El triunfo electoral de la AfD en Sajonia-Anhalt, que devuelve el control de una región de Alemania a un partido ultra de reminiscencias neonazis … por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, ha provocado una oleada de indignación y temor en el país. Decenas de miles de ciudadanos salieron ayer a la calle por segundo día consecurivo para protestar contra el partido de extrema derecha en Berlín y en otras poblaciones germanas bajo lemas como «el fascismo no es una alternativa», «detengamos a la AfD nazi» o «la Historia nos observa».

En la CDU la sensación de caos no fue inferior. Peticiones de dimisión para Merz, exigencias de un cambio de rumbo inmediato y un ministro-presidente saliente, Sven Schulze, que asumió la derrota electoral en su región, dimitió y luego se dejó elegir como jefe del partido en el nuevo Parlamento sajón. La maniobra abrió una fisura entre los dirigentes de la sección de Alemania Oriental, quienes señalaron que continuar como ministro hasta la investidura de su sucesor y ser nombrado al tiempo jefe de la oposición es una incongruencia que viola la separación de poderes y el control parlamentario al Gobierno.

Destacados líderes cristianodemócratas expusieron también su pesimismo sobre los siguientes test en las urnas: el próximo día 20 habrá elecciones en Berlín y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, región situada en la costa báltica. Son dos citas de alto voltaje que, si se mantiene el guión preestablecido por las encuestas, podrían dar nuevos bríos a la AfD y terminar de hundir a la CDU. «Necesitamos una personalidad que transmita empatía, credibilidad y fiabilidad». Merz «ha demostrado que no puede hacerlo», soltó el vicepresidente estatal de la CDU en Mecklemburgo, Tino Schomann.

Daniel Peters, su superior, advirtió posteriormente que «los debates personales no nos ayudarán» y reclamó calma. Pero su reivindicación llegó tarde. La pretensión que tenía el canciller Merz de lavar los trapos sucios en casa saltó por los aires.

La inquietud, en notable medida, se ha desbordado. En ls movilizaciones muchos reclamaban que la agencia nacional de Inteligencia vigile de cerca la evolución del partido eadical con vistas a acumular pruebas encaminadas a una posible ilegalización. Hendrick Wüst, ministro-presidente del Estado federado de Renania del Norte-Westfalia (CDU), solicitó la creación de un equipo de trabajo para analizar las posibilidades de un proceso de proscripción, pero entendido siempre como un «último recurso para proteger nuestra Constitución».

Miles de personas se reunieron en Berlín y una decena de poblaciones de Sajonia-Anhalt. «No queremos ser el Estado donde regresen los nazis», enfatizaba Ermin Hogdel, un profesor universitario de 50 años, que teme los efectos «incalculables» de cuatro años de «gobierno ultra». Vecinos suyos mostraban su temor a que la posible llegada al poder de una formación anti-inmigración «destruya la convivencia» con los foráneos residentes en el territorio. «No es un problema político, sino de fractura social».

Tormenta en los despachos

En Sajonia residen unos 170.000 extranjeros –alrededor del 9% de la población, por debajo de la media del país– y la mayoría ha venido a rellenar el hueco dejado por años de éxodo de los jóvenes oriundos hacia otras regiones. Los inmigrantes trabajan en el comercio, las residencias asistenciales y muchos son médicos. Una encuesta realizada hace meses por un instituto oficial mostraba que hasta el 80% barajaba trasladarse de Estado si la AfD ganaba, especialmente en los colectivos árabe y sirio.

La tormenta, además de en la calle, está en los despachos. La CDU, gran perdedora de los comicios, vivió ayer un nuevo calvario cuando su diputado Tobias Krull anunció que se abstendrá durante la próxima investidura del candidato ultra Ulrich Siegmund. Luego se retractó. La AfD está a la caza de disidentes del partido de Merz y éste cierra filas, consciente de que un trasfuga sentenciaría las opciones de la CDU en las próximas elecciones regionales de este mes.

A la AfD le faltan tres escaños para la mayoría absoluta y el proceso establece que la investidura se solucione por mayoría simple a su tercer intento. Ahora mismo, Siegmund tendría en su mano la abstención de los cinco diputados de BSW, una curiosa formación de extrema izquierda con postulados de ultraderecha, pero él persigue el apoyo de alguno o los 15 parlamentarios democristianos de la Cámara regional. Los rumores de deserciones y luchas por el poder flotan en todas direcciones.

En realidad, a Friedrich Merz le surgen reveses por doquier. Su vicepresidente en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Tino Schomann, ha pedido directamente su destitución tras considerar que la cúpula del partido «tiene la principal responsabilidad» en la derrota en Sajonia-Anhault, pero además en su entorno crece el número de altos cargos que vinculan la suerte del líder a los resultados que el centro-derecha obtenga en Berlín. Por su parte, la excanciller Angela Merkel reconoció que el «impactante» veredicto de las urnas «me parte el corazón». «Se trata de un verdadero punto de inflexión en la historia de Alemania», añadió..