Por mucho que la moda sea su profesión, el verdadero amor del diseñador Claudio Antonioli son sus mascotas

Las sábanas arrugadas, la huella de la cabeza sobre la almohada y un poco de tierra conservan el recuerdo de la noche. Claudio Antonioli disfruta durmiendo con sus “niños: dos setters, uno de ellos ciego, que a pesar de ello se orienta perfectamente en la mansión donde su dueño vive desde hace algunos años.

Ale, que así se llama, puede que no vea, pero percibe que el hombre que le devolvió la vida, rescatándolo de la calle, es feliz entre estos muros. Antonioli, fundador del Grupo Antonioli
–al que pertenecen las boutiques multimarca homónimas, firmas como Ann Demeulemeester y 44 Label Group, además de algunos de los locales milaneses más exclusivos, como el restaurante Sogni y el club de electrónica Volt–, ha elegido vivir en la naturaleza apacible del Parque del Ticino, en una villa del siglo XVIII con vistas al Naviglio Grande.

El invernadero con sofs a medida un coche y al fondo un antiguo carro de labranza del siglo XVIII.

El invernadero, con sofás a medida y mesas del siglo XIX compradas en ferias vintage. A la derecha, un coche modelo Panhard Dyna de 1954 y, al fondo, un antiguo carro de labranza del siglo XVIII.© Foto: Stefan Giftthaler. Estilismo: Giada Storelli.

Hubo un tiempo en que las familias de la nobleza local pasaban el verano en estas orillas frescas, situadas a pocos kilómetros del centro de Milán. Aquí, historia personal e Historia (con mayúsculas) se entrelazan. Y la Historia, confirma Antonioli, “además de ser la única asignatura en la que sacaba buenas notas en el colegio, es también la dimensión fundamental para comprender quiénes somos y hacia dónde vamos. Te enseña respeto, calma y equilibrio”. Igual que cuando se trata de la restauración y conservación del patrimonio.

Cómo vivir en una villa del siglo XVIII en el XXI

Habría podido transformar por completo la residencia, como hizo con las espléndidas boutiques Antonioli en Milán, Lugano e Ibiza. Sin embargo, para el espacio más íntimo de su vida, Claudio prefirió preservar la atmósfera, las proporciones y los materiales originales. De la entrada imponente que conecta las dos alas de la villa, organizada en una planta en forma de U, hasta las escaleras extraordinarias que conducen a la planta principal, todo conserva el sabor de hace tres siglos.