Todo va bien… hasta que deja de ir bien. Una frase tan absurda y ambigua que encaja al dedillo en Fórmula 1. Ferrari llegó a Monza, su carrera de casa, con energías renovadas así como mejoras con las que tratar de llevarse el gato al agua en una temporada en la que van a tener más que complicado traer algún trofeo a Maranello.
Y lo cierto es que no comenzó mal la cosa en la jornada de viernes, con tiempos competitivos que invitaban a soñar en una fiesta roja. Pero el sábado se reveló que no iba a ser suficiente. Además de Mercedes, se coló por delante uno de los McLaren y el inesperado Alpine.
Ferrari buscaba la gloria, y se llevó el drama
Ocurre algo con esta Fórmula 1 de 2026, y es que sabes que al final de carrera, todo se va a ordenar, quedando únicamente la baza de un golpe estratégico provocado por un coche de seguridad o similar. Muy lejos quedan esos tiempos en los que con una buena clasificación, unida a una buena salida y una defensa férrea puedes dar la sorpresa. Ferrari no veía descabellado un podio. Quizás uno doble. Para eso quedaba despejar la incógnita del desgaste de los neumáticos.
Pero no. La alegría, si se puede llamar así, le duró una sola curva a Ferrari. La primera. Charles Leclerc estaba colocado en la cuarta posición, con Hamilton quinto, fruto de haber sido siete milésimas de segundo más rápido en la sesión de clasificación. Una vez se apagó el semáforo, comenzaron las hostilidades.

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Ambos pilotos salen bastante a la par y rápidamente se ponen en fila buscando el rebufo hasta llegar a la siempre complicada primera frenada. Complicada porque es un gran embudo, por que la curva es doble, y porque todos los pilotos creen que pueden ganar posición frenando un metro más tarde. Russell decide ir por fuera, así que Leclerc reacciona y se queda por mitad de la pista. Y entonces llega Hamilton que ve una autopista por delante y decide tirar el ancla lo más tarde posible emparejándose con Leclerc pero quedándose sin ángulo de giro. Ambos se dirigen en paralelo a la segunda y por esas normas que tiene la Fórmula 1 y que son tan difíciles de entender, el que va por dentro puede decidir no dejar espacio al que va por fuera. Y así pasó.
Una maniobra tan sencilla y entendible, con tantísimas lecturas. Ninguno es inocente, los dos sabían que estaban forzando la situación, que era complicado que saliera bien, y aún así, lo hicieron. Porque hay batallas que no se libran en la pista sino fuera de ella, y porque una derrota hoy es un beneficio el resto del año.

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Hamilton sabía que Leclerc, que no se caracteriza precisamente por ser amable con sus compañeros en la batalla cuerpo a cuerpo, no iba a ceder. Y aún así lo hizo. Leclerc sabía que iba a ser ampliamente criticado y que su equipo iba a salir perdiendo. Y aún así lo hizo. ¿Por qué? Lo cierto es que solo ellos dos saben que tipo de lucha a largo plazo están librando y por qué les ha interesado forzar la situación.
En el caso de Leclerc, es bien sabido que no tiene buen perder. Y esta temporada está siendo derrotado por Hamilton, por lo que era predecible un movimiento más allá de lo aceptable. En el caso del británico, es más complicado de ver. Recordando épocas pasadas, uno podría pensar que simplemente trata de ponerse al equipo de su parte, de evitar que haya luchas entre ambos. Suposición, porque la verdad es que tampoco hay tantas. Pero que Hamilton forzó la situación, la forzó.

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Leclerc y Hamilton, caracteres complicados
Lewis acabó pisando la grava y saliendo muy comprometido de la curva hasta caer a la décima posición. De cuarto a décimo y gracias. Y para colmo de esta situación, Leclerc acabaría contra el muro poco después.
Como señalábamos arriba, en esta Fórmula 1, todo se ordena y Hamilton pasó toda una carrera batallando con todos los pilotos de su alrededor, especialmente con los McLaren. También se podría cuestionar la estrategia y las razones por las que no paró con el coche de seguridad virtual en pista. Pero daba igual.
El único tema de conversación fue lo ocurrido en la primera curva. Hamilton, que se vio superado por los Mercedes, Verstappen y los dos McLaren, no dudó en decir que hoy no se había perdido un podio, sino un doblete. Bueno, se había perdido, no, la maniobra de Leclerc hizo que se perdiera. Rápidamente hizo referencia a un historial de ausencia de conflictos con compañeros de equipo que solamente debe existir en su memoria, y encomió a Ferrari a hacer algo, a establecer normas de esas que impiden que haya batalla en pista. Reacción que no hace más que pensar que, efectivamente, se buscó algo de drama con la maniobra de la primera curva.

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Y pasa algo curioso cuando acontece algo de este tipo, como es el hecho de que todos los momentos vividos durante el fin de semana pasen de chascarrillo realizado entre risas, a puyitas e indirectas, como los comentarios sobre la valía de la victoria de Charles Leclerc en Monza 2019, en la que luchó con Hamilton al límite hasta que el británico perdió tiempo tras pisar la tierra empujado por Charles, algo que los comisarios consideraron lícito, pero de la que el británico se quejó amargamente.

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¿Cinismo o reivindicación?
La conclusión que se puede sacar de este fin de semana, es que la guerra fuera de la pista ha alcanzado un nuevo nivel, porque no se puede decir que no existiera antes de esta carrera, y que los pilotos parece que no han tenido problema en que así fuera, aunque fuese a costa de sacrificar un mejor resultado en Monza, en la casa de Ferrari.
¿Conseguirá Hamilton su objetivo de establecer normas? Lo que es seguro es que el resto de compañeros que ha tenido Leclerc van a recordar que el monegasco no atiende a razones, así que suena bastante complicado. Tanto como comprar el análisis de ausencia de conflictos con compañeros de equipo, más allá de un pequeño roce con Rosberg, que ha querido vender Hamilton. Que alguien le lleve antiácidos a Frederic Vasseur.