Soraya Eguizábal tiene 13 años, un apellido vasco y la piel oscura. Es ceutí de nacimiento. “Vamos, que su abuela también nació aquí”, añade su madre, Fátima Taieb. Suena a justificación, porque lo es. La niña fue agredida verbalmente en una manifestación porque la confundieron con una migrante el pasado domingo. Lo cuenta pausada, un día después de que ocurriera y también la víspera de regresar al colegio: “Ahora tengo miedo de que me vuelvan a insultar o agredir, no sé qué va a pasar cuando vuelva”, dice. La madre explica que la niña ha salido poco a la calle desde la entrada masiva de migrantes.

“Yo estaba en mi casa, y vi por la ventana la manifestación. Como no tenía otra cosa mejor que hacer, le dije a mi prima que si bajábamos, y allí fuimos”, dice Soraya. Añade que su prima es “de piel más clara y casi pelirroja”. Las dos menores se unieron a los manifestantes, que comenzaron la protesta en la plaza de los Reyes frente a Delegación de Gobierno, para exigir la expulsión definitiva a Marruecos de todos los que cruzaron la frontera. “Y nos pusimos a cantar lo mismo que ellos, no sé, coreábamos, repetíamos Ceuta no se vende”, recuerda. Cuando la protesta alcanzó las inmediaciones de la frontera, una señora de unos sesenta años se acercó a ella y comenzó a increparla. “¿Tú qué haces aquí, invasora?’. ‘Fuera’, me decía. Y no paraba, ‘invasora’, ‘invasora”, explica Soraya. “Siguió así un rato, persiguiéndome, preguntándome que de dónde había salido. Yo le dije que de casa de mi madre”, añade.

Según su relato la señora comenzó a dirigirse al resto de manifestantes, señalándola, asegurando que “me había visto el día anterior en el hospital, porque yo tenía tuberculosis y otra cosa que no recuerdo”, y acusándola de ser una de las que había cruzado la frontera ilegalmente. Le tomaron fotografías y vídeos. La niña insistía en que era ceutí, y entre todos le exigieron que les mostrara la identificación. Llamó por teléfono a su madre. “Le dije que no le tenía que enseñar a nadie el documento si no era policía y salí corriendo para allá, pero cuando llegué ella ya se lo había mostrado”, cuenta su madre. La niña dice que una de las manifestantes se disculpó al verlo, pero que la mayoría la siguieron increpando a la voz de invasora. Fue a contárselo a los policías que vigilaban la concentración: “Me dijeron que si nos íbamos a poner así, nos fuéramos para atrás”, en referencia a ella y a su prima. Varios periodistas fueron también testigos de la escena. Además de su madre, su tía también fue en auxilio de la niña, y juntas tomaron fotografías y vídeos de los vecinos que la habían insultado.

Fueron a comisaría a denunciar los hechos, y aclaran que allí sí recibieron más comprensión. “Pero aunque insistimos, no nos dejaron enseñarles ni las fotos ni los vídeos para que les identificaran”, explica Fátima. Confía en que los agentes que lo presenciaron les tomaran los datos a los manifestantes, pero anuncia que no piensa parar si no lo hacen. “Esto no se puede consentir, tiene 13 años y tener la piel oscura no significa nada para que la traten así”, dice su madre. Aún así, quizá inconscientemente, empieza a buscar motivos: “La niña iba en chanclas y con sudadera, quizás por eso la confundieron también”, aventura.

De momento, la Policía Nacional no ha vuelto a ponerse en contacto con ellas, pero se aferran a la denuncia, a los vídeos y a las pruebas. No siempre las hay. Porque este tipo de incidentes, en los que ciudadanos son tomados por alguno de los migrantes del cruce masivo, son cada vez más habituales en Ceuta. La tensión de la ciudad, agotada de la falta de soluciones, cristaliza en incidentes de este tipo.

Al día siguiente de los insultos a Soraya, en el Paseo Sánchez Prados, en el centro de la ciudad, la policía tuvo dispersar a unos vecinos que se estaban enfrentando después de que un hombre agrediera a otro. Supuestamente le había confundido también con un inmigrante llegado en la entrada masiva: “Yo soy ciudadano español, tengo papeles desde hace más de 10 años”, cuenta Mohammed Charli, que denuncia la agresión.

“Estaba con mi sobrino y vino un hombre diciéndonos a nosotros y a otros chicos: levantaos hijos de puta, tu sitio no es aquí”, cuenta Mohammed, que aseguró haber sufrido la agresión de otro hombre el lunes por la mañana en pleno centro de la ciudad tras haberle confundido con un inmigrante llegado en la entrada masiva. Dice que en ese momento se levantó, según su relato, y le dijo: ‘Qué pasa hermano’, justo antes de recibir un puñetazo. “Me dio un golpe en la cara y quería escapar. Todo el mundo fue detrás de mí”, relata este hombre, que vive y tiene a su familia en Madrid. “Y gracias a todos los chicos de aquí que no tienen papeles que han venido a ayudarme”. El PAÍS presenció los momentos posteriores al altercado, que acabó involucrando a varios vecinos. Uno de ellos comenzó a gritar: “Vamos a tener que ir enseñando el DNI”. Mohammed se marchó con la intención de poner una denuncia, pero contactado por este periódico pasada unas horas, aún no lo había hecho.