Alo largo de los últimos años Pedro Sánchez se ha caracterizado, entre otras cosas, por intentar cuidar al máximo su relación con Marruecos. Desde el giro inexplicado sobre el Sáhara, hasta el empeño del Gobierno para exculpar al país vecino de la crisis de Ceuta, el presidente ha mantenido una actitud de connivencia con Rabat duramente criticada tanto por la oposición como por sus propios socios.
Por eso, sorprendió enormemente cuando Sánchez anunció en una entrevista, el pasado lunes, que Felipe VI viajará a Ceuta. La visita del jefe del Estado será interpretada por Rabat como una seria afrenta, ya que todavía reclama su «derecho histórico» sobre Ceuta y Melilla.
Y la pregunta que surge irremediablemente es la siguiente: ¿está Sánchez realmente preparado para asumir el coste de un viaje así?
El único antecedente que existe y que sirve para medir cómo podría ser la reacción de Marruecos tuvo lugar en noviembre de 2007, cuando Juan Carlos I visitó las dos ciudades autónomas y se desató el conflicto diplomático más grave entre los dos países desde el incidente de la isla de Perejil, que casi provoca una guerra.
La visita de Juan Carlos I fue precedida por una de Rodríguez Zapatero en enero y febrero de 2006. Se trataba de la primera vez que un presidente del Gobierno en el cargo se trasladaba hasta las ciudades autónomas desde Adolfo Suárez en 1980. El Ejecutivo español había estado evitándolo, igual que viajaran miembros de la Casa Real, ya que es Moncloa quien controla esa agenda, para no ofender a Marruecos. Sin embargo, la situación migratoria llevó al socialista a querer elevar la presencia del Estado en esos territorios.
En el marco de la visita de Zapatero, Juan Carlos I le trasladó al presidente que él también quería viajar a las dos ciudades, algo que se materializó el 5 y 6 de noviembre de 2007, coincidiendo con el aniversario de la Marcha Verde sobre el entonces Sáhara español.
Si en un primer momento el régimen marroquí calificó el viaje de Zapatero como «lamentable, inoportuno y provocador», el conflicto diplomático no acabó escalando en los momentos inmediatamente posteriores. Pero no sucedió lo mismo con el de Juan Carlos I, que sí que fue interpretado como una grave ofensa por Mohamed VI.
En los días previos a la visita, el entonces responsable de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, intentó calmar los ánimos restándole importancia a la visita e intentando hacerles ver que no se trataba de un agravio. Rabat mantuvo su «total rechazo y reprobación» ante la visita a unas ciudades «marroquíes y expoliadas».
El 2 de noviembre, mientras Moratinos estaba en Marruecos rebajando la tensión, Rabat elevó el nivel de la queja y llamó a consultas a su embajador en Madrid, Omar Azziman, por un tiempo indeterminado. El régimen combinó esa decisión con una fuerte presión a través de su Prensa, pidiendo a Juan Carlos I que no realizara la visita, y con miembros de su aparato político enumerando los distintos agravios que España había tenido con Marruecos.
Ya durante la visita del Rey el ambiente se caldeó con una manifestación y con altercados en la valla de Ceuta, instigados por las autoridades marroquíes. Pero el gran salto cualitativo llegó el día 7 de noviembre, cuando Mohamed VI entró formalmente en escena. El monarca alauí, que hasta entonces había estado guardando silencio, celebró un Consejo de Ministros después del cual se leyó un comunicado que las crónicas de la época describieron como más duro, incluso, que cuando se produjo el incidente de Perejil.
Uno de sus consejeros fue el responsable de leer el comunicado y, en él, Mohamed VI calificó la visita de Juan Carlos I como un «acto nostálgico y de una era sombría» que golpeaba «los sentimientos patrióticos sólidamente enraizados en todos los estratos del pueblo marroquí». Además, cruzó una línea que su padre, Hassan II, nunca había llegado a cruzar: pidió abrir una negociación sobre el futuro de Ceuta y Melilla.
Ese nivel de enfrentamiento con Marruecos es opuesto a la hoja de ruta que Pedro Sánchez ha estado manteniendo a lo largo de los últimos años y, al facilitar la visita de Felipe VI, estará enmendando esos esfuerzos por no molestar al país vecino que tan generosamente ha cuidado. De momento, Moncloa no ha informado sobre la fecha en la que tendrá lugar la visita, pero el presidente del Gobierno ya confirmó que se producirá, durante su comparecencia en el Congreso este pasado miércoles.