Basta con observar una avenida transitada a primera hora de la mañana para comprobar que existen dos tipos de personas. Por un lado están quienes caminan con prisa esquivando a la multitud, mientras que otros prefieren avanzar a un ritmo mucho más pausado. Aunque a veces estas diferencias de velocidad provocan algún que otro roce en las aceras, la psicología ha demostrado que nuestra forma de caminar esconde rasgos muy profundos sobre nuestro carácter.

Un reflejo del sistema nervioso

Los médicos consideran hoy en día que la velocidad de la marcha funciona como un “signo vital funcional” del cerebro. El divulgador y doctor Sermed Mezher explica en sus vídeos que el ritmo al andar refleja cómo nuestro sistema nervioso procesa los estímulos del entorno. Según Mezher, mientras que algunas personas reducen el paso para gestionar una alta carga sensorial, los “caminantes rápidos” suelen acelerar de forma inconsciente. Se trata de un mecanismo biológico para aumentar sus niveles de alerta y dopamina y mantener así la concentración en entornos monótonos.

A nivel de personalidad, diferentes especialistas señalan que un ritmo acelerado suele vincularse con perfiles muy disciplinados. Las personas que se mueven rápido por inercia tienden a organizarse mejor para gestionar su tiempo de forma eficaz. Sus movimientos tienen una intención clara, un rasgo que la ciencia asocia de manera directa con la capacidad para ser productivos o mantenerse enfocados en una tarea hasta terminarla con éxito. Esto quedó demostrado en un estudio liderado por el doctor Yannick Stephan. El trabajo, publicado en la revista Social Psychological and Personality Science, analizó a más de 15.000 adultos para concluir que aquellos con altas puntuaciones en responsabilidad y automotivación caminaban significativamente más rápido.

La velocidad a la que nos movemos demuestra también cómo nos relacionamos con los demás. Los expertos en lenguaje corporal explican que las personas sociables necesitan mantener un nivel alto de actividad física y mental, que se traduce en una forma de andar mucho más ágil.

Una actitud abierta hacia el mundo

La ambición y la confianza personal son otros factores que definen a este tipo de peatones. Hablamos de individuos que sienten un impulso continuo por crecer y alcanzar metas importantes. Las ganas de aprovechar cada minuto provocan esa prisa natural por llegar pronto a los sitios. Son personas con mucha iniciativa que “pisan fuerte” a la hora de tomar decisiones.

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Aunque desde fuera puedan parecer impacientes, los psicólogos añaden que estos viandantes suelen ser muy empáticos. Sienten curiosidad por vivir experiencias nuevas, pero saben frenar el paso sin ningún problema para adaptarse al ritmo de su acompañante.

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