La estadounidense Lisa Leslie se convirtió en 2002, con la camiseta de Los Ángeles Sparks, en la primera jugadora que firmaba un mate en la WNBA. Diez años después, en los Juegos de Londres 2012, la australiana Liz Cambage rompió el techo en una cita olímpica. Pero ninguna mujer hasta este torneo ha conseguido elevarse hasta los 3,05m y machacar el aro en un encuentro de un Mundial. El terreno sigue virgen pero la barrera parece cada vez más cerca de derribarse por la continua mejora física de las mejores baloncestistas del mundo.

Más información

Los focos señalan hoy a la pívot francesa Dominique Malonga, pívot de 20 años, 1,97m de estatura y 2,16m de envergadura, compañera de la española Awa Fam en los Seattle Storm de la liga estadounidense. “Si tengo la oportunidad, lo intentaré. Son jugadas que surgen en el momento. Para mí es algo natural que llevo dentro”, avisaba antes de este campeonato Malonga, que no tuvo ocasión de abrir la enciclopedia en el primer partido del torneo ante Hungría ni tampoco ante Corea (dos triunfos con nota y la clasificación ya para cuartos), aunque sí lo había conseguido en un duelo clasificatorio para el Mundial con Francia ante Filipinas y también en el All Star en la WNBA.

La condición de gran atleta es un ingrediente básico para pasar a la historia tanto o más que los centímetros. La muralla china Zhang Ziyu, de 2,23m y considerada la jugadora profesional más alta de todos los tiempos, apenas puede despegarse del suelo y por lo tanto elevarse hacia el aro pese a que toca la parte inferior del tablero con la mano sin necesidad de saltar.

“Es poder y es querer”, cuenta a este periódico Betty Cebrián, expívot de 1,95m que fue 252 veces internacional con España; “primero, se han de dar las circunstancias, la jugada durante el partido para que pueda producirse el mate. En las rondas de calentamiento sí se ven algunos. Y luego, mi sensación es que la mujer no tiene una especial obsesión por hacer un mate y que sea algo brutal. Jugadoras rusas de mi generación lo podían hacer de sobra pero no necesitaban ese show en las competiciones. Ha de confluir el físico con el carácter y la personalidad para hacer esa exhibición de fortaleza”. Ella, cuenta, podía machacar el aro con una pelota de balonmano, pero no con un balón de baloncesto, que en su época todavía era además de talla única, la masculina, más grande, ya que tiene “la mano pequeña”. “Con el de baloncesto necesitaba las dos manos y no podía saltar tanto”, explica Cebrián, “y cuando lo cambiaron al de talla femenina, más pequeño, ya tenía los tobillos cascados y no podía saltar tanto”.

La exjugadora, que ahora trabaja en la FIBA como responsable de Mujer y Baloncesto y Proyectos, recuerda que Carlota Castrejana, olímpica en baloncesto y luego en atletismo con el triple salto, también machacaba en los entrenamientos gracias a su condición de saltadora y a sus 1,88m. Y apunta a Awa Fam, 1,95m, como la española capaz de unirse a este selecto club de Lisa Leslie, Liz Cambage…

“Cada vez más jugadoras hacen mates, los físicos mejoran y eso ayuda, aunque la dificultad en un partido es mayor por el movimiento de las acciones reales”, analiza otra exjugadora, Amaya Valdemoro, gran referente del baloncesto español y 258 veces internacional desde su posición de alero (1,81m); “aunque yo no sé si es porque soy de vieja escuela, pero a mí el baloncesto femenino me gusta como es. Por haber un mate no va a ser más atractivo”.