Una casa de pueblo, sin firma de autor y con cierto estilo rústico ibicenco en Vallvidrera, allí donde Barcelona deja de ser ciudad y empieza a ser bosque, y un encargo: crear un interiorismo muy arraigado a la tierra y a la tradición catalana y española utilizando materiales locales sin renunciar a un ambiente contemporáneo y cálido. “La fachada, realizada con acabados de cal y cemento en tonos blancos, ya generaba una atmósfera claramente mediterránea. Por eso tenía todo el sentido continuar esa ‘piel exterior’ en el interior de la vivienda, reinterpretándola de una manera más refinada”, explica el interiorista Alex March. 

La planta inferior reúne un estudio amplio, un dormitorio y un baño. Arriba, el salón, el comedor y la cocina conviven con una segunda habitación y otro baño, hasta llegar a una terraza que conecta la casa con el paisaje de Collserola. La distribución de sus 210 metros cuadrados busca que los espacios se abran unos a otros y que la luz entre desde distintos ángulos a lo largo del día.

Silla de seis patas Onírica y mesita Ovalisa, de GalarïnaSilla de seis patas Onírica y mesita Ovalisa, de GalarïnaDaniel Schafer

El aire setentero del proyecto responde en gran medida a la memoria sentimental de March: “Nací en los años setenta y creo que eso influye inevitablemente en mi trabajo. También considero que fue una época extraordinaria desde el punto de vista creativo. Si las vanguardias de principios del siglo XX fueron fundamentales, los 60 y 70 me parecen espectaculares en diseño de mobiliario, cerámica y artes aplicadas”. 

Tapiz de fibra de Marc Orduña y lámpara de Mar Ciela (@ciela.mar)Tapiz de fibra de Marc Orduña y lámpara de Mar Ciela (@ciela.mar)Daniel Schafer

De ahí que la cerámica tenga un papel fundamental en la vivienda. March recupera el lenguaje de los murales cerámicos de los años setenta y lo traduce en piezas artesanales, realizadas a mano y a medida para cada estancia. El resultado es un revestimiento que aparece repetido en distintos puntos de la casa y que aporta textura y variación cromática: tonos dorados y plateados, especialmente complejos de producir, combinados con madera natural. La luz, cambiante según la hora, incide directamente sobre estas superficies y modifica su apariencia.

Cada pieza se produjo por encargo, lo que permitió ajustar formato y color a la superficie concreta que debía cubrir, en lugar de partir de un catálogo cerrado. Esa condición artesanal implica también tiempos de producción más largos y un margen de irregularidad –variaciones de tono, ligeras diferencias entre piezas– que realzan el proyecto. El maestro ceramista no es otro que Julio Bono, hijo del autor del mismo nombre, responsable de numerosos murales cerámicos presentes en portales y fachadas de edificios, como el de la estación de Sants de Barcelona, hoy en el Museu del Ferrocarril de Catalunya.

Cerámica artesanal realizada por Julio Bono (A4 Ceramic)Cerámica artesanal realizada por Julio Bono (A4 Ceramic)Daniel SchaferYo creo que tengo un poco de esas dos partes: el ‘seny’ y la’ rauxa’”En el dormitorio, cabecero de cerámica y lámpara OvalisaEn el dormitorio, cabecero de cerámica y lámpara OvalisaDaniel Schafer

En la casa conviven objetos con historia, como la silla Olot de Jordi Vilanova y una reinterpretación de la silla catalana de seis patas, desarrollada por la firma Galarïna, marca de la que March es cofundador y director creativo.

Para entender la forma de trabajar de Alex March, seleccionado por varias publicaciones nacionales e internacionales entre los 100 mejores diseñadores del momento, basta con repasar su biografía. Su abuelo editaba libros de arte, su abuela era anticuaria y su padre, galerista, así que pasó su infancia rodeado de arte y trabajó con su padre hasta que abrió su propia galería, que llamó Escuela de París, con 20 años.

Una terraza conecta la casa con el paisaje de CollserolaUna terraza conecta la casa con el paisaje de CollserolaDaniel Schafer

Estudió Interiorismo y dirección artística y trabajó en agencias de branding y productoras de cine y publicidad antes de dedicarse por completo al interiorismo. Desde el 2010 se centra en el diseño de interiores y de mobiliario con su estudio en el Poblenou. Entre sus referentes, figuras tan dispares como Philippe Starck, Ilse Crawford, Alvar Aalto o Miquel Barceló. “Me interesan muchas cosas y, sobre todo, me interesa lo mejor de cada una de ellas. De Starck admiro muchísimo su valentía. A lo largo de las diferentes épocas ha mantenido siempre una actitud de búsqueda y propuestas muy disruptivas y a mí la disrupción me atrae mucho. Crawford o Aalto representan una sensibilidad más conectada con la naturaleza, una forma más serena y suave de entender el diseño. Y luego está la locura expresiva de Miquel Barceló. Yo creo que tengo un poco de esas dos partes: el seny y la rauxa”, asegura.

Begoña Corzo Suarez