Fue un momento de liberación total para todo el zaragocismo. Simplemente era un gol ante un equipo de Primera RFEF como el Antequera, pero también era algo más. El tanto de Edu Espiau, que dio la victoria al Real Zaragoza en el minuto 90, permitió al equipo y a la afición saber que sí, que se puede volver a ganar partidos.

El encuentro ante el conjunto malagueño no fue sencillo, especialmente en una primera parte en la que los visitantes pudieron adelantarse en el marcador. El buen juego, pese a la derrota, de Tarragona, se diluyó por completo, desapareció. Lo mejor al descanso fue el resultado.

Los cambios en el intermedio, hasta tres, dieron sus frutos, y Sangalli, Jardí y Pereira mejoraron al Real Zaragoza. En la segunda parte, el equipo local tuvo más balón y lo jugó con más intención, aunque esto no provocara un torrente de ocasiones. La más clara fue el penalti que Ander Herrera mandó al poste. Parecía que, esta vez, tampoco iba a poder ser.

Hasta que en el minuto 90 apareció el centro de Jardí, la dejada de Diego González y el gol con el muslo -como pudo- de Edu Espiau. El tanto desató la euforia del Ibercaja Estadio, y también de su entrenador. Ibai Gómez celebró con rabia el tanto. Cerró el puño y agitó el brazo en varias ocasiones, liberando toda la tensión que llevaba dentro. El técnico bilbaíno es consciente de que sus buenas intenciones, y el buen juego de su equipo por momentos, debe traducirse en resultados. Si no, problemas. El gol de Edu Espiau permitió atar los primeros puntos y afrontar la nueva semana con un aire distinto en el vestuario y en el entorno.