(Perdonad esta referencia vintage a Bananarama que habrá evocado algo a 4 lectores con canas, ¡vivan los 80!). El verano ha demostrado, si era necesario, que el cambio climático no es una teoría o un riesgo remoto, sino un cambio real y sobre todo demoledor. Que solo está empezando. Pero a pesar de dramas como el que hemos vivido, podría casi haber un impacto negativo, en plan “es demasiado tarde, adaptémonos pero ya no se puede evitar”. Al contrario, todo esto nos tiene, como personas, como empresas, como sector, como sociedad, a actuar más que nunca. ¿Qué impacto para nuestro sector?

Tenemos que adaptarnos a este riesgo nuevo (o por lo menos maximizado). Colja Dams, visionario fundador de la agencia Vok Dams, nos decía a inicios de año que la prioridad de reducir la huella de nuestros eventos se tenía que completar ahora con el hecho de adaptar nuestros eventos, y seguía con múltiples ejemplos de eventos suyos afectados, sea por una inundación, vientos extremos, calor sofocante… Tenemos que integrar a nuestros eventos estos riesgos que pensábamos imposibles hace años. Piensa que este verano, festivales se han cancelado, e incluso el mítico festival metal Hellfest limitó el consumo de cerveza a una por persona, ¡imagínate el drama para los heavies! Pero otros dramas nos esperan, especialmente con el Niño que puede ser según los científicos el mayor de la Historia y tener un impacto demoledor en 2027.

Adaptarnos significará varias cosas:

  • Selección de destinos y temporadas teniendo en cuenta los riesgos, por ejemplo canículas que ya no se limitan a julio-agosto. Consultar las probabilidades de fenómenos extremos es algo que no hacíamos mucho hasta la fecha, y tendrá que cambiar.
  • Seguros de cancelación (que sin duda se volverán más restrictivos) integrando estos nuevos riesgos.
  • Planes B y gestión de riesgos como componentes más importantes del trabajo de organización.
  • Repensar los horarios de eventos (¿viva la noche?) o de montaje (piensa en el infierno que son para el personal los montajes en pabellones feriales abiertos a cuatro vientos en verano a las 3 de la tarde).

… sin olvidar (al contrario) la necesidad de reducir nuestro impacto

El flight-shaming no ha sido un fenómeno masivo sino algo limitado a algunas personas especialmente preocupadas, del norte de Europa. No se puede hablar hoy de una resistencia de las empresas o participantes ante el reto climático, de un boicot de los eventos, con pocas excepciones. Pero nuestra responsabilidad medioambiental sigue aquí, y la tenemos que priorizar cada vez más, tanto a nivel moral como de imagen de sector (me parecería atrevido decir que ya no habrá reto de imagen para eventos que hacen volar a miles de personas de todo el mundo).

  • Tener una visión de futuro como sector, una visión que hoy nos falta (y que es complicada teniendo en cuenta el carácter único de cada evento).
  • Ser líderes en la aplicación de soluciones de reducción del impacto. Hay muchas innovaciones en estructuras efímeras, en moqueta reutilizable, en decoración… y los eventos son el momento perfecto para ponerlas en práctica.
  • Ser una herramienta de impacto positivo, de concienciación ante estos problemas, de conversación abierta sobre nuestro impacto y sobre las soluciones. No olvidemos que los eventos son la mejor herramienta para debatir, sensibilizar, buscar soluciones, conseguir acuerdos.  
  • Concebir sus eventos teniendo en cuenta el impacto – como cuando SAP, tras analizar el impacto de sus eventos, decidió pasar de un gran evento mundial a eventos más locales.

Finalmente, seamos humildes y francos: el positive thinking no es la solución

¿La (hipersensible, extrema, dramática, es cierto) Greta no tenía razón cuando decía que más que esperanza, teníamos que tener miedo? No un miedo paralizante sino una preocupación, una conciencia de la dificultad, más que nuestra actitud frecuente de querer evitar cualquier preocupación o angustia.

El análisis de Gabriele Oettingen en “Rethinking positive thinking” muestra que, lejos de la creencia tradicional (“si crees que puedes, lo conseguirás”), el positive thinking es peligroso, haciéndote creer que no hay que hacer tantos esfuerzos si crees en ti mismo. Aconseja el “mental contrasting” que combina cierto optimismo con un análisis crítico de los retos. Y en cambio climático, quizás necesitamos esta urgencia, aunque duela. Si queremos que todo sea agradable, si queremos vender esperanza en un futuro mejor sin hacer los esfuerzos que ello requiere, quizás no cambiaremos de verdad.

Este verano tiene que sacudirnos, hacer pensar en qué diremos a nuestros nietos sobre este tremendo reto que estamos viviendo. El partido sigue…