Desde que he llegado a Madrid, pongo programas de televisión para actualizarme después de un mes muy desconectada de todo, excepto el asunto «invasión de Ceuta» y, por lo tanto, invasión de España, y solo escucho tonterías y opiniones que resultan cansinas por repetitivas. Esta semana el Congreso de los Diputados con Pedro Sánchez jugando al juego de «vamos a contar mentiras tralará». ¿Recuerdan la canción? Pues eso. Era un sainete si no fuese tan grave.

El ridículo y caricaturesco personaje que tenemos de presidente debe creerse un «listillo» y nos trata a todos como si fuésemos auténticos imbéciles, y algo de razón tiene. Él es el típico perfil de tonto activo que engaña a otros muchos que le acompañan en este Gobierno fallido y a varios millones de ciudadanos que le votan. La sarta de barbaridad que escucho, como hace un momento a una tal A.Vidal, que era la primera vez que la veía en «Al Rojo vivo», diciendo que la solución era enviar a todos los invasores magrebíes a la península, que la culpa de todo la tiene la insolidaridad de la derecha que no los quiere acoger.

Tengo una idea que no entiendo cómo no se le ha ocurrido a nadie y se termina la invasión en 24 horas. Se solicitan 80.000 voluntarios en situación muy precaria para que ocupen los jardines de la residencia del presidente en Moncloa. Tienen muchas entradas por donde colarse y trepar. Nadie les puede hacer nada. Al fin y al cabo, solo invaden un jardín, ni siquiera vivienda y todos sabemos que en España no parece ser delito la ocupación de las casas de otros ciudadanos , mucho menos los jardines que pagamos todos.

Sánchez que es tan humano y solidario con los marroquíes será mucho más con sus conciudadanos españoles, y se enteraría por lo que están pasando otros invadidos cuando llegue Cruz Roja a repartir comida. Que hagan sus necesidades en su paraíso y sus hijas no puedan salir de casa tranquilas. Esto es solo una idea, una pequeña idea que sé que no se cumplirá, pero sería muy divertido ver cómo reacciona este Gobierno tan comprensivo e inactivo con los que invaden otras casas.

En nuestra España la vida sigue y a veces nos sorprende con una belleza que nos paraliza y llena nuestro espíritu de paz y serenidad. Eso ocurrió ayer en el Teatro Real de Madrid. La orquesta del Festival de Bayreuth dirigida por el granadino Pablo Heras-Casado nos hizo sumergirnos en un mundo lírico excepcional a través de fragmentos y escenas de «El anillo del nibelungo», de Richard Wagner. ¡Qué intensidad! Qué belleza de interpretación y dirección en esas historias de la mitología alemana cantadas por voces sublimes como la soprano Catherine Foster, el tenor Klaus Florián Vogt o el barítono bajo Nicolás Brownlee. Es uno de los mejores conciertos que he escuchado en mi vida. La directora artística del prestigioso Festival de Bayreuth es Katharina Wagner, una biznieta de Wagner.

Podemos sentirnos muy orgullosos de Heras-Casado. Tiene una forma de dirigir con tanta emoción y energía que no hay palabras para explicarlo. Como curiosidad le cuento que estuvo casado con Anne Igartiburu. Fue una preciosa historia de amor y tuvieron un hijo varón que ayer estaba escuchando a su padre.

Disfrutemos de la vida y de estos pequeños regalos. Feliz vuelta a la rutina, que es la vida normal.