Dicen que el duelo ante un suceso traumático tiene varias fases, que empiezan por la negación, pasa por la ira, la negociación, la depresión y acaba en la aceptación. Cada zaragocista sabrá en qué punto está tras el impacto del descenso de la temporada pasada, pero ayer todos se tuvieron que enfrentar con el reencuentro con el lugar de los hechos. El Real Zaragoza volvía al Ibercaja Estadio para vivir por primera vez en casa lo que es esto de jugar fuera del fútbol profesional. Todo era un poco nuevo. El inhóspito territorio en el que se ha metido tuvo su primera aventura en campo propio ante el Antequera, en una noche bochornosa por la temperatura y la humedad, que en algún momento pareció que lo sería también por el resultado.