El investigado por el crimen de Azpeitia vio a Alex Aizpuru el pasado martes por el municipio y, tras cruzarse con él, regresó a su … domicilio. Allí cogió «dos pistolas» y salió de nuevo a la calle a la espera de «volverle a ver» para llevar a cabo el plan que, según su propia declaración, había decidido ejecutar. ¿El motivo? El hombre sostiene que acabó con la vida del joven taxista por «diferencias personales» con la víctima y con su entorno que se remontarían tiempo atrás.
La explicación ofrecida por el investigado sobre el móvil del crimen ha causado cierta sorpresa entre los agentes, que mantienen abiertas todas las hipótesis y tratan de esclarecer el origen de esa animadversión, qué la desencadenó y cómo llegó a alcanzar tal intensidad como para que I. J. B., de 43 años, disparara cinco veces contra la víctima, uno de cuyos proyectiles impactó en la cabeza del joven taxista. El sospechoso ingresó el lunes por la tarde en la cárcel de Zubieta en prisión provisional por un presunto delito de asesinato.
Durante la declaración prestada el lunes por la mañana en los juzgados de Azpeitia, que se prolongó durante casi cuatro horas, el investigado aportó datos que, según fuentes consultadas, han podido ser contrastados y se corresponderían con parte de la secuencia de hechos que se investiga. El hombre reconoció haber disparado contra la víctima. No obstante, este extremo no ha tenido un valor determinante para los agentes, dado que actuó a cara descubierta y fue visto por varios testigos en el municipio, circunstancias que ya habían permitido orientar las primeras diligencias en esa dirección.
De hecho, la Ertzaintza identificó al detenido como presunto autor del asesinato desde primera hora de la noche del martes, poco después de producirse los disparos mortales contra Aizpuru en una rotonda de Azpeitia. Según la investigación, el Volkswagen Golf que conducía el presunto autor de los disparos colisionó por detrás contra el taxi Mercedes que pilotaba el joven azpeitiarra, al que conocía desde hacía años.
La motivación que el arrestado atribuye al crimen es precisamente uno de los extremos que los investigadores no dan por acreditados y que continúan analizando. Esa supuesta «ojeriza personal» constituye uno de los aspectos que tratan ahora de esclarecer para determinar si la disputa entre ambos hombres tenía o no relación con un asunto vinculado a las drogas, una de las principales hipótesis que se mantienen abiertas.
Declaración de testigos
Las fuentes consultadas señalan que todavía quedan por tomar declaración a varios testigos, entre ellos familiares del investigado y de la víctima mortal, además de amigos y personas del entorno de ambos. Sus testimonios serán relevantes para reconstruir la relación entre los dos hombres, contrastar la versión ofrecida por el arrestado y determinar si la explicación que ha dado sobre el origen del crimen se corresponde con lo ocurrido.
La secuencia que describe –un encuentro casual, el regreso a su domicilio para hacerse con las armas y la posterior vuelta a la calle– será uno de los elementos que los investigadores deberán analizar para determinar el grado de planificación del ataque y las circunstancias que rodearon el crimen. Una de las incógnitas que ha quedado despejada, tal y como confirmó ayer este periódico, es dónde permaneció oculto el investigado desde su huida, poco después del crimen, hasta su entrega voluntaria 81 horas después en la comisaría de Ondarroa, situada a 35 kilómetros del lugar de los hechos. Allí entregó una de las dos armas que, según declaró, habría recogido en su domicilio antes de dirigirse de nuevo a la calle.
Ha quedado acreditado, como avanzó ayer este periódico, que tras su huida permaneció oculto en un inmueble situado en el núcleo urbano de su propia localidad, en unas condiciones descritas como precarias e insalubres, prácticamente «infrahumanas». Los investigadores no tienen constancia de que recibiera ayuda de terceras personas durante ese periodo. La duración exacta de su estancia en ese inmueble, donde permaneció oculto el hombre que llegó a convertirse en el fugitivo más buscado de Euskadi, no ha podido determinarse con precisión debido a las «inconsistencias y lagunas de memoria» apreciadas durante su declaración.
Tras comparecer ante el juez, este acordó ayer su ingreso en prisión provisional por un presunto delito de asesinato. En paralelo a la investigación policial, la unidad de Balística de la Ertzaintza debe determinar si el arma corta que le fue intervenida al investigado en el momento de su entrega en Ondarroa es la misma que fue utilizada en el crimen de Azpeitia.
El investigado cuenta con tres antecedentes policiales relacionados con el tráfico de drogas, que derivaron al menos en dos condenas judiciales. La primera de ellas fue la de mayor entidad: en 2008 fue condenado a once años de prisión por un delito contra la salud pública, después de que se le incautaran más de dos kilos de anfetaminas y un kilo de marihuana en su domicilio de Azkoitia. Ingresó en la prisión de Martutene ese mismo año y quedó en libertad en enero de 2015.
La segunda condena llegó tras una nueva detención ocho meses después de su salida de prisión por su participación en una plantación ilegal de marihuana en Elgoibar. La pena impuesta en 2022 no supuso, sin embargo, su ingreso efectivo en un centro penitenciario.