Javier Corzán es de Azuara, Javier Hernando de Épila y David Cerezo de Fuentes de Ebro. Sus caminos se cruzaron primero en las aulas y terminaron convirtiéndose en un proyecto profesional con una idea poco habitual para tres jóvenes arquitectos que comenzaban su carrera: en lugar de concentrar su futuro en Zaragoza, decidieron construirlo desde sus propios pueblos.

Los tres siguieron trayectorias formativas prácticamente paralelas. Estudiaron Arquitectura Técnica en La Almunia de Doña Godina y completaron después Arquitectura en la Universidad San Jorge, en Villanueva de Gállego. Fue especialmente durante esta última etapa cuando estrecharon su relación y descubrieron que, además de una amistad, compartían una forma de entender la profesión.

«Ya antes de terminar nuestro periodo de formación comenzamos a colaborar profesionalmente en algunos trabajos», explican. Durante aquellos años también realizaron prácticas en equipos de arquitectura de algunos de sus profesores. Lejos de alejarles de la idea de emprender, la experiencia terminó reforzando sus planes.

Así comenzó a tomar forma Grupo GEN. A ellos se sumó desde el principio la estrecha colaboración de otro compañero y amigo, Sergio Latre, natural de Barbastro, al que consideran una pieza fundamental en la evolución del despacho gracias a su experiencia.

La arquitectura les unía, pero había otro elemento que los tres compartían: el arraigo a sus lugares de origen. «Los tres vimos la necesidad de seguir ligados a nuestros territorios una vez termináramos nuestros estudios», señalan.

Un estudio que comenzó en Épila

La decisión no respondió únicamente a una cuestión sentimental. Antes de instalarse analizaron la viabilidad de llevar un despacho de arquitectura desde sus municipios y concluyeron que existía espacio profesional para hacerlo. «Es una decisión natural, de estar donde uno quiere estar», resumen.

En 2017 abrieron su primer estudio en Épila, localidad de Javier Hernando. Tres años después llegó la sede de Fuentes de Ebro y, hace dos años, incorporaron una tercera oficina en Zaragoza. Desde el principio, sin embargo, Grupo GEN fue concebido como un estudio descentralizado y estrechamente vinculado al territorio.

Los comienzos tuvieron las incertidumbres habituales de cualquier proyecto empresarial. «No sólo preocupa el conseguir los clientes, sino que te enfrentas a la creación de una empresa, la cual tiene muchos matices que nadie te ha explicado y que debes ir aprendiendo a la vez que trabajas», reconocen.

La arquitectura era solo una parte del desafío. «Pasas a ser empresario por encima de arquitecto», explican. Su estrategia fue sencilla: aprovechar cada oportunidad y convertir cada primer cliente en la puerta hacia el siguiente. «La clave es hacer el trabajo lo mejor posible para que haya un segundo y un tercero».

Y aquel primer cliente llegó precisamente desde el municipio en el que habían decidido instalarse. El Ayuntamiento de Épila les encargó la rehabilitación del antiguo edificio del hogar del jubilado para convertirlo en Centro Cívico. Aquel primer proyecto acabaría, años después, colocando a un pequeño estudio nacido en Épila entre los despachos reconocidos a nivel nacional. La obra culminó en 2024 y en 2025 fue seleccionada por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España entre los tres mejores proyectos de rehabilitación del país.

Para ellos, el reconocimiento tiene además un significado especial por tratarse del proyecto con el que prácticamente comenzó su trayectoria. La intervención buscó algo más que recuperar un inmueble. «Para nosotros era importante intervenir respetando lo que ya existía y, al mismo tiempo, ser capaces de responder a nuevas necesidades funcionales y arquitectónicas». Definen esa filosofía como un equilibrio «entre memoria, transformación y nuevo uso». 

De tres arquitectos a un equipo de diez personas

El éxito de la primera sede permitió seguir desarrollando el modelo que habían imaginado. Al tercer año ya disponían de una base profesional y económica suficiente para abrir en Fuentes de Ebro.

La nueva oficina les permitió ampliar el equipo y acercarse al territorio de David Cerezo. Desde allí trabajan actualmente con clientes públicos y privados de Fuentes de Ebro, El Burgo de Ebro, Mediana de Aragón, Belchite, Pina de Ebro, La Puebla de Alfindén o Alfajarín, entre otros municipios.

Nueve años después de comenzar únicamente los tres socios, Grupo GEN cuenta con ocho profesionales y otras dos personas realizando prácticas formativas, distribuidos entre Épila, Fuentes de Ebro y Zaragoza.

El estudio, sin embargo, considera que su equipo va mucho más allá de quienes trabajan físicamente en las oficinas. Sus proyectos les llevan a colaborar de manera habitual con profesionales de topografía, geotecnia, ingeniería, restauración, arqueología o historia.

«Creemos que los buenos proyectos son cada vez menos el resultado de una única disciplina y más el resultado de equipos capaces de integrar conocimientos diferentes», defienden.

Su cartera refleja también el crecimiento experimentado. Aproximadamente el 70% de sus proyectos y obras procede actualmente de entidades o administraciones públicas. Se han especializado en equipamientos de nueva construcción o reforma, rehabilitación del patrimonio histórico, reurbanizaciones y planeamiento urbano, aunque mantienen también proyectos privados de vivienda, industria y locales.

Su actividad continúa especialmente vinculada a Aragón. Ya han intervenido en más de 150 municipios de la Comunidad, aunque también han comenzado a trabajar en Navarra y Castilla-La Mancha.

No tienen, sin embargo, como objetivo extenderse por el mapa simplemente para crecer. «Nuestra ambición no consiste en crecer geográficamente por crecer. Nos interesa asumir proyectos cada vez más exigentes y hacerlo allí donde nuestra experiencia y nuestra manera de trabajar puedan aportar valor».

Un premio nacional desde Épila

El Centro Cívico de Épila no ha sido el único reconocimiento de su todavía joven trayectoria. En 2025 recibieron también el Premio Artes & Letras de Heraldo de Aragón en la categoría de Arquitectura.

Los galardones han servido para reforzar precisamente la idea sobre la que construyeron el estudio: que la calidad de un proyecto no depende del tamaño de la localidad desde la que se diseña.

«Es un orgullo, ya que consigues poner el nombre de nuestros municipios y Aragón dentro de la élite profesional», aseguran. Pero para los tres hay algo todavía más importante: «La satisfacción está relacionada con la posibilidad de hacer una arquitectura o urbanismo de alta calidad en el medio rural, lo cual desde nuestro enfoque es un acto reivindicativo».

Aquellas dudas iniciales sobre si establecerse fuera de Zaragoza podía convertirse en una desventaja desaparecieron pronto. De hecho, consideran que ocurrió justo lo contrario. «La visibilidad que nos proporcionó nos abrió puertas de proyectos que quizás no hubiéramos conseguido de estar en Zaragoza», sostienen.

Las nuevas tecnologías han facilitado además que un despacho pueda competir profesionalmente desde prácticamente cualquier lugar. A ello suman otra ventaja difícil de reproducir desde la distancia: la cercanía. «Poder dar una respuesta rápida y cercana es un factor que da seguridad a los clientes», explican.

No todo son facilidades. Uno de los principales retos continúa siendo atraer y consolidar talento especializado fuera de los grandes núcleos profesionales. Crear un equipo estable distribuido entre varias localidades requiere encontrar profesionales que no solo quieran incorporarse al despacho, sino que compartan su modelo.

 «La calidad profesional ya no depende de una localización»

La apuesta tiene también consecuencias sobre los propios municipios. Una oficina de arquitectura no genera únicamente empleo dentro del despacho. Cada proyecto moviliza constructoras, industriales, suministradores, técnicos y empresas de servicios. En su actividad cotidiana, además, intentan recurrir siempre que pueden a profesionales y negocios próximos.

«Es una escala pequeña dentro de la economía de un municipio, evidentemente, pero creemos en el valor acumulativo de que existan actividades profesionales cualificadas implantadas en el territorio», explican.

Su experiencia les ha llevado también a cuestionar una idea todavía extendida entre muchos jóvenes de municipios pequeños: que para desarrollar una carrera profesional ambiciosa es imprescindible trasladarse definitivamente a una gran ciudad. «No. Creemos que la calidad profesional ya no depende necesariamente de una localización concreta», responden.

Reconocen que las ciudades continúan ofreciendo redes, oportunidades y experiencias importantes, pero consideran que las comunicaciones, las infraestructuras y la tecnología han reducido muchas de las barreras que existían hace años. «La cuestión importante no es tanto desde dónde trabajas, sino qué capacidad tienes para generar conocimiento, construir equipos, relacionarte con otros profesionales y mantener un nivel elevado de exigencia en tu trabajo».

Si pudieran regresar a aquel momento en el que decidieron apostar por sus municipios, aseguran que repetirían la decisión. Porque elegir dónde instalar el despacho terminó condicionando no solo dónde trabajan, sino también qué tipo de arquitectos querían ser.

«La proximidad, el conocimiento del territorio y las relaciones que hemos construido durante estos años forman ya parte de la identidad de Grupo GEN», explican.

Ahora trabajan, entre otros proyectos, en un complejo deportivo con piscina climatizada en El Burgo de Ebro, la ampliación del IES Rodanas y del cementerio de Épila, un pabellón multiusos en Andorra, la rehabilitación del Palacio de Valdeolivos de Fonz y la Casa de Cultura de Fuentes de Ebro, cuya tercera fase de obras acaban de terminar.

Después de nueve años, su próximo objetivo no pasa necesariamente por abrir más oficinas. «Nuestra ambición está más relacionada con ser mejores que con ser más grandes».

Y su experiencia deja un mensaje para quienes todavía creen que el lugar donde han nacido puede limitar sus oportunidades profesionales. «Marcharse puede ser una decisión extraordinaria y muy enriquecedora. Quedarse o regresar también puede serlo».

Para ellos, la clave está en «entender el territorio, respetarlo y aprender a quererlo». Y añaden una última idea que resume los nueve años transcurridos desde que tres estudiantes comenzaron a imaginar un estudio propio: «Lo importante es que ninguna de esas decisiones se tome pensando que el lugar del que procedes determina hasta dónde puedes llegar profesionalmente».