Conquistar el 37 por ciento de las etapas de la Vuelta hasta ahora disputadas no está al alcance de muchos equipos. Sólo el potencial del Visma está capacitado para tal proeza, porque en sus filas corre un ciclista que viene a ser algo así como un pequeño monstruo sobre la bici y que se llama Wout van Aert, capaz de conseguir dos triunfos y de dejar casi en la misma línea de meta a su compañero Matthew Brennan para que se imponga en la meta de Palos de la Frontera. ¿Habría ganado de haber querido?

Huelva no es tierra de grandes montañas. No es lugar para que nadie prepare una estrategia para ganar la Vuelta. Palos de la Frontera, donde estaba la meta, es tierra de marinos, de los hermanos Pinzón. El mar es la salida y los habitantes piensan más en ir a la playa -la ‘rebequita’ hay que dejarla muchos meses en el armario- que en ponerse botas y mochila buscando rutas de escalada.

La tranquilidad del líder

En la Vuelta lo saben todos los corredores. Sonreía Enric Mas, el líder, lo cual tampoco es que fuera una sorpresa porque lleva días así, porque había que superar la 16ª etapa. Tampoco era plan ir a Huelva a comer jamón y gambas, pero era mejor pensar que se restaba una jornada para ganar la carrera, que en asumir riesgos que no conducían a ningún lado en la ruta onubense.

Enric Mas rueda protegido por los compañeros del Movistar.

Enric Mas rueda protegido por los compañeros del Movistar. / MOVISTAR TEAM

De vez en cuando soplaba el aire y Mas se inquietaba. Muchísimo al observar que Primoz Roglic movía a todos los compañeros. ¡Adelante! Todo el Red Bull en cabeza cuando se produjo un giro, el viento de costado, señal que todo se puede cortar. El ciclista mallorquín no quería asumir riesgos y lo mejor era engancharse en plan lapa a la rueda del veterano ciclista esloveno.

Las vías del tren

A un kilómetro de la llegada las vías del tren cruzaban el trazado de la carrera. Y encima aparecían en una curva. Era imposible arrancarlas, pero se limpiaron en profundidad mientras todos los auxiliares, los que siempre van por delante de los ciclistas, ya habían avisado del peligro que se pasó sin sustos, con el Visma a las órdenes de Van Aert. Brennan, obediente, corría sin despegarse de su estela.

La etapa sevillana de la Vuelta.

La etapa sevillana de la Vuelta. / LA VUELTA

Van Aert es una bomba y casi queda la duda de si también podía haber ganado de habérselo propuesto. Apuesta con premio en metálico si Brennan fuera un rival en vez de un compañero. Pero prefiere lanzar a su joven delfín que crece en la Vuelta para convertirse en un velocista de referencia. Quizás en las Islas Británicas resulta para cualquier esprínter un reto imposible superar las hazañas de Mark Cavendish, que es para muchos el mejor de todos los tiempos con 35 etapas ganadas en el Tour, una más que Eddy Merckx, pero con Tadej Pogacar a nueve triunfos de pillarlo. Amenaza segura.

La felicidad de Enric Mas

Pero ahí estaba este joven inglés de 21 años para marcar territorio y ganar la cuarta etapa en la Vuelta, que pudo ser de Van Aert si le da la gana. Seis entre los dos y en Sevilla, este miércoles, vuelven a ser los favoritos en otra etapa de relax entre los líderes de la carrera.

Enric Mas atiende a los periodistas vestido de azul. Por unos instantes, más por el calor de llevar dos ‘maillots’ encima, se desnuda del rojo para decir que disfruta de todo lo que está haciendo, que no le importa que le hagan mil preguntas, ni atender primero a las radios y las teles, luego subir al podio, hacer pipí en el control antidopaje y finalmente celebrar la conferencia de prensa. “Ojalá todas las carreras fueran así”, dice entre sonrisas. Este miércoles llega su jefe Eusebio Unzué, que se había ausentado unos días de la Vuelta. La maquinaria ya está preparada para llegar el domingo de líder a Granada.

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