A veces es por informar para un medio concreto, otras por el color de piel, también por llevar cámara y en ocasiones por no llevarla. Hay golpes, insultos e intimidaciones. Las agresiones a los periodistas que están informando de la situación en Ceuta se producen a diario, particularmente en las muchas manifestaciones que vive la ciudad autónoma desde el paso masivo de migrantes. Algunas de ellas han quedado registradas por los propios informadores, porque se han producido cuando conectaban en directo con las televisiones y los manifestantes han irrumpido en cámara para evitar que cumplieran con su trabajo. Los vecinos que protestan en las calles acusan a los periodistas de “manipuladores” o “vendidos”, escudándose en que, a su parecer, no están reflejando la realidad de Ceuta.
No fue así desde el principio. Estos ataques se han ido agravando y multiplicando con el paso de los días, conforme aumentaba el malestar de los ceutíes ante la falta de medidas tomadas para dar respuesta a la emergencia. Aunque se han registrado incidentes en los que se atacaba específicamente a un medio o una cadena, habitualmente se dirigen a los periodistas porque están descontentos con el tratamiento mediático en general. De ello da cuenta el amplio espectro de medios, de diferentes vertientes ideológicas, que son increpados o zarandeados a diario en las manifestaciones: Cadena SER, Telecinco, TVE, El Pueblo de Ceuta o la agencia AFP.
“La primera vez que me agredieron fue en julio, yo estaba trabajando para Telemadrid y nos golpearon al cámara y a mí”, cuenta Paloma Fernández Coleto. En esa ocasión, la periodista freelance acabó con el brazo plagado de moratones causados por los vecinos que se manifestaban, que la golpearon para impedir que les grabara. “Encima es que yo soy de aquí, de Ceuta, muchos vecinos me conocen, pero da igual. Es muy surrealista todo”, añade.
Otras veces estas agresiones sí que tienen motivos muy específicos. “Puta mora periodista”, es el insulto que asegura que más recibe Soraya Aybar Laafou, periodista freelance que colabora en diversos medios: “Yo escribo, no me ubican de qué medio soy porque no voy con espumilla en el micro como otros compañeros, pero utilizan mis orígenes marroquíes para atacarme”, explica. Aybar Laafou señala una de las tendencias que se repite en estos ataques: los vecinos acusan a los periodistas de no prestarles atención a ellos y a las problemáticas derivadas del flujo masivo, y otorgarles espacio a los migrantes en detrimento de lo ceutíes. “El otro día, en una de las manifestaciones, me vieron hablando con unos chicos que estaban esperando para volver en la frontera y se volvieron a encender. Me increparon, me dijeron que no fuera mentirosa y contara la verdad, me dicen que por qué estoy hablando con ellos”, explica.
Una situación similar sucedió el pasado sábado 5 de septiembre, cuando Gabriela Sánchez (Eldiario.es) y EL PAÍS acudieron a una de las protestas convocadas por los vecinos ceutíes en rechazo a la construcción de una nueva ubicación de migrantes en el Puerto. Durante todo el recorrido, varios de ellos profirieron insultos e increpaciones, convencidos de que no eran periodistas sino “trabajadoras de una ONG”, grabándolas constantemente con su teléfono móvil y amenazándolas con violencia física. En los alrededores pero ajenos a la manifestación, tres jóvenes migrantes y una chica ceutí pasaban el rato sentados frente al mar, y algunos de los manifestantes también comenzaron a insultarles sin que mediara provocación alguna. “Si tú eres de Ceuta, ¿qué haces con ellos?; luego dices que te violan”, le espetaron a la chica. Una escalada de tensión que acabó profiriendo las mismas amenazas a las periodistas, a las que llamaron “traidoras” y les desearon que fueran atacadas sexualmente por los migrantes a los que entrevistaban.
El día siguiente se celebró otra manifestación frente a la Delegación del Gobierno, para pedir la dimisión del delegado y exigir la expulsión. En esta ocasión los vecinos trataron de impedir el trabajo de la prensa coreando consignas como “hijos de puta”, imágenes que quedaron registradas por la Cadena SER de Ceuta. EL PAÍS abandonó la cobertura de la protesta increpado por los mismos manifestantes que el día anterior.
No se trata de incidentes aislados, sino de una rutina que se repite jornada tras jornada en Ceuta. La ciudad vive en una convocatoria de manifestaciones frenética, protestas que abordan las diferentes problemáticas que deja el acogimiento de migrantes: de la construcción de nuevos centros de acogida, al retorno a los colegios, pasando por otras más genéricas en las que se pide la expulsión inmediata a Marruecos. Cuando los periodistas acuden a estas citas para informar sobre ellas cuando algunos vecinos reaccionan de manera airada, desatando la tensión e impidiendo que los informadores entrevisten al resto de vecinos que de manera pacífica buscan los micrófonos para reflejar su sentir.
La escalada de agresiones ha llevado al Sindicato de Periodistas de Andalucía Ceuta y Melilla y Reporteros Sin Fronteras a emitir un comunicado la pasada semana alertando del grave riesgo para libertad de información. “Informar no es provocar. Informar es un derecho”, destacaron, solicitando a los responsables institucionales y a los partidos políticos que “actúen con responsabilidad y eviten discursos que señalen, estigmaticen o desacrediten a los profesionales”, al considerar que este tipo de mensajes puede contribuir a generar un clima de hostilidad hacia los centenares de periodistas desplazados a la ciudad.