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Una investigación recientemente publicada por la Universidad de Sevilla ha sumado otro récord mundial en la historia de España: nunca se había visto una bioacumulación semejante de cobre y manganeso en albures. Al contrario de ser un registro fascinante, los científicos afirman que es una muestra de la contaminación del río Guadalquivir.

El estudio liderado por Jesús Castillo, catedrático de Ecología, analizó muestras de junio de 2025 en la zona de vertido de la mina Cobre Las Cruces, que retomará su actividad en los próximos años. El informe no coincide con el dictamen presentado por la Asociación de Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía en octubre de 2025. Ese documento afirmaba que no había metales pesados que superaran los límites establecidos en peces ni un impacto ambiental adverso sobre la calidad del agua ni los sedimentos.

Vecinos y equipos de rescate registran los escombros de un edificio derrumbado tras el terremoto que sacudió Cali (Colombia) el lunes 10 de agosto de 2026.

Greenpeace, en compañía de otras asociaciones ecologistas, y los ayuntamientos de Chipiona, Sanlúcar de Barrameda, Coria del Río, Los Palacios y Villafranca sugieren que representa una grave afectación para las especies, la economía basada en los recursos de la región y la salud pública por “un riesgo cancerígeno significativo por ingesta de productos contaminados con esas concentraciones de metales”.

Entre quienes denuncian la situación está la asociación cívica “Salvemos el Guadalquivir”, que afirma que se han vertido “130.000 millones de litros de aguas tóxicas y venenosas, parcialmente depuradas” y ahora recauda fondos para concienciar a la población. Su portavoz Antonia Herrero, doctora en Biología, analizó la situación con National Geographic España.  

Pregunta. ¿Cuándo comenzó este proceso de contaminación?

Respuesta. El Estuario del Guadalquivir está contaminado por diversas causas, pero la contaminación minera viene aproximadamente desde 2008. La mina Las Cruces ha estado vertiendo aguas con metales pesados al estuario durante años y los estudios ponen de manifiesto que hay una carga importante en los sedimentos. Existe una correlación de mayor cantidad cuando coincide con tiempo de más vertidos. Ahora la actividad de extracción mineral está parada, pero siguen vertiendo de actividad anterior.

P. En el último informe, afirman haber encontrado gran contaminación de metales pesados en peces.

R. La mina ha tomado muestras de controles periódicos desde 2010 hasta 2025 y debía presentarlo a la Junta de Andalucía. A partir de esos datos, que son públicos, hay profesores de la Universidad de Sevilla y otras universidades que han hecho un análisis estadístico en diferentes puntos de tomas de muestras. Lo que encontraron es que en junio de 2025 los peces tenían niveles muy altos de cobre, manganeso y plomo. De algunos metales eran superiores a lo detectado tras la rotura de la balsa de Aznalcóllar.

Río Guadalquivir a su paso por Sevilla

Río Guadalquivir a su paso por Sevilla

P. ¿No ha mejorado ahora que no hay extracción?

R. El problema no se acaba cuando cierra la extracción, sino que quedan pasivos y residuos que se mantienen. Por ejemplo, una posibilidad que se baraja es que los altos niveles de junio de 2025 sean porque el año pasado durante el invierno se vertieron más residuos. La reapertura de las minas, catalogados como proyectos de interés estratégico europeo, contemplan que las minas viertan aguas residuales al Guadalquivir. Estimamos que la concentración de metales se multiplicaría por diez a la actual.

P. Hay un límite establecido y el informe de vertidos residuales de la AICIA (Asociación de Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía) afirma que no se superan. ¿Por qué no coincide con lo que mencionan ahora?

R. Los estudios están basados en los mismos datos, que son suministrados por la empresa a la Junta de Andalucía. Coinciden en que no hay gran concentración de metales en la parte soluble del estuario y en las muestras de peces hasta junio de 2025. La gran discrepancia está en los metales en los sedimentos del estuario.  No hay una legislación que regule eso y los valores tan altos pueden afectar a la biota del estuario. El último informe encontró concentraciones altísimas de metales en albures, que seguro los han tomado del fondo.

P. ¿Esto puede afectar a la salud de las personas?

R. Esto no es solo un problema ecológico, sino que en el Guadalquivir se desarrollan actividades durante siglos: cultivos, pesca, marisqueo, acuicultura. Todo lo que sea sacar productos del estuario y darle de comer a las personas implica un riesgo. Se han analizado galeras, que son un crustáceo, y tenían un importante nivel de arsénico. Es cierto que los metales pesados están de manera natural en los seres vivos, pero lo importante es la concentración. El exceso puede dar lugar a síndromes o enfermedades, incluso, entre Huelva, Cádiz y Sevilla se habla del triángulo de cáncer porque hay una incidencia mayor que en el resto de España y parece tener relación con la contaminación minera e industrial.

P. ¿Cómo se puede solucionar?

R. Hay un déficit de conocimiento. Lo que pedimos es que se ponga en marcha una moratoria de nuevos vertidos y un comité científico técnico independiente que evalúe de manera integrada las consecuencias con el estuario. A partir de los datos, que se decida.