El calor extremo ya no solo se mide en termómetros récord o noches tropicales interminables. Cada vez hay más mujeres que aseguran haber notado cambios en su menstruación durante las olas de calor: reglas que llegan antes de tiempo, sangrados más abundantes o ciclos que se desordenan sin una explicación aparente. La ciencia aún no tiene una respuesta definitiva, pero empieza a encontrar pistas que apuntan a que el estrés térmico podría influir en el delicado equilibrio hormonal que regula el ciclo menstrual.
Los especialistas consultados por El País coinciden en que no se puede atribuir cualquier alteración exclusivamente al calor. Sin embargo, sostienen que existe una base biológica plausible para que las temperaturas extremas afecten a algunas mujeres, especialmente cuando coinciden con falta de sueño, deshidratación, estrés emocional y cambios en los hábitos cotidianos.
El contexto también importa. El cambio climático está haciendo que las olas de calor sean más frecuentes, más largas y más intensas. Eso significa que millones de personas pasan semanas sometidas a un esfuerzo constante para mantener estable su temperatura corporal, y ese desgaste podría tener consecuencias que van más allá del agotamiento o la deshidratación.
La menstruación, explican los expertos, es el resultado final de un complejo sistema de señales hormonales que involucra al cerebro, la hipófisis y los ovarios. Cuando ese sistema se somete a un estrés continuado, como el que provoca el calor extremo, algunos de sus mecanismos pueden resentirse.
Qué cambios pueden aparecer durante una ola de calor
Los estudios disponibles describen varios patrones que podrían repetirse con mayor frecuencia en ambientes especialmente cálidos. Entre ellos destacan ciclos más cortos o irregulares, menstruaciones más abundantes y una mayor sensación de incomodidad durante la regla.
Una investigación realizada en China con trabajadoras expuestas a distintos climas observó que quienes vivían en zonas más calurosas presentaban una mayor incidencia de trastornos menstruales. En ese grupo fueron más habituales las reglas abundantes y las alteraciones en la duración del ciclo, mientras que el síndrome premenstrual no mostró diferencias significativas.
Por su parte, una revisión científica elaborada por investigadores nigerianos concluyó que el estrés térmico puede favorecer desequilibrios hormonales, alterar la regularidad menstrual e incluso reducir la función ovárica. Aunque buena parte de la evidencia procede todavía de estudios experimentales y modelos animales, los resultados apuntan hacia una misma dirección: el calor prolongado puede convertirse en un factor de presión sobre el sistema reproductivo.
El cerebro también participa en el impacto del calor
La ginecóloga Ana Robles, del Hospital del Mar de Barcelona, relata al diario antes mencionado que la explicación más consistente pasa por el eje hipotalámico-hipofisario-ovárico, el sistema encargado de coordinar la producción hormonal que regula la ovulación y la menstruación.
El hipotálamo desempeña un doble papel especialmente relevante: además de participar en el control reproductivo, también actúa como uno de los principales centros reguladores de la temperatura corporal. Cuando el organismo permanece sometido durante días a un importante estrés térmico, ese equilibrio puede alterarse.
Si las señales hormonales cambian, el resultado puede traducirse en ovulaciones retrasadas, ciclos más largos, reglas adelantadas o incluso la ausencia puntual de menstruación. No significa que ocurra en todas las mujeres, pero sí que existe un mecanismo biológico que podría explicar por qué algunas experimentan estos cambios.
Dormir peor y vivir con más estrés agrava el problema
El calor rara vez llega solo. Las noches sofocantes reducen la calidad del sueño, aumentan la irritabilidad y elevan los niveles de estrés, dos factores que la medicina lleva años relacionando con alteraciones del ciclo menstrual.
La falta de descanso modifica la secreción de melatonina, una hormona que también participa en el funcionamiento ovárico. A su vez, el estrés emocional puede interferir en la producción de otras hormonas esenciales para mantener la regularidad menstrual.
Los investigadores que analizaron el caso de las trabajadoras en climas cálidos encontraron precisamente esa combinación: temperaturas elevadas, peor sueño y mayor carga psicológica aparecían como factores estrechamente relacionados con las alteraciones menstruales.
Por qué las mujeres son más vulnerables al calor
La relación entre calor y menstruación funciona además en ambos sentidos. Las hormonas sexuales también modifican la forma en que el cuerpo combate las altas temperaturas.
Las mujeres suelen comenzar a sudar cuando su temperatura corporal ya es más elevada que la de los hombres y dependen más de la vasodilatación periférica para disipar el calor. Además, durante la fase lútea —la segunda mitad del ciclo menstrual— la temperatura basal aumenta de forma natural, lo que deja menos margen antes de alcanzar niveles de sobrecarga térmica.
Según explica Asensio López, coordinador del Programa de Actividades Preventivas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, esa circunstancia hace que muchas mujeres perciban el calor como más intenso durante esos días y que el agotamiento aparezca con mayor facilidad.
Embarazo, menopausia y enfermedades cardiovasculares elevan el riesgo
Las etapas de mayores cambios hormonales también modifican la respuesta al calor. Durante el embarazo aumenta el calor interno porque el feto genera temperatura adicional, el sistema cardiovascular trabaja más intensamente y el riesgo de deshidratación crece.
En la menopausia desaparece buena parte del efecto protector de los estrógenos sobre la regulación térmica. Eso dificulta mantener estable la presión arterial y puede favorecer mareos o episodios de hipotensión.
La cardióloga Antonia Sambola, coordinadora del Grupo en Enfermedad Cardiovascular de la Mujer de la Sociedad Española de Cardiología, recuerda que las altas temperaturas obligan al corazón a realizar un esfuerzo adicional para conservar la presión arterial mediante un aumento de la frecuencia cardíaca y la dilatación de los vasos sanguíneos.
Diversas investigaciones también han observado que la mortalidad asociada al calor es mayor en mujeres que en hombres, un fenómeno en el que intervienen tanto diferencias fisiológicas como factores sociales, entre ellos la edad avanzada, la soledad, la precariedad económica o la ausencia de aire acondicionado.
Cuando conviene consultar al médico
Los especialistas insisten en que un cambio puntual en la menstruación durante una ola de calor no implica necesariamente que exista un problema grave. Sin embargo, recomiendan prestar atención cuando las alteraciones persisten durante varios ciclos, aparecen sangrados muy abundantes, dolor intenso o la ausencia prolongada de la regla.
Mientras la investigación continúa aclarando hasta qué punto el calor extremo influye directamente en la salud menstrual, el mensaje principal es claro: hidratarse correctamente, descansar lo mejor posible y reducir la exposición prolongada a temperaturas elevadas no solo ayuda a prevenir golpes de calor, sino que también puede contribuir a proteger el equilibrio hormonal del organismo. @mundiario