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Un deslumbrante hallazgo astronómico ha revolucionado la comprensión actual sobre las dinámicas extremas en el corazón de la Vía Láctea. Un equipo internacional de investigadores ha detectado un cuerpo celeste que se desplaza a velocidades jamás registradas dentro de nuestro vecindario galáctico. La investigación científica, publicada en la prestigiosa revista Nature, detalla cómo este objeto viaja en las inmediaciones del centro galáctico desafiando los límites conocidos de la astrofísica moderna.
El astro en cuestión ha sido bautizado como S301 y destaca por alcanzar una velocidad máxima de 25.000 km/s, lo que equivale a más del 8% de la velocidad de la luz. Esta vertiginosa trayectoria se produce mientras orbita alrededor de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo central que posee una masa equivalente a 4,3 millones de soles. La tremenda atracción gravitatoria del gigante oscuro acelera a este cuerpo celeste durante su punto de máxima aproximación o pericentro.
Durante ese paso cercano, la estrella se sitúa a solo 1.780 millones de kilómetros del abismo gravitatorio, una distancia correspondiente a apenas 12 veces la separación entre la Tierra y el Sol. Completar un giro entero alrededor del monstruo cósmico le toma tan solo 8,7 años, pulverizando las marcas de otros objetos conocidos.
Tecnología de precisión en el desierto chileno
La detecciónse realizó desde el desierto de Atacama y fue posible gracias al Interferómetro del Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, empleando el avanzado instrumento GRAVITY+. Esta herramienta logra combinar la luz captada por cuatro telescopios individuales de 8 metros, generando una capacidad de resolución virtual 15 veces superior a la de una sola lente. Mediante este despliegue técnico, los científicos pudieron rastrear la débil luz de un objeto miles de millones de veces menos brillante que las estrellas comunes del cielo nocturno.

El valor científico de este hallazgo radica en su capacidad para actuar como una sonda natural que ponga a prueba la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. La proximidad del objeto al agujero negro permite estudiar el fenómeno conocido como arrastre de marco o efecto Lense-Thirring. Según los modelos teóricos, la rápida rotación del agujero negro arrastra consigo la estructura del propio espacio-tiempo, alterando gradualmente la órbita de la estrella que navega en ese entorno de extrema gravedad.
«Lo que tiene de especial esta estrella es que orbita a Sagitario A* en una órbita muy estrecha y se acerca al agujero negro a apenas 12 veces la distancia de la Tierra al Sol», explicó Felix Mang, investigador del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre y autor principal del trabajo. Por su parte, el coinvestigador Stefan Gillessen destacó: «Por primera vez, seremos realmente capaces de medir muy directamente el giro de un agujero negro masivo, lo que sería una prueba clave de la teoría de Einstein».
El misterio sobre un origen violento
La existencia de esta estrella en una región tan hostil plantea enigmas sobre su formación, ya que las fuerzas de marea habrían destruido cualquier nube de gas antes de condensarse. Los astrónomos sugieren que el objeto llegó allí mediante el Mecanismo de Hills, formando parte de un sistema binario ancestral. Al aproximarse demasiado al centro, la gravedad del abismo separó a las dos compañeras, expulsando a una fuera de la galaxia y atrapando a S301 en esta órbita extrema.
La comunidad científica aguarda con gran entusiasmo el próximo paso cercano del astro hacia el agujero negro, previsto para el año 2031. Para esa fecha, los astrónomos planean utilizar el instrumento MICADO en el futuro Extremely Large Telescope para medir con mayor precisión el giro de Sagitario A*. Confirmar estas desviaciones orbitales permitirá probar además el teorema de no pelo de los agujeros negros, marcando una nueva era en el estudio de la física del espacio-tiempo.