
05/09/2026 a las 17:48h.
Ironías del destino, hace prácticamente una década un joven e imberbe pívot norteamericano moldeado en Marquette aterrizaba en Gran Canaria para disfrutar de su primera experiencia fuera de Estados Unidos. No había tenido la fortuna de ser drafteado, por lo que no dudó en probar los cantos de sirena del Viejo Continente.
No obstante, en aquel equipo en alza, se topó -con apenas 22 años- con una competencia casi imposible en el juego interior: debía ganar minutos ante el internacional Pablo Aguilar, el dominicano Eulis Báez, el checo Ondrej Balvin y el letón Anzejs Pasecniks. Sin embargo, poco a poco se fue ganando méritos y minutos en una plantilla que, dirigida por Luis Casimiro, acabaría jugando el año siguiente la Euroliga.
No tenía el pedigrí de sus compañeros de rol, pero sí las ganas, la disciplina y la testiculina suficiente para maximizar su rendimiento. Con su importante movilidad pese a sus 2,11 metros de humanidad, firmó encuentros reseñables pese a que el caviar solía quedar reservado a otros jugadores del plantel claretiano. De hecho, sus promedios en la gran competición continental eran bastante modestos: 3,6 puntos, 2 rebotes y 8 minutos y medio por encuentro. Pero cuando se elevaba el caché del rival, Fischer mejorara considerablemente sus prestaciones. De hecho, sus mejores encuentros fueron ante contrincantes de la vitola de Panathinaikos -10 puntos y 6 rebotes en apenas 14 minutos- o del Fenerbahce -otros 8 puntos, 4 rechaces y 11 de valoración-.

FIscher, en primer plano, celebrando en el vestuario un triunfo con el equipo amarillo.
(CBGC)
Las lesiones entonces se cebaron de aquel joven de Wisconsin. En noviembre de 2018 sufrió, en este sentido, una rotura fibrilar de siete centímetros en el músculo semimembranoso de los isquiotibiales precisamente tras un encuentro de Euroliga. Fue poco más de un mes de convalecencia, pero también es cierto que, entre las numerosas rotaciones del entonces Herbalife, Fischer no llegó a contabilizar 20 minutos de juego en in un solo encuentro esa temporada. De hecho, sería precisamente en ese encuentro ante el Fenerbahce otomano (derrota por 64-82) donde estuvo más tiempo sobre el parqué en toda la temporada: un total de 18 minutos.
Arriba, sellando un mate con la camiseta del Granca. Abajo, a la izquierda, posando con la camiseta del Real Betis y a la derecha, acechando con el tapón ante Nico Brussino, ya entonces Fischer con la indumentaria del Burgos..
(ACB)
Al terminar aquella temporada, en la que se rozó la esquizofrenia deportiva -se pasó de la gloria de codearse con la élite europea para acabar sufriendo por la permanencia- y se contó con la dirección de hasta tres técnicos (Salva Maldonado, Víctor García Guadarrama y Pedro Martínez), Fischer hizo las maletas rumbo a Alemania, enrolándose en el Würzburg. Posteriormente pasaría al basket galo -Orleans, Nanterre y Nancy- antes de volver a España, a través del Real Betis Baloncesto (2023) y el San Pablo Burgos (23-26).

«Siempre tuve la sensación de que algún día volvería a la isla para jugar en este equipo»
Fischer
Jugador del CB Gran Canaria
Cuando volvió a medirse la temporada pasada al Gran Canaria con la camiseta burgalesa, el cambio físico y deportivo era más que evidente. El equipo de Lakovic se topó con un experimentado muro, con barba rubia algo ajada, pasaporte armenio y 31 años de picardía adquiridos entre tanta picaresca que destila el parqué ibérico. En el Gran Canaria Arena firmó uno de sus mejores encuentros, endosándole a los amarillos 15 puntos, 6 rebotes, un tapón y triunfo para la huchaca (95-109) que dejó secuelas más que serias. Y en tierras castellanas, la película fue similar: otros 9 tantos, 3 rebotes y victoria para mayor agonía (94-81).
La imagen de Fischer, exultante tras retornar a la isla una década después.
(Miguel Henríquez)

«No tenía hijos en la anterior etapa. Estaba deseando que conocieran la isla, que ha significado mucho para mí»
Fischer
Jugador del CB Gran Canaria
Casi 10 años después, Fischer vuelve a la isla en la que se dio a conocer en Europa. Él mismo lo reconoció al llegar al aeropuerto de Gando. «Siempre tuve la sensación de que algún día volvería a la isla para jugar en este equipo. Siempre ha significado mucho para nosotros, y estamos encantados». Lo dice en plural, porque ahora es marido y padre de dos hijos. «No tenía niños cuando estuve aquí. Estamos deseando que mi hija y mi hijo conozcan la isla». El último eslabón de aquel Granca de Euroliga ya está aquí. Su importancia va más allá de los números ya que Fischer puede amoldarse a cualquier escenario, ecosistema y realidad. Todo un comodín para Bruno Savignani.

Su primer amistoso tras volver al Granca fue ante La Laguna Tenerife en la isla vecina.
(CB Canarias)