La prevención de enfermedades es una de las principales vías para avanzar hacia una gestión sanitaria más eficiente en ganadería. En este contexto, Neiker investiga cómo entrenar el sistema inmunológico de los animales para mejorar su capacidad de respuesta frente a distintas amenazas y, de este modo, reducir la necesidad de recurrir a tratamientos antibióticos.
Este enfoque se basa en preparar las defensas naturales del animal para que actúen de forma más rápida y eficaz ante la presencia de patógenos. Para ello, la investigación tiene en cuenta tanto la inmunidad adaptativa, que es específica frente a amenazas concretas y de larga duración, como la inmunidad innata —incluyendo su componente de memoria o inmunidad entrenada—, lo que permite generar respuestas más rápidas frente a diferentes agentes.
Aunque la vacunación tradicional puede activar ambas ramas de la inmunidad, habitualmente una vacuna se diseña frente a un patógeno concreto y su evaluación se centra en una amenaza específica. Por este motivo, no siempre se conocen sus posibles efectos beneficiosos frente a otros agentes, lo que abre la puerta a nuevas estrategias complementarias.
En esta línea, Neiker trabaja en la evaluación de inmunomoduladores y soluciones de origen natural con capacidad para activar las defensas de los animales. El objetivo es identificar compuestos que puedan utilizarse de forma eficaz y segura antes de avanzar en su desarrollo.
Uno de los ejemplos de esta investigación se encuentra en los inmunoestimulantes basados en extractos de corteza de árbol. “Estos compuestos se analizan en una primera fase para comprobar si son capaces de frenar la multiplicación de bacterias responsables de enfermedades. Además, se estudia su efecto sobre células animales para asegurar que puedan utilizarse sin provocar daños”, explica Natalia Elguezabal, responsable del Departamento de Ciencia Animal del centro tecnológico.
A partir de estos primeros resultados, el trabajo continúa con nuevos ensayos que permiten analizar de forma más completa su comportamiento. De esta manera, se evalúa si estos compuestos pueden limitar la entrada de bacterias en las células o estimular la actividad de las defensas naturales del organismo.
Este proceso permite seleccionar aquellos compuestos que muestran resultados positivos y que, por tanto, pueden seguir avanzando en las siguientes fases de desarrollo.
PREVENCIÓN Y CONTROL PROACTIVO
El desarrollo de estas herramientas se enmarca en un modelo de gestión sanitaria basado en la prevención, orientado a anticiparse a la aparición de enfermedades.
“Este enfoque no solo reduce la necesidad de tratamientos, sino que también contribuye a mejorar el funcionamiento de las granjas, al disminuir los costes veterinarios, las pérdidas productivas y las posibles limitaciones comerciales”, señala la investigadora.
Además, la reducción de enfermedades favorece el bienestar animal y su rendimiento, al disminuir el estrés asociado. En este sentido, un sistema inmunológico preparado para responder con rapidez frente a distintas amenazas permite limitar el desarrollo de infecciones y avanzar hacia un uso más racional de los antibióticos.
IMPACTO EN LA SALUD PÚBLICA
La investigación en inmunología veterinaria tiene implicaciones que van más allá del ámbito productivo. En este sentido, la reducción del uso de antibióticos en ganadería contribuye a limitar la aparición de resistencias antimicrobianas, reducir la transmisión de enfermedades que pueden afectar a las personas y disminuir la presencia de residuos en el entorno.
De este modo, el desarrollo de estrategias orientadas a reforzar las defensas naturales de los animales y avanzar en la prevención se alinea con los retos actuales en salud pública y sostenibilidad, favoreciendo una gestión sanitaria más eficiente y responsable.