La aterosclerosis, reconocida como una enfermedad inflamatoria crónica constituye la principal patología subyacente de los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares. Estudios epidemiológicos recientes han revelado que casi una veintena de enfermedades autoinmunes o relacionadas con enfermedades autoinmunes confieren riesgos de enfermedades cardiovasculares, incluida la aterosclerosis.De ahí que desde parte de …



La aterosclerosis, reconocida como una enfermedad inflamatoria crónica constituye la principal patología subyacente de los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares. Estudios epidemiológicos recientes han revelado que casi una veintena de enfermedades autoinmunes o relacionadas con enfermedades autoinmunes confieren riesgos de enfermedades cardiovasculares, incluida la aterosclerosis.

De ahí que desde parte de la comunidad científica se haya resaltado la importancia de delimitar los rasgos autoinmunes en la aterosclerosis para comprender los mecanismos subyacentes a las relaciones entre dicha patología,  la inmunología del cáncer, las enfermedades autoinmunes y las enfermedades inflamatorias crónicas.

En ese sentido se ha expresado un consorcio internacional, dirigido por el profesor Andreas Habenicht del Hospital Universitario LMU y el profesor Changjun Yin de la Universidad Sun Yat-sen en Guangzhou (China) ya que, según sus hallazgos, la aterosclerosis cumple con criterios definitorios cruciales para una enfermedad autoinmune.

Sus resultados, publicados en ‘Nature Cardiovascular Research’,  identifican autoanticuerpos de alta afinidad que, tras su transferencia adoptiva a ratones, aceleran la aterosclerosis. De ahí, su defensa de que esta patología cumple con criterios definitorios cruciales para ser considerada una enfermedad autoinmune.

Uno de estos autoanticuerpos está dirigido contra la histona 2B. Tras la vacunación de los ratones con la histona 2B, se observó una aceleración de la gravedad de la aterosclerosis. Los datos experimentales obtenidos en ratones pudieron corroborarse en un ensayo clínico con 495 pacientes de la población general reclutados en Guangzhou.



«Nuestros datos tienen un gran potencial transformador, ya que caracterizan la aterosclerosis como una enfermedad autoinmune. Tienen implicaciones fundamentales y de gran alcance para la investigación futura, pues permiten desarrollar nuevos tipos de diagnósticos e inmunoterapias antes de que se produzcan infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares», según expuso el prof. Habenicht.

Si bien los autores del trabajo reconocen que la histona 2B no es específico de la aterosclerosis, remarcan, en cambio, que se trata de un autoantígeno conocido con fuertes características antigénicas y proinflamatorias, y está emergiendo en muchas enfermedades autoinmunes, incluyendo el lupus eritematoso sistémico y otras, así como el cáncer.


SEGUIR LEYENDO