La guerra que Ucrania libra contra la invasión rusa ha acelerado un cambio en el Ejército de Tierra. Tras adjudicar en 2025 sus primeros kits FPV por 296.718 euros, Defensa ha licitado este año otros dos contratos de instrucción por más de un millón. La experiencia del frente llega a España mientras Marruecos fabrica al sur del Estrecho el dron de ataque SpyX.

En febrero de 2022, el mundo asistió a la lucha de un país que se negaba a desaparecer bajo las columnas rusas. La defensa la sostuvieron los ucranianos, con un coste humano que todavía sigue creciendo. La inteligencia, las armas y las municiones enviadas por sus aliados ayudaron a frenar la ofensiva sobre Kyiv. A comienzos de abril, Rusia se retiró del norte tras fracasar en su intento de tomar la capital. La guerra siguió en el este y el sur y se ha mantenido hasta hoy en día.

Aquella resistencia también abrió un laboratorio impuesto por la necesidad de sustituir hombres en el frente por tecnología. Los pequeños drones comerciales se adaptaron para observar, corregir el fuego y atacar. Después llegaron los FPV, aparatos que el operador pilota a través de la imagen de una cámara y que pueden portar una carga explosiva. Su bajo precio permite emplearlos en cantidades que obligan a dispersar vehículos, ocultar puestos de mando y cubrir trincheras con redes.

La respuesta técnica cambia casi cada semana. La guerra electrónica corta el enlace de radio, pero los nuevos FPV guiados por fibra óptica conservan la señal. La versión rusa de los «shahed» golpea ciudades; Ucrania fabrica drones interceptores para cazarlos. Y las plataformas terrestres llevan munición, evacuan heridos, colocan minas o se acercan a posiciones demasiado expuestas para una persona.

Prácticamente en tiempo real, los dos contendientes tratan de sobreponerse a su rival a la vez que perfeccionan su defensa contra sistemas que están causándoles grandes daños.

Las cifras oficiales dan la escala. El Ministerio de Defensa ucraniano aseguró en junio que sus vehículos terrestres no tripulados habían cumplido más de 50.000 misiones logísticas y de evacuación desde enero. En los primeros meses de 2026 autorizó 50 modelos nacionales nuevos, casi tantos como los 60 aprobados durante todo el año anterior. Cada viaje de una máquina a la línea de contacto evita exponer a un soldado.

España ha sacado sus propias conclusiones. El Ejército reunió el 9 de octubre de 2025 en la Academia de Aviación del Ejército de Tierra, en Colmenar Viejo, a los mandos encargados de crear la Escuela Práctica de sistemas aéreos no tripulados (UAS) FPV. La enseñanza se divide en tres peldaños: instructores de la academia, instructores de unidad y operadores.

El pasado 19 de diciembre llegaron las primeras jornadas entre instituciones. Participaron el Ejército de Tierra, la Armada, la Unidad Militar de Emergencias (UME) y el Cuerpo Nacional de Policía. En marzo, la Unidad Logística 24 enseñó en Melilla el funcionamiento, la configuración y el mantenimiento de estos aparatos a personal de la Comandancia General.

La Brigada «Galicia» VII llevó la práctica más lejos en mayo. Sus jornadas «Azor Flight I/26», celebradas en el acuartelamiento de Cabo Noval, sumaron 80 horas de conocimiento sobre una tecnología relativamente nueva. Los militares montaron drones desde cero, los configuraron, aprendieron a volarlos y practicaron su neutralización mediante varios sistemas, entre ellos escopetas. El Ejército atribuye a esos FPV un alcance de entre 10 y 12 kilómetros sin repetidores.

Como siempre, hacen falta medios. El Mando de Apoyo Logístico adjudicó el 21 de noviembre de 2025 a A Paukner los primeros kits de formación por 296.718 euros. En junio de este año 2026 abrió con carácter urgente una segunda fase valorada en 692.644 euros. Un mes después licitó otros 356.033 euros para dotar un módulo de instrucción de nivel batallón. Los dos expedientes de este año suman 1,04 millones.

El vecino del sur

La mirada española tampoco termina en Ucrania. En Benslimane, a 35 kilómetros de Casablanca, BlueBird Aero Systems, participada por Israel Aerospace Industries, fabrica el SpyX con transferencia de tecnología y técnicos marroquíes formados en Israel. Es munición merodeadora: puede permanecer en el aire hasta localizar el blanco y precipitarse sobre él. El fabricante declara 50 kilómetros de alcance, hasta dos horas de vuelo y una cabeza de guerra de 2,5 kilos.

El dato pesa más tras la entrada masiva registrada en Ceuta el pasado 30 de julio que ha tensado las relaciones hispanomarroquíes a un punto muy elevado.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, viajó a la ciudad el 12 de agosto y advirtió: «Ni a Ceuta ni a Melilla se les toca; cualquier agresión a Ceuta y a Melilla es a España en su conjunto». Nueve días después, el ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, reivindicó un «derecho histórico y geográfico» sobre ambas ciudades. Exteriores trasladó a Rabat su «rechazo tajante». La planta de Benslimane no demuestra la existencia de un plan marroquí contra España, pero introduce, eso sí, una capacidad industrial militar nueva en una relación vecinal sometida a tensión. Desde el Ejército de Tierra hablan ya de una futura «franja robótica» en la que el contacto principal será con sistemas no tripulados.