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La bacteria Yersinia pestis ya causaba estragos milenios antes de las epidemias medievales. La devastadora Peste Negra diezmó a la mitad de la población del continente en el siglo XIV. De hecho pensábamos que grandes epidemias como esta necesitaban un caldo de cultivo muy específico: ciudades densamente pobladas, agricultura y la convivencia estrecha con animales domésticos. Pero este reciente descubrimiento echar por tierra el primer capítulo escrito de las pandemias.
Un equipo internacional de investigadores ha hallado evidencias del brote de peste más antiguo conocido hasta la fecha. Ocurrió hace unos 5.500 años entre pequeñas comunidades nómadas de cazadores-recolectores en la gélida región del lago Baikal, en Siberia.
El enigma de las tumbas infantiles en el lago Baikal
En las fosas de los antiguos cementerios a orillas del río Angara, al noroeste del lago Baikal, que datan de la Edad de Piedra tardía, había una cantidad inusualmente alta de esqueletos infantiles. Muchos de estos niños, de entre 8 y 11 años, estaban enterrados en fosas comunes junto a sus padres o hermanos, lo que sugería muertes repentinas y simultáneas.

Al extraer y secuenciar el ADN antiguo de la pulpa dental de 46 individuos en cuatro cementerios distintos, los genetistas, liderados por Ruairidh Macleod de la Universidad de Oxford y Eske Willerslev de la Universidad de Copenhague, encontraron al asesino invisible: Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste, según exponen en su estudio publicado en la revista Nature.
Casi el 40 % de los individuos analizados (18 de 46) dieron positivo en esta bacteria. Esta tasa de detección es incluso superior a la de algunas fosas comunes de la Edad Media; sí, hasta ese punto. Una prevalencia tan alta no se observó ni siquiera en lo peor de la Peste Negra en la Edad Media. Incluso en una de las tumbas se percibe la tragedia familiar con el hallazgo de tres niñas pequeñas (dos hermanas y una prima) que fueron enterradas juntas, víctimas del mismo brote fulminante.

R. Macleod et al. 202
Marmotas: el insospechado origen del primer brote de peste
Si no había ciudades ni ratas, ¿cómo se propagó la peste entre estos cazadores-recolectores? La clave está en la fauna local. La región del Baikal es el hogar de las marmotas siberianas, grandes roedores excavadores que, aún a día de hoy, siguen siendo un reservorio natural de la peste.
Los investigadores sugieren que estos antiguos roedores de Siberia infectaron a estos individuos al cazar, despellejar o incluso consumir marmotas crudas. A diferencia de los agricultores del Neolítico, los cazadores-recolectores estaban en contacto constante con especies salvajes y, una vez que la bacteria saltó del animal al humano (un fenómeno conocido como zoonosis), se transmitió de persona a persona, probablemente a través de gotitas respiratorias, causando la variante neumónica de la enfermedad, que es extremadamente contagiosa y letal.
«Hemos encontrado el genoma de la peste más antiguo identificado hasta la fecha», explicó Eske Willerslev, profesor de las universidades de Copenhague y Cambridge y autor principal del estudio.
Una bacteria letal sin necesidad de pulgas
Desde el punto de vista microbiológico, se trata de un descubrimiento notable, ya que, hasta hace poco, se creía que las cepas más antiguas de Yersinia pestis eran relativamente benignas porque carecían del gen ymt. Este gen es fundamental para que la bacteria sobreviva en el intestino de las pulgas, el vector clásico de la peste bubónica.

Vladimiri Bazaliiskii
Al carecer de este gen, la cepa siberiana no podía transmitirse eficazmente a través de las picaduras de pulga. Sin embargo, los análisis genómicos revelaron un as en la manga de este patógeno: un «superantígeno», una toxina genética, ausente en las cepas históricas posteriores, capaz de desencadenar una respuesta inmunitaria extrema y desproporcionada en el huésped sin necesidad de pulgas.
Esta tormenta inflamatoria explica la altísima letalidad del brote, especialmente entre los niños, cuyos sistemas inmunológicos en desarrollo siempre son más vulnerables. Probablemente debieron haberse infectado por contacto directo con una marmota infectada y luego entre ellos mismos. Por tanto, se trataba de peste neumónica, la forma más grave, que se transmite por el aire.
Con todo, este hallazgo retrasa la evidencia de la peste en varios siglos, evidenciando que las epidemias más devastadoras no están asociadas a la civilización ni al sedentarismo. Los patógenos letales ya acechaban también en la prehistoria.