Koral Antolín evoca una infancia nómada y, sobre todo, llena de libertad: nació hace 37 años en Calella de Palafrugell, luego vivió en Candeleda y Talavera de la Reina. “Mis padres quisieron que tuviéramos la libertad de poder estar en un sitio sin coches, una infancia en un pueblo, esa libertad me ha marcado”, explica en su estudio del barrio madrileño de Malasaña, un espacio de techos altos y paredes blancas en las que muestra algunas de sus obras, siempre con el tejido como protagonista.

El estudio de la creadora en el barrio madrileño de Malasaña, con las obras ‘Venus blanca & azul’ y ‘Venus azul’ y ‘Movimiento no. 3’.CORTESÍA DE LA ARTISTA

Quería ser actriz en la Resad, pero terminó estudiando Bellas Artes en la Complutense. Aunque se especializó en dibujo y grabado ha acabado creando cuadros bordados, puntada a puntada, con la lana, el algodón y el lino como protagonistas. “Siempre tuve habilidad con las manos, analizaba las cosas para ver cómo se hacían”, recuerda, “antes era todo más rígido, pero ahora veo una fusión entre arte, diseño y artesanía”.

‘Venus naranja’, 2026.CORTESÍA DE LA ARTISTA

Defiende el conocimiento a fondo de las técnicas (fue un dibujo de Leonardo da Vinci que vio en la National Gallery de Londres lo que la impulsó a crear), pero sostiene que le “llama mucho más la atención la abstracción”. Queda patente en sus piezas, que pueden verse en paradores como el de Ibiza o en hoteles de lujo como La Zambra (Mijas).

‘Movimiento no.15’, 2026.CORTESÍA DE LA ARTISTA

En sus inicios, internet fue clave para recibir encargos: “En los mundos creativos es muy difícil entrar, sobre todo si no vienes de ahí y no tienes contactos. Impartía cursos en Domestika y empecé un blog de do it yourself y me contactaban por ahí. Ahora la obra serial me da pulmón para hacer obra personal”. Quiere empezar a incorporar pintura a sus cuadros, que están creados “con apliques, bordado, costura y trenzados”, en ese empeño por “la difuminación de barreras entre las diferentes artes”.