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El ciclista mallorquín mantiene un estrecho vínculo con Artà, uno de los municipios con más personalidad del noreste de Mallorca, donde la naturaleza, el patrimonio y la tranquilidad mediterránea se encuentran lejos de los grandes núcleos turísticos de la isla.
“Es impresionante veros desde aquí y el apoyo que me dais”. Con estas palabras, pronunciadas en el anfiteatro de Na Batlessa en Artà ante una multitud de vecinos, Enric Mas puso de manifiesto la relación especial que mantiene con esta localidad mallorquina.
Más allá de su carrera deportiva, Artà representa para el ciclista uno de esos lugares ligados a sus raíces y a su vida personal. Un municipio que permite descubrir una Mallorca diferente, marcada por los paisajes de la sierra de Artà, las construcciones tradicionales, los caminos rurales y una costa donde todavía sobreviven algunos de los rincones más naturales de la isla.
Un pueblo entre montañas y Mediterráneo
Artà se encuentra en el extremo nororiental de Mallorca, rodeado por un paisaje en el que las montañas y el mar están siempre presentes. El municipio conserva un marcado carácter tradicional. Sus calles, plazas y edificios de piedra forman un conjunto que invita a recorrer el pueblo a pie y descubrir una arquitectura estrechamente vinculada a la historia de la isla.

La tranquilidad es uno de sus grandes atractivos. Frente a otras zonas de Mallorca caracterizadas por una intensa actividad turística, Artà mantiene un ritmo más pausado, especialmente fuera de los meses de mayor afluencia.
Pasear por su centro histórico permite acercarse a esa Mallorca de casas de piedra, pequeños comercios y terrazas en las que la vida cotidiana continúa siendo una parte esencial del paisaje urbano.
El santuario que domina la localidad
Uno de los lugares imprescindibles de Artà se encuentra en lo alto de una colina. Allí se levanta el recinto amurallado de Sant Salvador, uno de los grandes símbolos del municipio.
La fortificación rodea un conjunto en el que destaca la iglesia de Sant Salvador y desde el que se obtiene una amplia panorámica sobre Artà y el territorio que la rodea.
La subida hasta este punto es también una de las mejores maneras de comprender la ubicación privilegiada del municipio. Desde las alturas, el paisaje se abre hacia las montañas y las extensiones de vegetación mediterránea que caracterizan el noreste de Mallorca.
El conjunto histórico, además, recuerda la importancia que tuvo Artà a lo largo de los siglos y se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la localidad.
Un territorio para descubrir a pie
Una de las céntricas calles de Artà © iStock
La naturaleza es otro de los grandes motivos para acercarse hasta Artà. El municipio se encuentra junto al Parque Natural de la Península de Llevant, uno de los espacios protegidos más interesantes de Mallorca.
El parque reúne una gran variedad de paisajes mediterráneos, con senderos que atraviesan bosques, montañas y zonas de costa. Es un territorio especialmente atractivo para quienes disfrutan del senderismo y de las rutas al aire libre.
Aquí la isla adquiere una dimensión diferente. Los caminos permiten alejarse de los centros urbanos y descubrir un paisaje en el que predominan la vegetación, las formaciones rocosas y las vistas sobre el Mediterráneo.
Para un lugar relacionado con un ciclista profesional como Enric Mas, el entorno de Artà ofrece además un escenario especialmente vinculado al deporte al aire libre. Las carreteras secundarias y los paisajes de la zona forman parte de esa Mallorca interior que tantos aficionados recorren sobre dos ruedas.
Calas de aguas cristalinas
La costa completa el atractivo natural de Artà. El litoral del municipio conserva algunos de los rincones más espectaculares y menos urbanizados de la isla.
Entre ellos destacan Cala Torta, Cala Mitjana y Cala Estreta, pequeñas calas rodeadas de naturaleza donde el agua transparente contrasta con los tonos ocres de las rocas y el verde de la vegetación mediterránea.
Son espacios que permiten disfrutar de una Mallorca más tranquila, especialmente fuera de la temporada alta. Algunas de estas calas requieren caminar por senderos para llegar hasta ellas, pero precisamente esa dificultad contribuye a conservar su carácter natural. El recorrido por la costa también permite descubrir acantilados, pequeñas playas y paisajes en los que el Mediterráneo adquiere todo el protagonismo.
La Mallorca más tradicional
Artà también mantiene vivas algunas de las tradiciones que forman parte de la identidad mallorquina. El mercado semanal, celebrado en el centro de la localidad, es uno de los mejores lugares para observar el ritmo cotidiano del municipio y descubrir productos locales y artesanía.
La gastronomía es otro de los elementos que permiten acercarse a la cultura de la isla. Los productos de proximidad y las recetas tradicionales forman parte de una cocina que, como ocurre en buena parte de Mallorca, está estrechamente ligada al territorio.