Llevar una de las joyas de Simuero es como si lo accidental, ese instante en el que la realidad se desordena y pierde su cauce, pudiera ser capturado en una pieza de plata. No es el momento antes, ni el momento después de ese accidente, la joya nace en el instante justo en el que Rocío Gallardo y Jorge Ros logran arrebatarle a la vida un poco de su imprevisibilidad para dejarla condensada en un objeto perdurable.
A pesar de su éxito, que los ha llevado a vender en todo el mundo y a hacer parte de los estilismos de grandes estrellas, siguen haciendo sus joyas a mano, en su casa-taller en Valencia. Quizás porque solo con las manos se pueden hacer piezas tan brutales, tan orgánicas, tan alejadas de las producciones masivas que todo lo pulen y lo aplanan. Este dúo trabaja acompañado de otras seis mujeres que han aprendido a fuerza de dañar herramientas y fundir y refundir el metal: porque aquí, lejos de buscar la joya perfecta, de lo que se trata es del arrebato, del gesto, de lo que rompe el canon.
Momento de la creación de una de las joyas.María Caparrós
El estilo de Simuero, en realidad, no es más que un reconocimiento humilde, de parte de los diseñadores, de que el metal tiene una propia gobernanza. “Cuando nos pusimos delante del material, nos dimos cuenta de que nada de lo que teníamos en mente se podía hacer de la forma en la que esperábamos y eso nos liberó profundamente. Encontramos muchas respuestas ahí, porque, por más que tuviéramos un plan superclaro, el material tomaba su camino, te iba hablando, moviendo”, cuenta Jorge Ros, que desde 2019 se embarcó en esta aventura con Rocío Gallardo. Ambos dejaron atrás sus trabajos corporativos, él como diseñador de producto y ella como diseñadora de moda, para conectarse con lo que podían crear sus manos cuando fundían juntas.
El anillo artesanal Buzo, con baño de oro de 18 kt y topacio natural y circonita, de la colección La Costa.CORTESÍA DE SIMUERO
“De la plata nos atrajo la capacidad de resistencia que tiene. Puedes hacer y deshacer una pieza tantas veces como quieras. Nos atraía esa posibilidad de equivocarnos, de poder rehacer, de fundir todo hasta poder conseguir ese objeto pequeño, no muy pesado, que puedes cargar sentimentalmente”, confiesa Rocío que aún recuerda cómo en sus inicios, ambos vieron esto como un proyecto artístico, uno que les daría la excusa de estar en casa creando y que pensaban, era inimaginable vender.
Lejos de estas suposiciones, una vez pusieron sus joyas a circular en la web empezaron a recibir pedidos. Simuero había conseguido atrapar la atención de muchos en las redes sociales materializando algo que su nombre rápidamente permitía intuir: esta emoción que se atraviesa en la garganta que te hace decidir, “si muero mañana, no me voy a ir con este pendiente”. Si muero, decían Rocío y Jorge, al menos habremos creado estas joyas.
Algunas de las piedras preciosas con las que trabajan en SIMUERO.María Caparrós
Transparentaron su trabajo en el taller y dejaron ver de forma honesta de qué referencias bebían para crear a Mayo, Faro La Mola, Helio, Uva y otras tantas piezas que bautizaron como si fueran miembros de su nueva familia. Su apuesta los llevó a vender rápidamente fuera de España y a recibir el premio Joyería S Moda 2025, que reconoce el trabajo en “donde la artesanía e innovación conviven para crear piezas cargadas de historias”. Su trabajo justamente se ha afincado en una tradición de orfebrería y fundición que siempre ha caracterizado a Valencia para poder sostener la elaborada indumentaria de las falleras y que ahora, de mano de nuevas exploraciones como la que hace este dúo, encuentra otros destinos posibles.
Pero a pesar de la avalancha de pedidos, Rocío y Jorge han logrado mantener su trabajo artesanal. Han logrado un nuevo pacto social, uno que hace que los compradores reconozcan y valoren las cuatro o seis semanas que puede demorar la entrega de esa anhelada pieza. Lejos de ser limitante, este tiempo de creación lenta se ha convertido en la evidencia de su compromiso por hacer piezas memorables, imposibles de repetir.
Imagen del taller desde el que se crean algunas de las piezas de SIMUERO.María Caparrós
Con esa convicción atravesándolos, Simuero ha hecho un ejercicio muy deliberado de elegir proveedores de piedras preciosas cuyo origen pueden rastrear con exactitud y han conseguido un pequeño taller en India que, como si fuera un espejo de lo que ellos han construido en Valencia, pule y desgasta las piedras cuidadosamente a mano.
“Las piedras eran desconocidísimas para nosotros, de hecho en las primeras colecciones no había, era solo metal. Luego, el mismo proveedor que nos ayudaba a reemplazar nuestras herramientas, nos ofreció la liquidación de un stock que tenía de piedras sintéticas de los años 60 y eso nos permitió empezar el trabajo con piedras de forma más explorativa y sin miedo. Después vino todo el compromiso por la joyería ética que nos alentó a buscar proveedores de piedras preciosas que provinieran de un mercado justo y trazable y que nos llevó a encontrar este taller en Jaipur, India. Con ellos hemos construido unos lazos profundos de amistad que nos han permitido trabajar con citrinos, peridotos, esmeraldas y zafiros”, cuenta Rocío.
Algunas de las piedras con las que se crean las piezas de la firma.María Caparrós
Anillos pequeños para los dedos y un toolbag inspirado en la necesidad de llevar todas sus herramientas juntas han sido las nuevas exploraciones creativas de Simuero, evidenciando que Jorge y Rocío no son ni se consideran joyeros, son más bien diseñadores que quieren seguir siempre tentando a la vida para que los deje crear desde su preciosa incertidumbre.
Imagen del taller desde el que se crean algunas de las piezas de SIMUERO.María Caparrós
Detalles del taller de Valencia de SIMUERO.María Caparrós
Proceso de fundición de una
de las joyas de la firma.María Caparrós
Detalles de la casa-taller de los fundadores de SIMUERO.María Caparrós
Los fundadores de SIMUERO Lucía Gallardo y Jorge Ros, con sus dos perros.María Caparrós