrieron Novak Djokovic y nuestro jugador Rafael Jódar.
Por lo que respecta al serbio, lo que sorprendió no fue tanto la derrota en sí, sino su reacción en la pista al comprobar que su cuerpo indispuesto y acalambrado le llevaba a un desenlace inexorable. Vimos al balcánico incapaz de contener su emoción y, en unas imágenes que han dado la vuelta al mundo, acusar una gran tristeza y llorar desconsoladamente. Tal vez pueda extrañar su reacción algo desproporcionada, pero creo que esta, al mismo tiempo, viene a demostrar esta obsesión que incluso en las postrimerías de su carrera le lleva a que un tropiezo inesperado le afecte casi como en los primeros años.
En el caso de la caída de Rafa Jódar en su primer encuentro del torneo, no sólo ha sido inesperada por la menor entidad de su rival —clasificado en la 124ª posición del ranking mundial—, sino sobre todo por la holgura del marcador. En un rápido encuentro de algo menos de dos horas, el español cayó derrotado por un contundente 6-2, 6-1 y 6-1 ante el jugador chino Bu Yunchaokete. Cierto es que su oponente tal vez jugara uno de los mejores partidos de su carrera, pero también lo es que al tenista español le faltó no solo acierto en sus golpes, sino también la garra y el espíritu combativo que nos ha estado ofreciendo durante todo el año.
Al madrileño se le vio algo más tenso de lo habitual y su juego adoleció en esta ocasión del necesario plan B que se requiere cuando, o bien por mérito del contrincante o bien por demérito propio, las cosas no salen como se espera. Es verdad que cada día es más difícil acudir a él cuando se tiene enfrente a un jugador que está dispuesto a golpear la bola a gran velocidad, pero pienso que igualmente él debería haber intentado ralentizar el juego y buscar peloteos más largos.
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Sin necesidad de preocuparse lo más mínimo, puesto que la temporada sigue siendo magnífica para este joven jugador, las causas de esta abultada derrota pueden ser atribuibles al cansancio acumulado a lo largo del año, pero no ya sólo a nivel físico, sino también mental.
Los tenistas que irrumpen en el circuito con la fuerza con que él lo ha hecho pasan rápidamente de la novedad y la distensión a sentir la presión y la responsabilidad de no poder defraudar a la multitud de seguidores que han ido acumulando. El hecho de saber, además, que un buen resultado aquí le hubiera permitido tener opciones claras de disputar la Copa de Maestros de final de año ha podido jugar en su contra.
Antes de empezar el torneo neoyorquino, Jódar estaba situado en la novena posición de la carrera anual (race) y, por lo tanto, una de las ocho primeras plazas que dan acceso a disputarlo estaba al alcance de su mano. No tengo los datos —no sé si John McEnroe lo hizo—, pero creo que nunca antes un jugador que empezó el año disputando la fase previa del primer Grand Slam de la temporada (estaba clasificado en la posición 165ª) ha llegado al mes de septiembre con claras opciones de situarse entre los ocho mejores jugadores al final del curso. Ahora este hito no está descartado pero, sin duda, la situación se le ha complicado.
Cabe destacar, en cualquier caso, que el fulgurante ascenso de Rafa, su gran repertorio de golpes y su lucha férrea en la pista nos otorga la certeza de que vamos a poder seguir disfrutando mucho con su juego y con sus venideras victorias.