La derrota del Real Madrid ante el Real Betis en La Cartuja ha reabierto ciertas dudas en el madridismo. No porque el equipo de Mourinho hiciera un mal partido: el Madrid tuvo argumentos para ganar, generó ocasiones, dominó durante muchos tramos y terminó marchándose sin marcar. Mbappé tuvo el empate en un penalti en el descuento y tanto el francés como Vinicius o Huijsen tuvieron ocasiones muy claras.

“No sé por qué hemos perdido”, explicaba Mourinho después. El problema del partido no es solamente el resultado, es que parece que vuelven fantasmas del pasado.

Mourinho tras la derrota ante el Betis

Mourinho tras la derrota ante el Betis / EFE

El Madrid empieza la liga ganando, las piezas parecen encajar, las estrellas aparecen y durante unas semanas parece que las preguntas de siempre han desaparecido. Hasta que llega el primer examen serio. Sucedió el año pasado en el derbi y este año, por ahora, en el partido ante el Betis, si bien en este caso la imagen del equipo fue mucho mejor. Las dos preguntas de siempre salen a la luz de nuevo: ¿Quién organiza el juego? ¿Son compatibles las tres estrellas?

Centro del campo bajo sospecha

Camavinga y Valverde repitieron en el centro del campo y su papel volvió a sembrar dudas. El francés tiene cualidades para ser un jugador muy completo, pero sus desconexiones y su inexplicable dificultad a la hora de ejecutar ciertos gestos técnicos le convierten en un jugador muy irregular.

El uruguayo plantea una cuestión distinta. En la base de la jugada nunca ha brillado. Su fútbol aparece con mucha más naturalidad cuando el partido se rompe, cuando tiene metros para correr o cuando está desplazado a la banda. El Madrid necesita jugadores que quieran la pelota y participar en esa zona y Fede Valverde, lejos de ofrecerse, parece esconderse en muchas fases del juego.

Fede Valverde trata de marcharse de Dotor.

Fede Valverde no es capaz de aportar en ataque posicional / Chema Moya (EFE)

Y ahí vuelve la pregunta que el Madrid decidió no resolver en el mercado: ¿quién gobierna el centro del campo cuando el partido exige pausa, control y circulación? Tras no fichar a Rodri, la respuesta parece que vuelven a ser las individualidades, como un Arda Güler que se echó al equipo a la espalda.

El debate más incómodo: las tres estrellas

Mbappé, Vinicius y Bellingham son demasiado buenos como para poner en duda su talento, pero el problema con ellos nace de su compatibilidad y de la condición de intocables que parecen haber adquirido dentro del club.

Contra el Betis, el Madrid dispuso de muchas ocasiones. Mbappé, que por momentos parece tener una facilidad para ver puerta pasmosa, es también el jugador que más ocasiones claras falla de todo el campeonato. Cuando no tiene el día, el equipo, que depende mucho de sus goles, lo paga caro.

Vinicius protesta al árbitro durante el partido del Real Madrid ante el Betis en la primera derrota blanca de la temporada

Vinicius protesta al árbitro durante el partido del Real Madrid ante el Betis en la primera derrota blanca de la temporada / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

Vinicius tampoco está cerca de la versión que convirtió su fútbol en diferencial. Sigue teniendo recursos para cambiar un partido en una jugada, pero lleva demasiado tiempo dejando la sensación de que participa menos de lo que debería y siendo mucho menos determinante. Su reciente renovación, además, le garantiza un papel jerárquico que no se ve reflejado sobre el campo.

En el caso de Bellingham, el inglés venía siendo uno de los futbolistas más importantes y en mejor forma de todo el equipo, pero ante el Betis volvió a demostrar que le falta cierta regularidad en sus actuaciones. Se le vio cansado y, sin posibilidad de encontrar zonas de remate, su fútbol pierde mucho.

Los intocables

Los tres futbolistas condicionan al equipo y al entrenador más de lo que deberían. La prueba la encontramos en el cambio de Arda Güler que realizó Mourinho ante el Betis. Está claro que el turco, que estaba siendo mejor, tenía una tarjeta amarilla, pero la pregunta es si el portugués hubiera actuado igual en caso de que la cartulina la tuviera alguno de los otros tres atacantes. Güler estaba aportando mucho más que algunas estrellas, pero era el cambio fácil de cara a mantener el vestuario en calma.

No importan los rendimientos, la jerarquía impuesta en la plantilla a raíz de las decisiones tomadas por la planta noble (renovaciones, salarios, posicionamientos en conflictos como el Xabi-Vinicius…) es inalterable y está por encima del plan de partido. No parece haber sitio para la meritocracia en este Real Madrid.

Kylian Mbappé dispara el penalti durante el Betis-Madrid de Liga en La Cartuja

Kylian Mbappé dispara el penalti durante el Betis-Madrid de Liga en La Cartuja / Joaquín Corchero / AFP7 / Europa Press

Mourinho parecía estar dispuesto a romper con estas premisas, pero hasta ahora no ha tomado decisiones tan diferentes a las que habrían tomado sus predecesores. De hecho, Xabi Alonso trató de romper dicha jerarquía y terminó saliendo muy mal parado.

El Madrid solo ha perdido un partido y todavía no hay sitio para el drama, pero los focos vuelven a localizarse en los dos grandes problemas que el equipo arrastra desde hace años: el centrocampista organizador y la compatibilidad de sus tres estrellas. Y todo esto sin que Diomande, que parece intimidado cada vez que salta al terreno de juego, apenas haya podido hacer acto de presencia. La derrota ante el Betis vuelve a poner encima de la mesa dudas del pasado que Mourinho necesita resolver si quiere cambiar la dinámica autodestructiva en la que lleva inmersa esta plantilla desde hace varios cursos.