Son muchos los equipos en todo el mundo que están buscando como frenar el envejecimiento. No tanto por descubrir la inmortalidad o la eterna juventud, sino porque los años finales de vida, se vivan con más salud y menos fragilidad y dependencia. En este contexto, un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha identificado uno de los mecanismos que alteran la producción de células sanguíneas durante el envejecimiento.
La investigación, publicada en Nature Aging, revela que un subtipo de linfocitos T se acumula en la médula ósea con la edad y favorece la producción de neutrófilos, células esenciales para defender el cuerpo frente a infecciones, pero también implicadas en procesos inflamatorios. Hasta ahora se conocía que el entorno de la médula ósea cambia durante el envejecimiento, pero en concreto el papel de los linfocitos T en este proceso era poco conocido.
La investigación ha sido llevada a cabo con ratones, donde el estudio ha descubierto que «a diferencia de lo que ocurre en sangre, bazo o ganglios linfáticos, en la médula ósea de los ratones viejos se acumulan de forma muy significativa las células T CD4+ citotóxicas. Estas células, que apenas están presentes en animales jóvenes, llegan a representar más de un 25% de los linfocitos T CD4+ de la médula ósea en animales viejos”, según explica María Mittelbrunn, investigadora del CSIC en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y directora del grupo que ha liderado el estudio.
Los investigadores comprobaron que estas células no solo se acumulan con la edad, sino que contribuyen directamente al desequilibrio. “El estudio ha identificado también el mecanismo responsable. Las células T envejecidas acumulan alteraciones en sus mitocondrias, las estructuras encargadas de producir energía. Esto activa un sistema de alarma celular que induce la producción de CCL5, una molécula implicada en la comunicación celular y la inflamación”, señala a su vez Enrique Gabandé-Rodríguez, investigador del CSIC en el CBM y primer autor del trabajo.
El posible uso
“Lo más interesante es que las células madre hematopoyéticas y los progenitores mieloides expresan más CCR5, el receptor de CCL5, a medida que envejecen, de modo que el sistema se vuelve cada vez más sensible a esta señal inflamatoria con la edad”, apunta Gonzalo Soto-Heredero, coautor del estudio.
Tras este descubrimiento, los investigadores probaron si podían revertir el efecto usando un fármaco que bloquea precisamente el receptor CCR5 y que está aprobado para el tratamiento del VIH. Trataron a ratones viejos durante un mes y observaron una reducción de la producción de células de línea mieloide, que aumentan con la edad y la disminución en la inflamación en órganos como el pulmón y el hígado. Asimismo, mejoraron distintos parámetros relacionados con el envejecimiento, como la fuerza muscular, la coordinación y algunos indicadores metabólicos.
Al mismo tiempo, el tratamiento no produjo efectos significativos en ratones jóvenes, lo que sugiere que actúa específicamente sobre alteraciones asociadas al envejecimiento. Según los científicos, los resultados abren la puerta a investigar el bloqueo de CCR5 como posible estrategia frente a algunas alteraciones relacionadas con la edad. El paso siguiente sería tratar de reproducir estos resultados en un ensayo clínico con humanos.
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