El cardiólogo José Abellán realizó recientemente una prueba de esfuerzo a una mujer de 80 años y el resultado fue tan bueno que decidió preguntarle por su estilo de vida.
«¿Qué había hecho para llegar a esa edad en unas condiciones físicas tan favorables?», se preguntó el especialista, que reconoció sentirse sorprendido por la lección «valiosísima» que le había dado esta mujer.
«Idealizamos la dieta mediterránea con mesas repletas, comida abundante, con pescado y carne de ave. Pero nada más lejos de la realidad», comenzó Abellán.
A su juicio, la imagen actual de la dieta mediterránea se ha alejado de sus raíces: «La realidad es que era una dieta de subsistencia. La ciencia avala precisamente ese patrón más humilde y tradicional».
No abusar de la cantidad
Ese patrón también implicaba algo que hoy resulta menos habitual: no comer por encima de las necesidades energéticas. «Sin superávit calórico», resumió Abellán.
Una alimentación sin exceso energético contribuye a evitar problemas metabólicos asociados al exceso de peso y a la acumulación de grasa corporal, factores relacionados con un mayor riesgo cardiovascular.
Priorizar vegetales
La cantidad y en el protagonismo de los alimentos vegetales es clave. La alimentación mediterránea tradicional tenía como base diaria las legumbres, las verduras y los tubérculos.
Los alimentos de origen animal estaban presentes, pero en menor proporción y, en muchos hogares, su consumo era ocasional.
Una alimentación rica en alimentos vegetales aporta fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos bioactivos, y se asocia con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular cuando forma parte de un patrón alimentario saludable.
Las legumbres, verduras, frutas, frutos secos y cereales integrales ocupan un lugar destacado en las recomendaciones actuales para cuidar la salud cardiovascular.
La lección que extrae el cardiólogo no consiste, por tanto, en volver literalmente a la alimentación de generaciones anteriores, sino en recuperar algunos de sus principios: más alimentos vegetales, menos productos ultraprocesados y evitar el exceso de calorías.
«Salud no es comer más, sino recuperar la sencillez vegetal que cuidó a nuestros mayores», señaló Abellán.
La historia de la mujer de 80 años sirve así como punto de partida para una reflexión más amplia: cuando hablamos de dieta mediterránea, quizá no deberíamos pensar en abundancia, sino en equilibrio, sencillez y moderación.