Por Valdepeñas de Jaén, después de superar una rampa que parece que lleve a la luna si no está de eclipse, los ciclistas pasan como estatuas sudadas. Si mueven la cabeza salta el sudor. No hay nadie que ponga buena cara, aunque vista de rojo, como Enric Mas, cada vez más líder, ni que lo haga con el traje de su equipo, el Tudor, como el alemán Marco Brenner, que da la sorpresa en la cumbre de la Sierra de la Pandera.
Quien tiene un amigo que se llama Raúl García Pierna dispone de un tesoro. El Movistar se mueve a ritmo de táctica, la que prepara ‘Rojillas’, José Joaquín Rojas, el eterno ayudante de Alejandro Valverde, cuando ambos eran corredores. Ahora el director principal y el que hace las estrategias del conjunto de Telefónica en la Vuelta.
Hijo de ciclista
García Pierna, hijo de ciclista, su padre es Félix García Casas, que corrió a finales del siglo pasado, es madrileño y de Tres Cantos, camino de la sierra, con buen terreno y carril bici supersónico y famoso en todo Madrid para entrenar y convertirse en el gregario de oro de Mas, que araña otros 25 segundos a Primoz Roglic, que ya lo tiene a 2.10 minutos y que supone una renta descarada para afrontar con seguridad la contrarreloj del próximo jueves en Jerez, el punto negro que le queda al ciclista mallorquín para ganar la Vuelta.
Por Valdepeñas de Jerez, donde la carrera ha instalado una especie de meta ambulante para sus invitados porque arriba no caben todos, García Pierna pasa en la fuga, donde va el ganador, y en la que se ha colocado para desengancharse al final y echarle una mano a Enric, que nunca viene mal.
Su mala cara es terrible, sudado hasta las cejas, le cae agua por las piernas, marcas blancas en el ‘maillot’ y ojos perdidos, como ponen todos, el calor los está matando y en las cunetas, para refrescar a los corredores, parece que haya más auxiliares que seguidores.
La ausencia y renovación de Pogacar
El Movistar no es el UAE. No está Tadej Pogacar, por desgracia. Es el que comunica desde Mónaco que ya no correrá más este año y que ha renovado hasta 2032 por su equipo. Tendrá 34 años. Y como el conjunto español no es el árabe deja que las fugas fructifiquen. Son escapadas para colocar peones que le sirvan a la reina del tablero para dar el jaque, tal vez incluso mate, a Roglic y para ayudarlo cuando el esloveno, el mejor en la ‘crono’, se queda vacío y acaba cediendo la segunda plaza a Felix Gall.
Mas ya tiene un colchón para dormir tranquilo y para empezar a ver que ganar la Vuelta es algo más que un sueño. “Sacarle tiempo a Roglic supone tranquilidad y debo dar las gracias a todo mi equipo, a Raúl, al resto de corredores y a los auxiliares que se desviven por nosotros”, resume el líder que justifica que aguanta el calor porque “soy mallorquín y desde pequeño he estado horas y horas al sol”.
Moreno y feliz circula por esta Vuelta. Controla a Felix Gall, el austríaco que fue segundo en el Giro y que ahora ocupa idéntica plaza en la Vuelta. El día que acelera con cabeza, Mas se engancha a su rueda y cuando lo hace cede Roglic. Ese es el instante para que García Pierna le preste la rueda, acelere para herir al esloveno y también para que no se suelte de Gall en el momento en el que parece separarse en exceso de la rueda del austríaco.
En la meta sufre Lora, la mujer de Roglic, que ha llegado a la Vuelta para animar a su marido. La felicidad de Mas se transforma en preocupación para los que están al lado del ciclista esloveno. En la llegada se abrazan Mas y García Pierna. El Movistar es una piña. Bajando del puerto se enteran de que la 15ª etapa, que se disputa este domingo, ha quedado recortada a 110 kilómetros porque las previsiones indican que la temperatura no bajara en todo el día de 40 grados. Transpira la Vuelta, aunque no se queje Enric Mas.
Fuente: El Periódico