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En los últimos años, la investigación médica ha profundizado en el conocimiento del cuerpo humano a través de de la microbiota, que ha se ganado el rótulo de una verdadera revolución. El estudio de nuestras bacterias, impulsado por los avances de la biología molecular, abre la puerta a un sinfín de nuevos interrogantes.

¿Puede nuestra microbiota afectar a nuestra salud, funcionar como tratamiento o mejorar nuestro bienestar? Si así fuera, ¿cómo se podría gestionar? En busca de respuestas, en National Geographic hemos conversado con Chaysavanh Manichanh, doctora en Bioquímica y Microbiología que comenzó a estudiar el tema hace 24 años cuando pocos sabían de qué se trataba.

Actualmente es jefa del grupo de Investigación en Microbioma del Hospital Vall d’Hebron Institut de Recerca, en Barcelona, y se atreve a hacer un diagnóstico de la situación actual. “Al principio éramos muy pocos estudiando la microbiota y ahora no tenemos tiempo de leer todos los artículos científicos que se hacen. Hemos pasado diez años caracterizándola y gracias a la evolución de la secuenciación masiva, los siguientes diez fueron para relacionarlo con enfermedades. Ahora estamos intentando usarlo como terapia o como método de diagnóstico más preciso. La idea es profundizar la relación mecánica entre la microbiota y enfermedad, que todavía cuesta mucho”, dice.

Vecinos y equipos de rescate registran los escombros de un edificio derrumbado tras el terremoto que sacudió Cali (Colombia) el lunes 10 de agosto de 2026.

Más cautelosa que la mayoría de quienes hablan en los medios de comunicación sobre microbiota, prefiere limitar sus respuestas a lo que se ha comprobado científicamente, aunque reconoce que el comportamiento tiene mucho de sentido común.

Pregunta. ¿Qué está investigando actualmente?

Respuesta. Yo estoy trabajando con expertos de la enfermedad de Crohn y colitis, que han desarrollado sepas para curarla. Todavía estamos en clinical trials con pocos pacientes y resultados que no son al 100%. Es un poco mejor que el tratamiento actual, pero no funciona para todos los casos. Estamos intentando correlacionar la enfermedad con la microbiota en grandes grupos poblacionales, de 10.000 o 100.000 personas para poder minimizar la variabilidad. El esfuerzo continúa por agrupar a todos los grupos de investigación y tener grandes cohortes.

P. Es más cautelosa de que muchas otras personas que hablan públicamente de la microbiota.

R. El interés ha sido exponencial por lo bueno y lo malo dentro de la comunidad científica. Hay gente que ha visto una oportunidad y es más fácil proponer una solución rápida a la población que hacer una investigación. No estoy muy al tanto, pero sé que se han montado startups diciendo que curaban enfermedades mirando tu microbiota.

manichanh microbiota vall d'hebron VHIR

La Dra. Manichanh (centro) y su equipo de investigación del Hospital Vall d’Hebron.

P. ¿Eso es imposible?

R. Poder predecir para ayudar al diagnóstico es lo que estamos intentando hacer desde hace casi 25 años con la enfermedad de Crohn y la colitis, pero todavía no lo tenemos.

P. ¿Cuánto de nuestra microbiota depende de la alimentación, la genética o el estilo de vida?

R. Necesitamos cohortes más grandes, que es lo que estamos haciendo. Hay mucha variabilidad por las personas y es difícil determinar el impacto. Es verdad que la alimentación es uno de los aspectos más importantes y se han visto efectos muy rápidos en cambios de dieta.

P. Ha estudiado el caso de quienes siguen una dieta vegetariana o vegana. ¿Qué han encontrado?

R. Que cambia totalmente la composición. Al sacar la proteína animal van a quitar algunas bacterias, pero comerán más fruta, verduras y legumbres, por lo tanto, la tendencia es que tengan una microbiota con mayor diversidad. No sabemos qué ocurre a largo plazo.

P. ¿Y qué pasa si vuelven a comer carne?

R. La microbiota es muy resiliente. Si vuelve a comer carne, cambiará su estado. Son como los antibióticos: cuando paras de tomarlos, la microbiota ya ha sido afectado entonces puedes dejar de tomarlo. Esto quiere decir que a través de la dieta se podría intentar evitar enfermedades.

P. ¿Cuánto influye el consumo de ultraprocesados?

R. Hay diferentes tipos de comidas que pueden influir en el estado de la inflamación, pero el problema que tenemos es que es difícil evaluar qué es ultraprocesado porque no puedes ver qué come la gente uno por uno. Lo que sí hemos visto es que los ultraprocesados están relacionados con una reducción de la diversidad de microbiota. Otra cosa que hemos visto es que los pacientes que tienen estas enfermedades comen peor sabiendo que lo tienen.

P. Esto suena contraintuitivo. ¿No se deberían cuidar más?

R. No, eso es lo que nos ha sorprendido. Ahora queda estudiar si es la causa de la enfermedad y ver si cambiando la dieta, cambia su estado de inflamación. El próximo paso es intervenir la dieta de los pacientes y ver si mejoran sus síntomas.

P. ¿Cuál es el proceso molecular por el cual una alimentación saludable genera una mejor microbiota?

R. Comiendo más fruta, verduras y fibra, en general, aumenta la diversidad de la microbiota porque llegan hasta las bacterias del colon sin ser procesados por nuestras células. Es como un alimento. Y también la microbiota produce vitaminas que pueden servir a nuestras células del intestino.

P. ¿Hay algún alimento que actuaba diferente a lo que esperaban?

R. Hay estudios de que el café está asociado a una reducción de la inflamación y, al final, es bueno para la microbiota porque lo metabolizan unas bacterias.