Estefanía, una madrileña de 34 años, se prepara para dejar su puesto en la Guardia Civil e ingresar en un convento de clarisas de Vivar del Cid (Burgos). Antes estudió Derecho y pasó por la Legión y el Ejército del Aire. Su entrada todavía está pendiente de confirmación.

Durante años buscó estabilidad laboral y económica, mantuvo una relación de pareja y vivió alejada de la práctica religiosa. El cambio comenzó tras la muerte de Rebeca, hermana de su mejor amiga, fallecida por un derrame cerebral pocos días después de dar a luz.

Ya ha renunciado a la condición de guardia civil y espera cerrar los trámites antes de trasladarse. Solicitó una excedencia, pero fue denegada, y calcula que el ingreso podría producirse en otoño, cuando termine de organizar su casa y su salida. La fecha de ingreso depende de varias confirmaciones.

Vuelta inesperada

En el pódcast «Vuelo de Águila», publicado por Heraldos del Evangelio España el 5 de agosto de 2026, Estefanía sitúa su conversión en el tanatorio. Rebeca, de 27 años, murió una semana después de sufrir un derrame, cinco días después de dar a luz. Allí esperaba desesperación, pero encontró a familiares, sacerdotes y religiosas rezando. «Mi conversión fue en el tanatorio», resume.

Al volver a casa abrió Google Maps, buscó una iglesia y acudió a la primera que apareció, Nuestra Señora del Rosario de Torrejón. Empezó a ir a misa a diario, se confesó y se apuntó a catequesis para recibir la confirmación. «Tengo que volver a la iglesia», recuerda.

Tras la confirmación se matriculó en Ciencias Religiosas en el seminario de San Dámaso, en Madrid. Allí conoció a mujeres consagradas y empezó a considerar una comunidad contemplativa. Su historia comparte un rasgo con otras vocaciones religiosas en la madurez: un enfermero italiano optó por el sacerdocio a los 56 años, tras más de tres décadas en un hospital.

Decisión definitiva

La posibilidad de la clausura apareció después. En octubre, tras comulgar y mientras el Santísimo permanecía expuesto, sintió que debía responder a una llamada que aún no sabía nombrar. «Aquí estoy, Señor, hágase tu voluntad», repitió, según recordó. Hasta entonces intentaba encajar trabajo, relación y estudios, pero la respuesta empezó a llevarla hacia distintas comunidades. Después terminó su relación y comenzó a plantearse el ingreso.

Durante el verano de 2025 pasó quince días con las clarisas. Conoció una comunidad de unas 15 o 16 religiosas, la vida compartida y la pobreza que la atraía. También descubrió una alegría cotidiana que no esperaba tras las rejas. El discernimiento puede llevar a decisiones opuestas: un sacerdote influencer explicó que dejó los hábitos al concluir que no podía vivir el celibato. Al salir, mantuvo su decisión de ingresar con las clarisas.

Intentó pedir una excedencia, aunque no le correspondía por el tiempo trabajado. La solicitud fue denegada y, para ella, confirmó que debía renunciar, decisión que formalizó el 13 de mayo. «O todo, o nada», dijo al explicar por qué no quiso reservarse una vía de regreso. Esperaba la confirmación de su baja, solicitada para el 31 de agosto, y calculaba que la mudanza podía retrasar la entrada hasta octubre. El visto bueno del convento seguía pendiente y quería cerrar el traslado sin perjudicar a su familia.