David Beckham aprendió de chico que al entrar a una habitación había que saludar, dar la mano y prestar atención a quién pasaba primero por una puerta: “Nunca verás a mis hijos entrar en una habitación y no dejar que una mujer pase primero por la puerta, ni dejar de estrechar la mano a la gente”.

Décadas después, convertido en una de las figuras más reconocidas del fútbol y padre de cuatro hijos, esas escenas siguieron apareciendo dentro de su casa.

Beckham habló sobre la crianza durante una conversación en el Foro Económico Mundial de Davos, donde recibió en enero de 2025 el Crystal Award por su trabajo relacionado con los derechos de los niños.

La pregunta apuntaba a una diferencia evidente: él creció en una familia trabajadora del este de Londres, mientras que sus hijos nacieron cuando David y Victoria Beckham ya eran dos figuras internacionales.

Su respuesta bajó rápidamente a situaciones concretas. “Nunca verás a mis hijos entrar en una habitación y no dejar que una mujer pase primero por la puerta, ni dejar de estrechar la mano a la gente”, explicó.

También llevó el ejemplo hasta la mesa familiar. Beckham contó que cuando Victoria se levanta, él hace lo mismo. Sus hijos crecieron viendo ese gesto, aunque admitió que ellos no siempre lo repiten.

Para el exfutbolista, esas conductas forman parte de unas “viejas tradiciones” recibidas durante su infancia. No habló de imponerlas mediante una lista de órdenes, sino de sostenerlas delante de sus hijos durante años.

David Beckham nació en Leytonstone, al este de Londres, en mayo de 1975. Su padre, Ted, trabajaba como instalador de cocinas; su madre, Sandra, era peluquera.

El fútbol ocupó pronto buena parte de la vida familiar. Beckham entró en las divisiones juveniles del Manchester United y debutó en el primer equipo en 1992, mucho antes de construir la imagen global que tuvo después.

Con Victoria se casó en julio de 1999. Ese mismo año nació Brooklyn; Romeo llegó en 2002, Cruz en 2005 y Harper en 2011.

Los cuatro crecieron mientras la familia cambiaba varias veces de ciudad. El pase de Beckham al Real Madrid llevó parte de esa vida a España; después llegaron Los Ángeles, Milan y París durante la etapa final de su carrera.

Esa distancia entre ambas infancias fue precisamente la que apareció en Davos. Los hijos de David Beckham tuvieron acceso desde pequeños a viajes, eventos y oportunidades que él no había conocido a esa edad.

Beckham ha repetido durante años que la familia ocupa una parte central de su rutina. Incluso durante su carrera profesional mantuvo costumbres que intentaban ordenar la convivencia alrededor de horarios, comidas y encuentros familiares.

En Davos resumió ese mecanismo con una idea: los hijos observan incluso cuando los padres creen que no lo hacen. Para él, la enseñanza aparece primero en esas acciones pequeñas.

El apretón de manos sirve como ejemplo. También levantarse de la mesa cuando lo hace Victoria o esperar antes de cruzar una puerta. Son gestos breves, visibles y fáciles de repetir.