La gran inundación que asoló Europa en 1342 y que durante siglos se ha considerado un único episodio catastrófico fue, en realidad, la manifestación más conocida de una sucesión excepcional de dieciséis grandes inundaciones que se produjeron entre 1342 y 1343.
El estudio, con participación de la UB, modifica sustancialmente la interpretación de la denominada inundación de la Magdalena, que afectó especialmente a Europa central en julio de 1342 y que habitualmente se considera la mayor del último milenio en esta región.
Más allá de reconstruir una catástrofe medieval, los resultados tienen implicaciones en la gestión actual del riesgo
El análisis muestra que esta inundación no fue un episodio aislado, sino que formó parte de una sucesión de dieciséis grandes inundaciones en diversas zonas de Europa. Cuatro de estos episodios alcanzaron una magnitud excepcional, con periodos de retorno estimados de entre quinientos y mil años.
Marcas históricas de crecidas en el Packhof de Hannoversch Münden, en la confluencia de los ríos Werra y FuldaUB
El 1342 fue, de hecho, el año con más inundaciones grandes y extraordinarias registradas en Europa durante los últimos siete siglos. Para llegar a esta conclusión, el equipo internacional ha reunido más de mil registros procedentes de fuentes originales —crónicas, anales, documentación administrativa, correspondencia y otros testimonios contemporáneos— y los ha combinado con evidencias sedimentarias y arqueológicas y con metodologías hidrológicas modernas. Este enfoque ha permitido reconstruir la cronología, la magnitud y el alcance geográfico de los episodios y compararlos con inundaciones más recientes. Las consecuencias fueron devastadoras.
Las inundaciones de 1342 y 1343 provocaron miles de muertes directas y muchas más indirectas, a causa del hambre y las enfermedades. También destruyeron o dañaron asentamientos, puentes, molinos y vías de comunicación, interrumpieron las redes de transporte a escala continental y causaron pérdidas de cosechas que provocaron la escasez de alimentos y el aumento de los precios.
Marcas históricas de inundaciones en el Roten Bau, el Ayuntamiento de Würzburg, a orillas del río MainUB
La UB ha contribuido especialmente en la investigación vinculada a los Alpes suizos. El grupo de investigación ha identificado allí registros sedimentarios, documentales y arqueológicos asociados a las inundaciones de 1342, que se han incorporado a la base de datos del consorcio europeo. “Por lo que sabemos de los Alpes suizos, estas inundaciones catastróficas no solo anegaron los fondos de los principales valles y destruyeron los cultivos, sino que también provocaron una sedimentación masiva que sepultó, durante décadas, tierras agrícolas fértiles y pastos”, explica Lothar Schulte, catedrático del Departamento de Geografía de la Universidad de Barcelona.
En algunas zonas rurales alpinas, añade el investigador, estas consecuencias comportaron el abandono de asentamientos y migraciones. La investigación apunta también a una combinación de factores climáticos como posible explicación de esta concentración excepcional de inundaciones. Las evidencias analizadas son compatibles con la influencia conjunta de una reducción del hielo marino del Ártico, diversas erupciones volcánicas y la variabilidad interna del clima, aunque los autores remarcan que los modelos disponibles todavía no permiten establecer una relación causal directa. Más allá de reconstruir una catástrofe medieval, los resultados tienen implicaciones en la gestión actual del riesgo.
Las políticas de prevención de inundaciones se basan principalmente en observaciones instrumentales de las últimas décadas y, ocasionalmente, en grandes episodios históricos considerados de manera individual. El nuevo estudio muestra, en cambio, que inundaciones muy extremas pueden concentrarse en periodos cortos y afectar sucesivamente a grandes territorios. “Hemos constatado que las grandes inundaciones, más extremas que las observadas durante las últimas décadas, son más frecuentes de lo que se esperaba y, por tanto, podrían volver a producirse”, afirma Schulte.