El último año para Narcisa ha sido caótico. Sofocos, quemazón en el rostro, dolor de huesos, taquicardia y cansancio extremo son algunos de los síntomas que esta mujer, de 45 años, ha padecido durante meses.
La guayaquileña desconocía que las manifestaciones de su cuerpo se debían a la perimenopausia, una etapa de transición hacia la menopausia. En esta fase ya hay estos desbalances hormonales, los ovarios comienzan a producir estrógenos y progesterona de manera más irregular, explica Juan Carlos Quintero, ginecólogo del Hospital Luis Vernaza.
Hay mujeres que no sienten nada y otras que presentan signos leves, moderados o severos que afectan considerablemente su calidad de vida. Algunas presentan —detalla el especialista— menstruaciones irregulares, sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño, cambios de ánimo, ansiedad, dificultad para concentrarse, disminución de la libido, sequedad vaginal y molestias durante las relaciones sexuales.
Esta etapa se presenta entre los 40 y 50 años, aunque depende de cada mujer. En el caso de Narcisa hubo momentos en los que incluso presentó ataques de ansiedad sin otra causa aparente.
“Todo estaba bien con mi esposo, mis hijos, mi trabajo, pero me daba una angustia de un momento a otro”, comenta la mujer, quien encontró alivio a la mayoría de sus síntomas con medicinas naturales. “Pero las alergias y mi problema estomacal me siguen afectando. No puedo comer muchas cosas porque me inflamo”, lamenta.
Luisa, en cambio, espera ya no sentir más cambios. Hace un poco más de un año, a sus 43 años, empezó a sufrir insomnio.
“Por casi cuatro meses seguidos se me dificultó dormir de corrido, me despertaba cada dos horas y eso me mantenía cansada, de mal humor; hasta lloraba porque yo quería dormir pero no podía”, recuerda y asegura que lo más crítico fue que por la falta de sueño su sistema nervioso se alteró y empezó a tener ataques de pánico en la madrugada.
Los diferentes tés que bebía, por recomendación de familiares y amigas, no le ayudaron. Buscó a un médico y se hizo unos exámenes hormonales que salieron normales. Le recetaron unas pastillas naturales de melatonina (hormona que ayuda a regular el ciclo de sueño) y siguió un ritual, que consistía en quedarse a oscuras en su habitación y dejar el celular en el baño, que le ayudaron a recuperar su sueño.
Cambios en la salud cardiovascular
De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Journal of the American Heart Association en este 2026, las mujeres perimenopáusicas tienen el doble de probabilidades de tener una puntuación baja en salud cardiovascular en comparación con las mujeres que tienen ciclos menstruales regulares.
El informe, que se basó en el análisis de los datos de más de 9.200 mujeres de entre 18 y 80 años en Estados Unidos, reveló que las mujeres en esta etapa presentan un 76 % más de probabilidad de colesterol alto y un 83 % más de dificultades para controlar el azúcar en sangre.
Estos cambios podrían estar relacionados —según el estudio— con las disminución del estrógeno, que influyen en el colesterol, la resistencia a la insulina, la presión arterial y el peso corporal.
A partir del climaterio, explica Quintero, se reducen los niveles de estrógenos, las hormonas que normalmente producen los ovarios y que son cardioprotectoras y osteoprotectoras.
“Una mujer sin estrógenos es más propensa a sufrir de eventos cerebrovasculares y eventos cardiacos, porque no tienen los estrógenos que protegen la salud cardiovascular y la salud neurológica de las mujeres”, refiere y explica que los estrógenos bajan porque los ovarios dejan de funcionar y se empiezan a atrofiar.
El ginecólogo insiste en que sin estrógeno “la mujer queda vulnerable a las enfermedades cerebrovasculares, a enfermedades cardiovasculares” y aumenta el riesgo de pérdida de masa ósea y osteoporosis.
Quintero aclara que en esta etapa se pueden usar estrógenos orales bajo prescripción médica y solo por cierto tiempo, porque si se expone a una mujer de 50 a 60 años a ese tratamiento le podría ocasionar tumores de mama.
Atención médica y psicológica
Quintero afirma que cuando los síntomas son fuertes existen tratamientos hormonales y no hormonales que deben individualizarse con el especialista.
Las mujeres en esta etapa deben buscar atención médica cuando los síntomas afectan la vida cotidiana, existen sangrados muy abundantes o irregulares, dolor importante o síntomas urinarios o vaginales persistentes, menciona el experto.
También, sugiere contar con apoyo psicológico cuando sienten ansiedad, depresión, alteraciones importantes del sueño u otras dificultades para afrontar los cambios de esta etapa.
“Los cambios hormonales pueden influir en el sueño, el estado de ánimo, la sexualidad y la autoestima”, insiste Quintero y alerta que este desbalance hormonal puede provocar una depresión profunda que, en algunos casos, lleva a tomar la decisión de autoeliminarse.
El especialista estima que unas diez pacientes al mes, con sintomatología severa, asisten a su consulta. Pero en esos casos, indica, no han necesitado ser hospitalizadas. Solo han recurrido a la internación cuando presentan sangrados excesivos.
Quintero destaca la importancia de contar con una pareja y familia que comprenda que se trata de una etapa fisiológica y no de una “enfermedad”, y que pueden ayudar considerablemente a afrontarla.
Lorena Herrera Miranda, ginecóloga y experta en salud femenina del Ministerio de Salud, señala que una mujer puede estar atravesando cambios físicos, hormonales, sexuales y emocionales mientras su entorno interpreta que está “cambiando de carácter”.
“El apoyo familiar puede disminuir el aislamiento y mejorar la adaptación. La pareja puede ayudar especialmente comprendiendo que un menor deseo sexual no significa necesariamente menos amor”, describe.
Asegura que la sequedad o el dolor pueden hacer que las relaciones sexuales sean incómodas y esto puede generar evitación. “Es un problema médico que puede tratarse, no un rechazo hacia la pareja”, resalta y subraya que también es importante que hijos y familiares comprendan que la mujer puede necesitar más descanso, paciencia y espacios personales durante esta transición.
“El cuidado es para llegar a envejecer sanos”
Juan Carlos Quintero, ginecólogo del Hospital Luis Vernaza, recomienda mantener actividad física regular, una alimentación equilibrada, dormir adecuadamente, evitar el tabaco y moderar el alcohol y la cafeína.
La vitamina D y el calcio son importantes para mantener la salud ósea, pero considera que lo ideal es valorar primero la alimentación y las necesidades individuales antes de utilizar suplementos.
Los cuidados, asegura, deben empezar desde mucho antes, cuando son jóvenes: deben realizar actividad física, cuidarse mucho en las comidas, evitar productos ultraprocesados y consumir bastante cantidad de calcio.
“No solamente el hueso necesita calcio, todas las células de nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestras arterias, necesitan calcio y al no obtenerlo mediante la dieta el cuerpo lo saca de los huesos”, explica Quintero y apunta que las mujeres, especialmente durante los embarazos, pasan una etapa de “descalcificación terrible”.
La alimentación es otro factor clave. “Siempre digo: no azúcar, evitar las grasas y evitar el exceso de carbohidratos. Un solo carbohidrato en cada plato de comida”, destaca Quintero.
Como ejemplo, menciona que cuando se come encebollado ya tiene la yuca como carbohidrato. Si se le agrega pan, chifle, arroz y aceite es una “bomba calórica, porque sumaría las 2.000 calorías que una persona debe comer en 24 horas… El cuidado es para llegar a envejecer sanos”. (I)